CAPÍTULO 9 #2
Porque es una información valiosa que deberíamos desvelar a su debido tiempo.
Reí por lo bajo mentalmente y respondí: Menudo conspirador estás hecho.
Siempre.
—Vassa tiene que andarse con cuidado a la hora de buscar a alguien que la ayude a deshacerse de la maldición —argumentó Lucien. Estudió el mapa y su ojo dorado emitió un zumbido—. En cuanto Koschei descubra que está intentando romper el hechizo, la volverá a llamar.
—Pero hiciste un trato —le dije a Vassa—. Tienes derecho a pasar algo de tiempo en el exterior antes de regresar al lago.
Los ojos azules de la antigua reina se ensombrecieron como las aguas de un mar en plena tempestad.
—Cierto, pero también prometí que no intentaría acabar con la maldición.
—De modo que si Koschei descubre que ha vulnerado su parte del trato, él hará lo mismo con la suya —concluyó Lucien con seriedad.
Yo sabía de primera mano lo poderosos que podían ser los tratos con los fae. Sabía que, si los rompías, tal vez tuvieras que pagar un precio terrible a causa de la magia vinculante.
Rhys carraspeó.
—Vassa, dime una cosa: cuando Koschei te dejó marchar la primera vez, ¿te dijo por qué? No puede ser que lo hiciera por bondad. ¿Por qué accedió?
Vassa recorrió el río que iba de la costa oeste hasta el lago de Koschei con el dedo y respondió:
—Tu padre, Feyre… —Se le coló algo en la voz; algo que yo habría jurado que era dolor—. Era muy bueno haciendo tratos.
Se me encogió un poco el corazón. Al igual que ocurría cada vez que visitaba aquella lápida solitaria que había en las verdes colinas a las afueras de Velaris.
—Pero ¿en qué beneficia esto a Koschei? —insistió Rhys—. ¿Por qué dejarte salir si estaba clarísimo que nos ayudarías a nosotros, a la misma gente que querría cargarse luego a Briallyn? —Mi pareja ladeó la cabeza y se giró hacia Lucien—. ¿Alguno de los tuyos le dio algo a cambio?
—Koschei no ha recibido nada —contestó Lucien sombríamente—. Por lo visto, le pareció divertido.
Estudié la genérica representación del amplio lago.
No el que se hallaba cerca del palacio de Briallyn, donde Cassian y Azriel se habían cruzado con el espectro de Koschei, sino más bien el verdadero lugar donde residía el lord de la muerte.
Una simple y minúscula mancha representaba la ubicación de su castillo.
Ni un solo detalle más, aunque bien que haría falta.
Y no solo eso. Como si estuviera pensando lo mismo, Rhys interpeló a Lucien:
—No sabía que te hubieses acercado tanto a él ese día como para poder fijarte en todo eso.
—No me acerqué —argumentó Lucien—. Solo lo vi un segundo y a lo lejos, pero oí su risa reverberando por el lago.
—Me señaló con el mentón—. El único de nosotros que tuvo la valentía suficiente para aproximarse a él fue tu padre.
La mismísima presencia de Koschei parecía drenarnos toda la alegría, todo el valor, toda la esperanza.
—Tragó saliva y se le movió la nuez. Acto seguido añadió con delicadeza—: Pero tu padre estaba tan desesperado por ayudaros a ti y a tus hermanas que superó el miedo al lord de la muerte. Os quería muchísimo.
Sus palabras iban cargadas de dolor. Tal vez porque Lucien nunca había tenido un padre que se preocupara así por él. Aunque al mío le hubiese costado toda una vida intentarlo siquiera.
Rhys le dijo a Vassa:
—Pero tú sí que has estado cerca de Koschei a menudo.
Vassa negó con la cabeza.
—Koschei se mantenía alejado. Usaba la magia para que la voz le sonara alta y clara por todo el lago.
Creo que le gustaba que nadie lo viera, porque así nos imaginábamos lo peor.
Porque así nos imaginábamos nuestras peores pesadillas.
Había chicas que temblaban y sollozaban con solo oírle la voz.
A veces, Koschei susurraba a través del viento que se colaba por los árboles para atormentarlas.
Rhys apretó los labios.
—¿Puedo meterme en tu mente? ¿Para verlo yo mismo?
Vassa entró en tensión. Lucien y Jurian la miraron con recelo, protectores.
—No —contestó Vassa, palideciendo desmesuradamente hasta que sus pecas parecieron manchas de barro—. Lo-lo siento, pero me…
Empezaron a temblarle las manos.
Esta guerrera había luchado en batallas por nosotros, había peleado codo con codo con mi pareja y nunca se había echado atrás. Sin embargo, resultaba evidente que esta petición la superaba.
—Demasiadas criaturas fae me han… tocado con su magia —nos contó con la voz rasposa.
Olía muchísimo a miedo.
Jurian apoyó una mano demacrada en su hombro y desvió su abrasadora mirada hacia Rhys.
—Te dirá lo que sabe, pero ya está. Y tú no harás nada más invasivo.
Miré a Lucien justo a tiempo para descubrir que él también tragaba saliva y se le movía la nuez al oler el terror que seguía emanando de Vassa. Lucien añadió:
—Si Vassa no quiere, tampoco tiene por qué hacerlo.
