Una corte de armonía rota (Acotar, Una corte de rosas y espinas 6) CAPÍTULO 17 #3
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CAPÍTULO 17 #3

Tenía cortes en la cara, aunque ya se le estaban curando.

Daba la impresión de que él mismo se había arañado la piel y el ojo dorado, el metálico.

Era atractivo, Azriel podía concederle al menos eso.

De algún modo, su ojo mágico y la cicatriz que lo rodeaba solo aumentaban dicho atractivo.

Se vestía con tanto esmero como Rhys, y seguía llevando la chaqueta azul cobalto con bordados de un tono dorado muy suave en las solapas, mientras que la larga melena pelirroja le caía como una cortina de seda por debajo de los hombros.

Y sabía luchar. Lucien era capaz de desenvolverse en una pelea; aunque, al igual que Eris, su hermano mayor, parecía más un cortesano mimado que cualquier otra cosa.

—Gracias —le respondió Feyre—. Me alegro de que te guste. —Señaló a Mor—. Hace poco que lo he puesto ahí, ya que algunas personas lo consideran deprimente y me recomendaron que no lo dejase en mi estudio de arte, que fue donde lo colgué en primer lugar. Según me dijeron, iba a deprimir a los niños.

—No me puedes negar que tanto negro es desolador —protestó Mor.

—Vivimos en la Corte Noche —le contestó Feyre—. Eso es lo que representa el tapiz.

Y, aun así, lo había retirado de su lugar original hacía unas pocas semanas. Era una obra preciosa, y también impactante, pero Feyre había dicho que allí podrían apreciarla mejor. Desde luego, ahora también estaba mejor protegida contra salpicaduras errantes de pintura.

Lucien añadió con suma cortesía:

—Bueno, me parece que ese es el objetivo.

La oscuridad del tapiz está ahí para que brille ese hilo plateado tan extraordinario.

—Cuando Feyre enarcó una ceja, él se dio unos golpecitos junto al ojo metálico—.

Con esto parece un río de luz; es incluso más espectacular.

—Le lanzó una ojeada a Elain, que lo estaba ignorando.

O, por lo menos, no se dignaba mirar en su dirección a pesar de que aquel arreglo floral entre ambos la ocultara casi por completo de Lucien.

Es posible que eso también haya sido intencionado, pensó Azriel con no poca petulancia.

Especialmente cuando Lucien volvió a mirar a Feyre, derrotado, y añadió—: Si alguna vez hablas con el artista, dile por favor que hoy, después de lo de Bryaxis, el tapiz ha significado mucho para mí.

Me… ha ayudado de un modo que no soy capaz de explicar.

Azriel reprimió el impulso de poner los ojos en blanco. Lucien siempre había poseído la habilidad de soltar disparates pretenciosos sin pensárselo dos veces.

Pese a ello, Feyre asintió y respondió:

—Yo hoy también he hallado fuerza en él.

Un silencio pesado y tenso cayó sobre ellos. Miedo y pavor y agotamiento…

Azriel bloqueó las voces de sus sombras cuando se dio cuenta de que se habían arrastrado lo suficientemente cerca como para escuchar e informarlo a pesar de seguir manteniéndose bastante alejadas de Elain.

Lucien se pasó una mano por el pelo en un movimiento delicado y atractivo.

Az no pudo evitar mirar de reojo a Elain.

Aunque una parte de él se relajó al comprobar que seguía haciendo caso omiso de su pareja, sintió un desagradable vuelco en el estómago ante la carne y el puré de patatas que ni siquiera había tocado, pese a que tanto Mor como Nesta le habían servido montañas cómicamente altas de ambos alimentos.

—Si lo preferís, puedo marcharme… —le dijo Lucien a Feyre un tanto cohibido, como si acabara de ocurrírsele que había alargado demasiado la visita.

—Quédate —insistió ella.

Rhys se recostó en la silla y bebió un trago de vino antes de añadir:

—Esta noche no me opongo a contar con un guerrero más en la casa.

—Creía que íbamos a intentar que la cena fuera agradable —murmuró Cassian con los labios pegados a su copa, y a continuación la apuró de un trago.

Tras mirar de reojo a Elain por encima de las rosas que ella misma había dispuesto de forma artística para impedir que se vieran el uno al otro, Lucien dijo con esa fluidez suya tan ensayada:

—Aquí estoy para lo que haga falta.

