CAPÍTULO 17 #4
—No lo dijo. Solo que lo mandaba Hybern. —A Az no le importó caer lo bastante bajo como para volver a señalar a Lucien con la cabeza—. Así que se me ha ocurrido que sería útil saber con quién contactasteis vosotros antes de la guerra.
Esto no es propio de ti , lo reprendió Rhys de mente a mente. ¿De verdad tienes que hacer que quede mal delante de su pareja solo para sentirte mejor contigo mismo?
Az ignoró las palabras de su hermano. Mantuvo una expresión apacible, curiosa, mientras esperaba la respuesta de Lucien.
—Hablábamos con el propio rey —explicó este al fin, con cierta tensión en la voz—. Tamlin lo conocía un poco a raíz de la alianza de su propio padre con Hybern durante la Guerra de la División, así que solo hizo falta un mensaje para establecer contacto.
El rubor que le coloreaba las mejillas se oscureció y se extendió.
—¿Y dónde quedabais? ¿Cómo os comunicabais?
Azriel. Déjalo. Cada palabra estaba impregnada de puro poder. Az también lo ignoró.
Lucien echó un vistazo alrededor de la mesa y se fijó en las expresiones de todo el mundo.
Por último, posó la mirada en Elain, que seguía con la vista clavada en el plato; con suerte, estaría recordando una vez más que su propia pareja era el artífice de gran parte de su sufrimiento.
No obstante, Lucien contestó con una firmeza que Azriel no pudo evitar admirar a regañadientes.
—Puedo contároslo con todo lujo de detalles, si es lo que deseáis. Pero tal vez sea mejor dejarlo para después de la cena. —Señaló con la cabeza a Feyre, que seguía mortalmente pálida—. Al fin y al cabo, hemos recibido órdenes de charlar de trivialidades.
En la otra punta de la mesa, Cassian se rascó la mandíbula. Ya no parecía sentir la inclinación de obedecer a su alta lady, porque se dirigió a Rhys:
—¿Crees que esos imbéciles en serio quieren una alianza?
Por lo que Azriel había podido averiguar, después de la guerra, un reducido grupo de nobles había llegado a un acuerdo para gobernar Hybern en coalición; por lo menos, hasta que coronasen a un nuevo rey.
Había informado a los demás de que dicho grupo operaba desde el antiguo castillo del monarca y, aunque ninguno había reclamado todavía el título, parecía que un macho joven estaba haciendo avances en ese sentido.
Pese a ello, el pueblo de Hybern no había salido beneficiado.
Az había averiguado que el reino había sufrido varias cosechas malas y unos cuantos desaires comerciales descarados por parte de otros países.
El país había conocido tiempos mejores, y se lo merecía.
Feyre intervino mientras cogía sus cubiertos:
—Hablaremos del tema mañana por la mañana. —Así como de lo ocurrido en la Corte Verano, sin duda.
Az tenía el presentimiento de que no había ido bien, dado que ni ella ni Rhys habían hablado aún del tema.
Pero en aquel momento Feyre se limitó a taladrar a Az con la mirada de tal forma que este tuvo que reprimir una mueca, avergonzado.
—No sé yo si confío en ellos.
Nesta gruñó para expresar que estaba de acuerdo. Rhys y Mor se miraron a los ojos y Az sospechó que estaban manteniendo una conversación mental de la que lo habían excluido.
Después de eso, se quedó callado, puesto que no confiaba en sí mismo para pronunciar ni una palabra más. No se atrevía. Echó un vistazo rápido a Elain, al otro lado de la mesa. Apenas se había movido y seguía sin tocar la comida.
Como si sintiera su mirada sobre ella, Elain movió las pestañas y levantó un poco sus ojos de cervatillo para mirarlo a la cara.
Az sintió que se le tensaba piel. Elain era preciosa, tan perfecta, pura y encantadora como un amanecer primaveral.
Sus altos y delicados pechos se hincharon cuando tomó aire…
La mirada de Rhys aterrizó sobre él como un hierro de marcar.
Az desvió al instante la atención hacia su propio plato, aunque aferró la copa de vino con fuerza.
Rhys no tenía ningún puto derecho a impedirle mirar a Elain. Igual que Lucien no tenía ningún puto derecho a ser su pareja, o a su afecto, ni siquiera a recibir ni una piza de atención por su parte. Az aguardó la reprimenda mental de su alto lord, pero esta no llegó.
Comieron y bebieron hasta que las velas se consumieron prácticamente del todo.
Y aunque Feyre había insistido en que lo discutirían por la mañana, la conversación volvió a girar en torno a Hybern.
Todos se mostraron inflexibles, iban a mandarlos a la mierda.
No responderían a su petición. Ni siquiera con una negativa.
Si Hybern necesitaba aliados, era su problema.
Ellos mismos habían cavado su propia tumba. Les tocaba revolcarse en ella.
Az le lanzó una última mirada a Elain antes de que dieran la cena por terminada.
Descubrió que ella ya lo estaba observando. Y pese a que su pareja se encontraba a unos pocos metros, Az no pasó por alto la forma en que se humedeció el labio inferior con la lengua.
No pasó por alto el anhelo, el deseo que derretía el marrón de sus ojos hasta convertirlo en chocolate fundido.
Sí , deseó poder decirle mentalmente. Sí.
Rhys podía irse a la mierda. Igual que Bryaxis y la visión que le había mostrado.
Resultaba que sí que le quedaba algo por lo que luchar.