CAPÍTULO 9
Feyre
Se me había olvidado lo implacable que podía ser el frío otoñal en tierras humanas. Era como si la muerte estuviera acechando en todas partes; esperando, con las manos heladas, a que pudiera arrebatar cualquier pizca de vida y calidez.
Hacía pocos años, yo misma había temido este gélido aire. Cada año me despertaba absolutamente aterrada con esa primera helada centelleando en los secos prados que se extendían detrás de nuestra choza. No podía hacer nada para evitar la llegada de ese invierno letal.
Parecía que Lucien estuviera haciendo todo lo posible por intentar que sus compañeros no notaran el frío, que no paraba de aumentar. En cada hogar chisporroteaba una hoguera extraordinariamente grande (sin leña) y hacía un calor sofocante en todas las estancias.
Aun así, a Vassa, con la vista puesta en el ocaso y apoyada en una ventana que necesitaba una limpieza urgente, no daba la impresión de que le importara el calor. Tampoco era ninguna sorpresa, puesto que lucía su aspecto de pájaro de fuego y ella misma parecía poco más que una llama con vida.
Jurian, en cambio, se había arremangado y ahora estaba de pie al lado del largo escritorio que había cerca de la pared del fondo. Estaba observando el mapa que Rhys y yo habíamos desplegado sobre la superficie para que pudiéramos echarle todos una ojeada.
Jurian hizo una mueca y se le marcaron las rígidas líneas del rostro.
—Habría pensado que al menos tú, Rhysand, te acordarías de lo poco que les importó la diplomacia a los otros durante la última guerra.
—Teníamos que intentarlo —se defendió Rhys, que se apoyaba en el escritorio.
—Llevas prácticamente dos años intentándolo —argumentó Jurian. Clavó un dedo lleno de cicatrices en el mapa, justo donde el muro atravesaba el continente—. No ha servido de nada.
Yo, que estaba al otro lado del escritorio, lo señalé con la cabeza y tercié:
—No recuerdo haberte visto en las negociaciones.
Jurian resopló y contestó:
—Porque sabía que no serviría de nada.
—Además, el resto no se habría dignado a reunirse con él —añadió Lucien.
Estaba mirando el mapa con la frente arrugada y su metálico ojo dorado emitió un chasquido.
Jurian hizo otra mueca, pero se quedó callado.
Se suponía que quien tenía que venir a esta reunión era Az, pero Rhys me comentó la tarde anterior que, debido a todo lo que estaba ocurriendo, teníamos que asistir nosotros en su lugar. Había otra razón, lo notaba, pero Rhys no entró en detalles. Ya me lo contaría cuando estuviera preparado.
Y, a decir verdad, me alegré de tener una excusa para salir de Velaris, por más que mi pareja me dijera justo después de que nos transportáramos aquí que Amren se encontraba en la Corte Día. Visto lo visto, también estaba intentando evitarme. Bien.
Un destello de luz hizo que desviáramos la atención hacia la ventana en la que se había apoyado Vassa. El sol ya se había puesto en el horizonte y una llama cada vez más y más grande se convirtió en…
—Sinceramente —intervino Vassa, adoptando su forma humana y vestida con unas prendas de gamuza y cuero que habían visto días mejores—, yo tampoco habría accedido a reunirme con Jurian. Y menos ahora que se ha cortado así el pelo.
Jurian puso los ojos en blanco ante esa burla y volvió a guardar silencio.
Vassa asintió hacia mí y luego, con cierto brillo en sus ojos color cobalto, hacia Rhysand.
—No poder decir ni pío mientras este par de idiotas hablan de cosas importantes es una agonía.
Lucien la miró exasperado.
—Has tenido que esperar tres minutos desde que han llegado hasta que se ha puesto el sol —señaló.
Vassa hizo caso omiso de su comentario y se acercó para inspeccionar el mapa. Me fijé en qué punto posaba primero la vista: el amplio y gigantesco lago que había en medio del continente, justo donde estaba el territorio de fae sin Corte.
—Koschei está manipulando los territorios; eso seguro —comentó retomando la información que les habíamos dado nada más llegar.
Jugueteó con un dedo con una esquina desgastada del mapa y prosiguió—: Os lo puedo confirmar sin lugar a dudas.
Lleva haciendo lo mismo para divertirse desde hace muchísimo tiempo.
—Pero necesitamos pruebas —indicó Rhys—. Pruebas reales, tangibles.
—¿Como qué? —quiso saber Vassa—. ¿No basta con mi palabra?
—Ojalá bastara —respondió Rhys con delicadeza, irguiéndose y adoptando una postura más formal—. Pero, para convencer a los territorios fae, necesitamos a alguien que no vaya a beneficiarse de su fracaso; alguien a quien Koschei no tenga esclavizado.
—Pero ¿acaso es distinto a lo que ha hecho en el pasado? —preguntó Vassa.
Rhys señaló los tres territorios uno a uno y luego, las extensas tierras libres debajo.
—Sí. Está presionándolos para la invasión. Esto ya no es mero divertimiento. Y tenemos que saber por qué.
—Dudo que los territorios necesiten que Koschei les insista demasiado para hacerlo —contraargumentó Vassa, sin miedo alguno del alto lord que tenía delante, con toda su gloria.
Aun así, apretó la mandíbula mientras desviaba la vista hacia el lago—.
