Una corte de armonía rota (Acotar, Una corte de rosas y espinas 6) CAPÍTULO 3 #4
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CAPÍTULO 3 #4

—Es una opción —accedió Rhys cruzándose de piernas.

El centelleo del hogar se reflejaba en el oscuro cuero de sus botas—.

Pero seguimos en las mismas: como alguno de esos tres territorios encuentre lo que todos andan buscando, cuando aúnen fuerzas y se adentren en tierras humanas, continuaremos sin poder hacerles frente, a ellos y a cualquier fae libre que se les sume.

E incluso en el caso de que no consigan el objeto, tampoco podremos enfrentarnos a ellos.

Así que, ¿vale realmente la pena que nos esforcemos tanto y vayamos a por ello?

Az desvió la vista hacia Feyre, que parecía estar procesando el razonamiento de su pareja. Ahora parece que se decanta por darle la razón a él , le susurraron las sombras, que se habían acercado sin que él se diese cuenta.

—¿Y los cabrones de Rask no se han dignado a venir, en serio? ¿Ni siquiera han enviado a un emisario? —le preguntó Amren a Mor.

Esta asintió seria.

Ya habían contemplado la posibilidad de que Rask no apareciera.

Az había dicho que, de darse el caso, la reunión no serviría de nada.

De todos modos, tanto Feyre como Rhys habían insistido en celebrarla.

«Se lo debemos a todos aquellos que perderán la vida en esta guerra en un intento por encontrar una solución pacífica», había dicho Feyre.

Al percatarse de que él ni siquiera había reparado en eso, Az sintió una pizca de vergüenza.

Justo por eso Feyre estaba destinada a convertirse en alta lady.

Por eso era mejor que las decisiones las tomaran ella y Rhys.

Y Azriel se había manchado de sangre, suya y de otros, para asegurarse de que alcanzaban eso que ellos veían como la paz.

Y seguiría haciéndolo hasta el amargo final.

A pesar de que, cuando ese día llegara, su alma ya estuviese completamente vacía.

Aunque tampoco era que ahora hubiese demasiado en ella. A lo mejor nunca lo había habido. Tal vez por eso lo habían encontrado las sombras. Notaron que existía un profundo vacío, una falta innata, y decidieron anidar en él. No le sorprendería descubrir que directamente había nacido desalmado.

—Dejando de lado que los objetos Hechos se estén despertando, no nos olvidemos de que Koschei también está influyendo en todos esos territorios —añadió Mor sombría—. A pesar de haber ido a sus cortes, nunca he conseguido pruebas de ello, pero lo noto.

Con el impresionante don que tenía ella para percibir la verdad, seguro que se daba cuenta de todo aquello que no llegaba a verbalizarse.

Un pesado silencio volvió a abrirse paso en el estudio, interrumpido solo por los sonidos que hacía Nyx al tragar mientras sus pequeñas alas se contraían de placer.

Al final, Feyre preguntó:

—Koschei quiere que estemos distraídos mientras luchamos y que nos matemos entre todos. Prythian, Montesere, Rask, Vallahan y cualquier otro territorio que se una a la guerra. Y aprovechará la distracción para cargarse el hechizo que lo tiene atrapado sin que nadie interfiera.

—En el pasado ya hemos estado muy distraídos —contraargumentó Cassian frotándose la mandíbula—. ¿Por qué no lo hizo durante la guerra contra Hybern? Mejor ocasión no habría encontrado.

—Tal vez necesitaba justo eso —musitó Amren—.

Tiempo. La guerra con Hybern habría sido la mejor ocasión, pero, si aún no tenía lo que necesitaba, no habría podido hacer nada.

No sé qué estaba esperando, pero ahora ya ha movido hilos e intentará distraernos con este nuevo conflicto.

—Se estudió las uñas pintadas de rojo y continuó—: Y, para empeorar las cosas más aún, todo apunta a que los demás son del todo conscientes de cómo les está influyendo; eso si es que no se han aliado directamente con él.

Aunque nunca lo reconocerán. Demasiados reinos se negarían a liberar a un rey de la muerte.

—Eso mismo dio a entender el Ama de los Ocultos —coincidió Mor.

—Entonces habrá que demostrarle al resto del mundo que esos tres territorios están colaborando con él —comentó Feyre—.

Puede que ni siquiera tengamos que reunir un ejército para enfrentarnos a sus tropas.

A lo mejor basta con que ofrezcamos a los demás territorios poderosos algo que demuestre claramente que Vallahan, Rask y Montesere han estado colaborando con Koschei.

Y así contaremos con los aliados suficientes como para que los otros decidan no seguir con la invasión.

—Podemos y deberíamos hacerlo —señaló Amren—. Pero no por eso Koschei dejará de intentar escapar de ese lago. Y no podemos permitir que ocurra, bajo ninguna circunstancia.

Az no fue capaz de contenerse y arqueó las cejas.

—Lleva milenios atrapado ahí. Seguramente se haya vuelto loco —explicó Amren.

Ella lo entendía. Se había pasado cientos de años en la Prisión. Pero había conseguido sobrevivir.

