Una corte de armonía rota (Acotar, Una corte de rosas y espinas 6) CAPÍTULO 4 #2
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CAPÍTULO 4 #2

Solo había una forma de saberlo. Nesta hurgó en su poder hasta encontrar un fuego plateado que se agitaba cual vorágine. No se asemejaba en nada a lo que fue en su día, pero seguía siendo potente. Todavía le generaba rechazo pensar en él.

Lo reunió, dejó que creciera. Esquirlas de rocas temblaron debajo de sus botas. Aquella llama plateada le avivó el cuerpo, la mente. Cálida, tórrida.

A la Prisión. A su puerta. A lo que necesitamos.

Le dolía el cuerpo. «Basta», parecía que le suplicara. «Basta». La primera advertencia había sido que le sangrara la nariz. Pero se recuperaría. Eso esperaba.

Empezó a levantársele el pelo. Reunió unas cuantas briznas plateadas más para seguir aunando poder y saltar hacia el otro lado, pasados los interminables kilómetros de aquel borrascoso océano.

Como calculara mal la distancia, como se quedara sin poder…

No tendría dónde detenerse. Ni siquiera un pedazo de roca al que aferrarse.

«Más. Solo un poquito más…».

A la base de la Prisión , le ordenó a su magia. Era el punto más cercano al que se podía acceder mediante ella. Las protecciones de la montaña no permitían que nadie se transportara más adentro.

La siguiente salpicadura de agua procedente de las descomunales olas que había más abajo se disolvió entre la niebla antes de que pudiera llegar a Nesta.

Descubrir cómo transportarse no había sido tan complicado.

Lo difícil había sido calcular e invocar la cantidad de poder necesario para que pudiese llegar a donde quisiera.

En este caso, no tenía ni la más mínima idea de cuál era la distancia exacta que debía saltar, más allá de lo que había visto en el mapa que había estudiado por la mañana mientras esperaba a que Feyre, Rhys y Mor regresaran de Storr.

Algún motivo.

Nesta se clavó los dedos en las palmas de las manos. Dio una última bocanada de aire y se transportó. Oscuridad, viento y presión la envolvieron y ella fue girando hasta que…

Unas olas inmensas y gélidas se estamparon contra su cuerpo. Eran tan frías que se quedó sin aliento. Sus botas se volvieron tan pesadas que la arrastraron hacia abajo sin cesar.

En un acto reflejo, empezó a mover las extremidades, a dar patadas y a impulsarse para salir a la superficie. Era todo tan oscuro y frío… Volvía a estar en el Caldero.

Se había transportado en medio de ese agitado mar. Tenía el cuerpo rígido y la superficie estaba tan lejos, tantísimo, que, por más que lo intentara, no llegaría nun…

No. No dejaría que el pánico se adueñara de ella hasta ahogarla igual que estaba intentando hacer el océano.

Cerró los ojos un solo segundo. Una pausa lo suficientemente breve como para sosegarse.

Para estudiar lo que la rodeaba. La técnica Serenar la Mente, pero sin los ejercicios de respiración, por supuesto.

Vio dónde estaba la superficie. Podía conseguirlo. Si se mantenía tranquila, calmada, lo lograría.

Nesta puso toda su atención en las piernas. En los brazos. En el aire que difícilmente podía seguir aguantando mientras pataleaba para darse impulso y subir más y más y más…

El aire al salir a la superficie fue aún peor. Unas gotas muy cortantes le azotaron las mejillas, el viento aullaba tanto que ni siquiera se oyó cómo cogía una bocanada de aire, y una ola le golpeó la cabeza y volvió a sumergirla en el agua.

Se impulsó de nuevo con las piernas para volver a salir a la superficie; necesitaba coger aire con desesperación. A su alrededor no había más que unas agrestes olas y viento y unas salpicaduras cegadoras; nada de tierra o de algo que pudiera socorrerla a la vista.

Se formó otra ola, más grande todavía, y volvió a hundirla en aquel gélido silencio. El impacto fue tan fuerte que cualquier serenidad y calma que hubiese podido sentir desapareció de golpe. Al igual que todo el aire que tuviera en los pulmones.

Aire. Necesitaba aire.

En esta ocasión, tuvo que hacer tal esfuerzo para salir a la superficie que le ardieron todos los músculos del cuerpo. Y esas llamas plateadas que habitaban en ella… se apagaron. Se había quedado sin poder. Ya no tenía nada.

Ni aire. Ni magia. Ni fuerza. No conseguiría sobrevivir el tiempo suficiente ahí fuera como para ir recuperando el poder poco a poco. Se iba a ahogar.

La siguiente ola la azotó con tantísima fuerza en la cabeza que volvió a caer por esas silenciosas profundidades. El impacto le reverberó por todos los huesos. Nesta habría jurado que oyó el eco en el silencio del agua.

Se contorsionó en un intento por encontrar la forma de volver a subir a la superficie, por recuperar ese estado de calma mental. Sin embargo, la fuerza que la estaba arrastrando hacia las profundidades era sumamente fuerte y la superficie le quedaba cada vez más y más lejos.

Vio algo debajo. Algo brillante. No era la Máscara. No era el Arpa ni la Corona. Pero, en cierto modo, se les parecía.

Era un objeto, si es que podía decirse que era solo uno. Se trataba de dos piezas que, juntas, creaban una sola. Dos objetos gemelos, unidos espiritualmente, que juntos se convertían en algo afilado y uniforme.

Estaba allí, brillando en el fondo del océano, y de pronto desapareció, como si se lo hubiesen llevado unas oscuras manos. Parecía que ese objeto la estuviese llamando, que quisiera atraerla…

A Nesta le ardían los pulmones. La superficie le quedaba demasiado lejos. Tenía que coger aire, tenía que respirar.

Búscame.

¿Estaba a punto de morir y tenía alucinaciones? ¿O eso que acababa de ver la estaba llamando de verdad? No lo sabía.

Búscame. Búscame. Búscame .

La presión que notaba Nesta en el pecho era insoportable. La apremiante necesidad que sentía de coger aire, por más que eso mismo fuera a matarla. No podía contenerse…

Abrió la boca y se le llenó de agua. Algo fuerte como un pedrusco se le estampó contra el costado. Y, de pronto, se vio rodeada por una fuerte luz, calidez y aire, aire y más aire.

—¿En qué… —jadeó una voz masculina a su lado— estabas… —otro jadeo— pensando?

Nesta inhaló de nuevo. Nunca nada le había sabido tan maravillosamente bien.

Le escocían los ojos, no tenía claro si a causa de las lágrimas o del agua salada, pero le dio igual.

Levantó la cabeza (estaba en una alfombra, en una habitación) y vio que Rhys la miraba boquiabierto.

Estaba chorreando. Tenía la ropa empapada.

Estaba completamente anonadado. Y nunca lo había visto con los ojos tan abiertos.

Cuando Nesta vomitó agua marina sobre la alfombra tejida que los separaba, la expresión del alto lord no mejoró.