Pero si los objetos Hechos y, sobre todo, los malvados, se están despertando y quieren que los encuentren…
—añadió señalando a la distancia con un gesto de mentón—.
Sí. Eso implicaría que, en efecto, Koschei está intentando hacer algo para escapar por fin del lago. Quiere un arsenal.
—Es posible que nuestros enemigos sean plenamente conscientes de que tiene la intención de liberarse —comentó Rhys—.
Y de la amenaza que supondría esto para ellos, por más que cumplieran con la parte del trato que les corresponda, sea lo que sea.
Están buscando la caja que contiene la muerte de Koschei para poder usarla y controlarlo en caso de que se muestre… inflexible.
—Pues encontradla primero —sugirió Jurian.
En esta ocasión, quien puso los ojos en blanco fue Vassa.
—Es imposible. —Nos señaló a mi pareja y a mí con la cabeza—. La escondió el mismísimo Koschei. Y nunca le he oído mencionar ni siquiera una pista que pudiese indicar dónde se halla.
—Pero ¿qué es un hilo de vida? —pregunté—. ¿Alguna vez escuchaste que Koschei lo nombrara cuando estabas en su lago?
Vassa negó con la cabeza y respondió:
—No. Nunca, pero hilo de vida o no, si vuestros enemigos están buscando la caja, están perdiendo el tiempo. Nadie puede encontrarla. Y cuando Koschei descubra que lo están traicionando, les hará pagar por ello; haya escapado del lago o no.
Ni siquiera Amren, que les había dicho que tenían que actuar de inmediato, había sugerido la opción de ir a por la caja. Debería saber lo que acababa de declarar Vassa: que era imposible. Aunque tampoco es que yo pensara preguntárselo pronto a Amren.
—Está todo relacionado —comenté—. Que Koschei esté instando a esta invasión y quiera salir del lago.
Por qué lo está haciendo ahora cuando tuvo la oportunidad perfecta para llevarlo a cabo durante la guerra contra Hybern, mientras estábamos todos distraídos.
Además, ¿qué espera ganar con esta invasión en concreto?
Tenemos que dar con ella antes de que nos explote en la cara.
Rhys no perdió ni un segundo y aclaró:
—Pero, primero, hemos de conseguir pruebas que demuestren que Koschei está manipulando Rask, Montesere y Vallahan para que los demás territorios los presionen y se echen atrás.
Y debemos pararle los pies a Koschei para evitar que escape del lago y se haga con los objetos Hechos que se están despertando.
—¿Pararle los pies? ¿No cargárnoslo? —preguntó Vassa.
—En el mejor de los casos, cargárnoslo. Pero, si es cierto que nunca nadie podrá encontrar esa caja de la muerte, de momento me conformaré con pararle los pies. —Coloqué una mano en el brazo de Vassa y le pregunté—: ¿Has descubierto algo más sobre cómo acabar con tu maldición?
Sabía que era un tema delicado, pero tenía que preguntárselo.
Lucien hizo una mueca. Incluso Jurian miró a Vassa con recelo. Sin embargo, la reina (la antigua reina, supuse) levantó el mentón y respondió:
—Han venido un sinfín de chamanes y adivinos a casa. Ninguno le ve el sentido a mi maldición.
Al detectar la pena que transmitía su tono, debería haber dejado el tema ahí. Sin embargo, me encontré preguntando:
—Las demás reinas no te han entregado a Koschei, pero ¿por qué le interesabas tanto a él, para empezar? ¿Por qué preocuparse por cualquiera de las hembras a las que atrapó allí?
—¿Aparte de porque es un monstruo narcisista? —sugirió Jurian.
Lucien soltó un gruñido para darle la razón.
Vassa desvió la vista hacia la zona este del mapa. Por un segundo, pensé que tal vez ignoraría mi pregunta, pero entonces contestó:
—Soy descendiente lejana de la hembra fae que atrapó a Koschei.
Todas las mujeres que hay atrapadas actualmente en el lago también son descendientes suyas.
Todas humanas; todas con una simple traza fae corriéndoles por las venas.
Koschei delira y piensa que tenemos algo que ver con su libertad.
Por nuestro antiguo linaje. Y… —Su voz se llenó de enfado—.
Siente un placer enfermizo cuando atrapa a descendientes de la hembra que lo maldijo.
Es como si, en cierto modo, sintiera que así puede vengarse de ella.
—Es deleznable. —Exhalé.
—Para deleznable, él —me corrigió Vassa—. No es más que una criatura llena de odio, codicia y putrefacción.
Rhys estaba observando atentamente el rostro de Vassa.
—¿Te has reunido otra vez con Helion para que vuelva a intentar romper tu maldición?
Vassa se pasó la mano por su pelirroja cabellera, que le llegaba a la altura de los hombros.
—Sí. Más bien le rogué que acudiese y lo intentara de nuevo. Vino pavoneándose hace unos meses, me miró una única vez y afirmó que era una causa perdida.
Tuve que esforzarme para no mirar a Lucien para ver si mostraba algún signo de incomodidad. ¿Habría presenciado él dicho encuentro?
Todavía no sabe que Helion es su verdadero padre , me dijo Rhys de mente a mente . Dejémoslo así.
¿Por qué? , le pregunté a través del vínculo.