Me deshice de la curiosidad que sentía por aquella pizca de protección y comenté:
—Pero, si quisieras, podrías contárnoslo solo a uno de nosotros. Incluso podrías hablar con Mor. —Le dediqué una sonrisa—. Suele caer mejor a la gente.
—Me acabas de ofender —terció Rhys, y yo supe que había soltado esa pullita por Vassa.
Para destensar un poco más el ambiente, señalé a mi pareja y proseguí:
—Tú eres demasiado astuto. Az da demasiado miedo. Y Cassian seguramente acabaría metiéndonos en otro conflicto cuando a duras penas podemos lidiar con uno.
—No me sorprendería lo más mínimo —respondió Lucien.
A lo mejor también lo hizo por el bien de Vassa.
De todos modos, Rhys se dirigió a Lucien con un poco menos de jocosidad en la voz.
—Si Vassa no puede decirnos nada nuevo sobre Koschei, supongo que ahora solo quedas tú.
Lucien se movió un poco.
—¿Yo no soy ya vuestro emisario en tierras humanas?
—Tenemos que encontrar algo que demuestre que Koschei está aliado con nuestros enemigos.
Beron ha dejado claro que está más que dispuesto a dejarse influir por Koschei.
Y este seguro que sabe que estamos conspirando contra él.
Así que, si pretende actuar contra Prythian, lo hará pronto.
Quiero que te vayas a la Corte Otoño hasta que llegue el momento.
Y que uses esto —Rhys se llevó la mano al bolsillo— para capturar tus memorias y así los demás podamos verlo.
Depositó el Veritas encima de la mesa, con delicadeza.
Al ver el orbe, no pude evitar mostrar mi sorpresa. Aparentemente, a Vassa y a Jurian les sucedió lo mismo.
—Podrían matarlo si Beron lo descubre, Rhys —protesté.
Rhys hizo un gesto con la mano para quitarle hierro al asunto y manifestó:
—No si va a la Corte Otoño bajo el pretexto adecuado.
—¿Y qué pretexto es ese? —quise saber.
Rhys volvió a apoyarse en el escritorio y se dirigió de nuevo a Lucien.
—Técnicamente sigues trabajando como el segundo al mando de Tamlin.
Tamlin, que tiene cierta tendencia a aliarse con enemigos por más que eso ponga en jaque la seguridad de Prythian.
A nadie le parecerá sospechoso que, de pronto, envíe a su mano derecha a la Corte Otoño para intentar encontrar la forma de unirse a esta infame alianza con Koschei.
Ahora quien negó con la cabeza fui yo.
—Como Tamlin se entere de todo esto, lo matará…
—Tamlin está demasiado ocupado persiguiendo conejos y ardillas por ahí como para darse cuenta de lo que ocurre fuera de sus fronteras.
O de lo que hace su segundo al mando en su nombre.
Y la gente de la Corte Otoño está demasiado ocupada intentando sacarles provecho a sus tierras como para preocuparse por quién los gobierna o qué hacen.
—Te has vuelto loco —opinó Vassa vacilante. Lucien parecía querer darle la razón—. ¿A quién intentas engañar exactamente?
Rhys plantó un dedo en el recuadro de Prythian que había a la izquierda del mapa.
—La corte de Tamlin es la única que perdió terreno después de la Guerra de la División.
Tiene sentido que, como alto lord, salte a la primera de cambio para reclamar sus fronteras ancestrales.
Al menos para alguien como Beron, que luego se dedicaría a esparcir los detalles y las pruebas que necesitamos, tendría sentido.
Lucien miró sombrío el Veritas, que seguía en la mesa.
Mi pareja no había ideado un mal plan, pero algo parecido a la culpa me inundó la consciencia.
—Pensaba que intentabas… ayudar a Tamlin —señalé.
—Si dispusiera de años, lo haría. —Apartó la mano del mapa y me dio un apretón en la mía, con mucha delicadeza.
He aquí toda la confirmación que me hacía falta para saber que Rhys era consciente de cómo me sentía—.
Pero está yendo todo más deprisa de lo que había imaginado.
Si Tamlin necesita hundirse en la amargura y la desesperación, que lo haga.
Nos da la coartada perfecta para que su mano derecha se ocupe de cuestiones más importantes.
Lucien miró a Rhys boquiabierto, como si acabaran de salirle diez cabezas.
En voz baja le dije a mi compañero, con la vista nuevamente puesta en el recuadro de Prythian en el mapa:
—Eso convertiría a Lucien en un traidor. Y como los demás descubran que nosotros estábamos involucrados, perderemos cualquier lazo de confianza que hayamos podido estrechar con las demás cortes.
De hecho, lo mismo podría decirse de Eris. Aunque si pillaban a Eris… Tampoco es que yo fuera a echarlo demasiado de menos.
Rhys me respondió a través del vínculo: Eris no puede gestionar esto; no está preparado y se arriesga a perder demasiado dentro de la misma corte. Cassian ha dicho que la reunión de hoy no ha sido productiva.
Rhys señaló a Lucien con la cabeza.
—Todo esto con tu consentimiento, por supuesto.
—¿Quieres que finja actuar en nombre de Tamlin —empezó a decir Lucien en un tono grave y lleno de incredulidad—, que entre en casa de mi padre y le mienta a la cara? ¿Que le mienta a la cara a un alto lord en nombre de otro alto lord? ¿Quién iba a creerme?
Rhys no sonrió.