Todavía sueña con esa penumbra , empezaron a susurrarle sus sombras. Azriel les envió un silencioso gruñido mental y las mandó hacia los laterales más lejanos de la sala. Sus sombras sabían que no debían acercarse tanto a Amren.

Esta continuó:

—Bastante amenaza es ya un lord de la muerte cuando está cuerdo.

¿Uno que ha perdido la cabeza? Es imposible imaginar cuánto terror y sufrimiento sembraría por el mundo.

Sobre todo como consiga hacerse con un objeto Hecho, que intuyo que es lo que pretende hacer cuando lo encuentren esos territorios.

Aparecerá él y lo reclamará a base de manipulaciones y alevosías.

Y, cuando Koschei tenga el objeto entre sus garras, ya no habrá vuelta atrás.

Az contuvo las ganas de poner ambos pies en el suelo, echar a andar hacia la puerta y salir volando para empezar su cacería. Cada segundo contaba.

—Pues yo diría que va todo de la mano —intervino Cassian—.

Evitar que los territorios se hagan con el objeto Hecho y, por consiguiente, impedir que lo consiga Koschei; sacar esa alianza a la luz para que se entere todo el mundo; crear una coalición de territorios dispuestos a ponerse de nuestra parte, y usar todo ese poder para convencer a Rask, Montesere y Vallahan de que detengan la invasión.

Se hizo el silencio. Uno contemplativo, consensuado.

—O sea que hay que empezar por tener ojos y oídos en todos esos territorios —dijo Feyre señalando a Az con la cabeza y mirándolo de nuevo, como diciendo: «Tenías razón»—.

Hemos de descubrir cuál es el objeto Hecho que buscan, quién está detrás de él exactamente e intentar encontrar pruebas definitivas que demuestren que están colaborando con Koschei.

—En Vallahan están destinados a fracasar —opinó Mor—. De los tres, son los más brutos; en comparación con los demás, van unos cuantos siglos atrasados en varios aspectos. Deberíamos enviar a Nuala y a Cerridwen a Rask y Montesere, respectivamente, pero creo que el que más flaqueará será Vallahan.

Az no podía apartar la mirada de ella. Era radiante. Emanaba poder y seguridad. Siempre había sido así y él llevaba queriéndola desde el primer momento en que tuvo el honor de ver a Mor moverse como pez en el agua.

Era el amor de un niño. Un amor ciego. Se había pasado cinco siglos aguardando entre las sombras, anhelándola. Cinco siglos en los que había sido incapaz de ver lo que tenía delante de sus narices. Nunca se permitiría volver a ser igual de estúpido.

—El duque de Bernion no parecía ser incondicionalmente leal a su rey —señaló Feyre, sacando a Az de sus cavilaciones—. Tiene a un ejército de Montesere bastante grande al mando. A lo mejor podríamos convencerlo para que nos revelara algo más acerca de sus planes y de la implicación de Koschei.

—La hermana de Valderic se va a casar con el hijo del rey —explicó Mor—. Puede sacar mucho más provecho de todo si sigue siendo fiel a la familia real que si se une a nosotros.

Az no tenía ni idea de eso. Esa era la clase de información que debería haber recopilado él; el tipo de información que debería haber compartido él, no Mor.

Pero a quien habían elegido para que se infiltrase en dichos territorios era a Mor, y no por una cuestión de sigilo, sino por una cuestión de encanto, algo que él nunca tendría.

A diferencia de Mor, Rhys o Cassian, que lo tenían cada uno a su manera.

Azriel sabía que él jamás había disfrutado de ese don. Era un monstruo; una simple criatura. Era mejor que se quedara merodeando entre las sombras. Lo suyo era más recopilar información a partir de estratagemas y dolor.

Eso mismo le habían enseñado las sombras.

A extraer la verdad con agonía. A saber dónde hurgar y golpear para que los enemigos lo escupieran todo (en ocasiones, literalmente).

Le había puesto «El que dice la verdad» a su daga por lo que conseguía sonsacar de sus enemigos con ella.

Debería haberla llamado «La daga del Destripador».

Az apartó ese pensamiento y pilló a Feyre mirando al niño que tenía en brazos mientras acariciaba el oscuro pelo de su hijo con su tatuada mano. Le pasó los dedos por las puntas de las alas, en cuyos ápices empezaban a germinar unas garras. No dijo nada acerca de lo que inundaba su mente.

Por respeto hacia su privacidad, Az volvió a pedirles a sus sombras que se mantuvieran al margen.

Las sombras no leían los pensamientos, pero sí podían interpretar olores, expresiones e incluso aquello más discreto. Creaban una imagen a partir de todo eso y luego se lo describían a Az. Y él las entendía a la perfección, incluso cuando no quería.

Por eso, solo les daba una pizca de poder, siempre. Bastante miserable le hacían ya la vida.

Sin apartar la vista de la ventana, Nesta preguntó:

—¿Estamos seguros de que hay territorios que se pondrían de nuestra parte, incluso demostrándoles que esos tres se han aliado con Koschei?

—Eran unas palabras crudas, honestas. Y las pronunció como la valquiria en la que se había convertido —.

Tenemos que estar seguros. También hemos de tener claro a quién deberíamos darle esta información. Por quién vale la pena arriesgarse.

Nadie respondió. Ni siquiera Rhys.