Por suerte, Elain apretó los labios. Aunque estaba claro que sabía que le había dirigido esas palabras a ella, ni lo miró. Y Az no era lo bastante noble como para no regodearse en la satisfacción que le produjo ver cómo se apagaba la luz en el ojo rojizo que le quedaba a Lucien.

Sin embargo, este se llevó la mano al bolsillo de la chaqueta y colocó una figurilla de madera sobre la superficie lacada de la mesa.

—Sé que lo más probable es que los regalos sean vuestra última preocupación ahora mismo, pero quería entregaros esto —le dijo a Feyre, y también a Elain y a Nesta—. Lo talló vuestro padre mientras viajábamos juntos.

Todos se inclinaron para admirar de cerca la intrincada y pequeña talla en forma de conejo.

Lucien prosiguió con el mismo tono elegante de siempre:

—Lo talló para pasar el rato en los varios campamentos en los que estuvimos, pero es un trabajo tan exquisito que me lo quedé cuando terminó. Se me ha ocurrido que podría ser un buen regalo para tu hijo. Así tendrá algo de parte de su abuelo.

Az se habría sentido predispuesto a ignorarlo de no ser porque Feyre tragó saliva con fuerza. Su alta lady inclinó la cabeza en señal de agradecimiento mientras cogía la figurita.

—El juguete favorito de Nyx es su conejito de peluche. Es como si mi padre lo hubiese sabido.

—Era un buen hombre —declaró Lucien, que le lanzó una mirada anhelante a Elain—. Lo admiraba.

Az no pudo evitar agarrar el tenedor con la suficiente fuerza como para hacerse daño. Junto a él, Cassian se removió en la silla, y Az lo descubrió observando a Nesta, que estaba rígida en su silla. No sabe cómo sentirse , le murmuraron las sombras. Dolor y furia y pena y culpa…

Cassian se sirvió otra copa de vino, con las alas y la espalda tiesas. Como si el dolor de Nesta no fuera problema suyo, como si no le importara lo más mínimo. ¿Habían hablado siquiera desde el ataque?

Nesta se quedó observando el conejo de madera, aunque Az sabía que tenía la atención puesta en su pareja. Apenas se hablan, casi no se tocan, y eso la está matando, destrozando…

Azriel obligó a sus sombras a retroceder a la fuerza y las mandó a toda prisa de vuelta al rellano. No le hacía falta saber lo que sucedía entre ambos miembros de la pareja. Si se tratase de enemigos o incluso de posibles aliados, sí. Pero Cassian y Nesta merecían privacidad.

—Gracias —le dijo por fin Feyre a Lucien, antes de guardarse el conejo en un bolsillo del vestido.

Lucien asintió y se mantuvo en silencio mientras se comía la cena con una elegancia digna de la corte.

Az no pudo evitar bajar la mirada hacia el tenedor y el cuchillo que él aferraba con firmeza.

A la luz de las velas, las cicatrices que tenía en las manos destacaban todavía más; sus dedos eran un desastre en comparación con la inmaculada piel dorada de Lucien.

—Cuando Tamlin y tú os aliasteis con Hybern, ¿quién era vuestro contacto? —preguntó Az de sopetón al noblecillo de la Corte Otoño.

Todo el mundo, a excepción de Elain, giró la cabeza hacia él con brusquedad. Lucien se sonrojó un poco y tragó saliva.

¿Qué cojones haces? , le gruñó Rhys mentalmente.

No obstante, Lucien le sostuvo la mirada a Az y su ojo metálico emitió un chasquido:

—¿Por qué lo preguntas?

Había llegado el momento.

—El otro día llegó un emisario con el mensaje de que Hybern quería reunirse con nosotros para discutir una posible alianza.

El tenedor de alguien repiqueteó contra el plato.

—Repite eso —jadeó Feyre, tan pálida que las pecas le resaltaban contra la piel.

—¿Y cuándo pensabas contárnoslo, exactamente? —exigió saber Rhys en cambio.

—Mañana —respondió Az mientras le sostenía la mirada a su hermano y lo retaba a soltarle una reprimenda—. No quería estropearos la celebración de hoy, pero ahora ya no importa. Bryaxis se me ha adelantado.

—¿De parte de quién venía el emisario? —preguntó Cassian, cuyos ojos castaños ya estaban urdiendo un plan tras haberse olvidado de la copa de vino, que ahora estaba a un lado.