Una corte de armonía rota (Acotar, Una corte de rosas y espinas 6) CAPÍTULO 3 #3
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CAPÍTULO 3 #3

Tal vez Azriel se arrepintiera de haber llevado a Bryce Quinlan a la casa de la ciudad, pero por lo menos no había dejado de mostrar cierto recelo hacia ella en ningún momento. Nesta, en cambio… Al final Nesta fue una ingenua y confió en la otra. Y, por consiguiente, casi acabó con todos ellos.

Cassian permaneció con una expresión extremadamente fría en el rostro.

—En Vallahan y Montesere no saben que tienes prohibido tocar el Tesoro —la advirtió Amren.

Por un segundo, Az deseó que sus sombras siguieran estando lo bastante cerca como para interpretar el sombrío tono de Amren. De todos modos, puede que no se hubiera atrevido a pedírselo ni teniéndolas allí. Con Amren no.

—Y si en Vallahan y Montesere llegasen a enterarse alguna vez de lo ocurrido con Bryce Quinlan, nos declararían la guerra de inmediato —aclaró Mor, a quien se le tiñeron los ojos marrones de un tono dorado gracias al crepitar del fuego—.

Le diste la Máscara a Bryce ¡para que se la llevara a otro mundo, Nesta!

Tal vez te convenciera cuando te comentó que la necesitaba para enfrentarse en su propia guerra, pero como se enteren los demás puede que nos cueste otra a nosotros.

—Me la devolvió —se defendió Nesta, que seguía sin apartar la vista de la ventana.

—Sí —coincidió Rhys con una frialdad brutal—, y ahora nuestros enemigos tienen todo el derecho a robarnos el Tesoro a la fuerza con tal de «proteger» este mundo de nuestras buenas intenciones.

A pesar de que el devastador poder de Nesta había disminuido, a pesar de que lo había cedido para que el bebé que había en esa sala no muriera, seguía teniendo el suficiente como para dominar el Tesoro. Como para ser una amenaza ella misma. Como para Hacer cosas a su antojo.

¿Sería un alivio para Nesta haber perdido parte de ese monstruoso poder? Para Azriel sí lo habría sido. Nesta no había dicho nada, ni siquiera antes de que Bryce Quinlan apareciera en ese jardín.

En aquella sala, la tensión se cortaba con un cuchillo. Más que verlas, Az notó que sus sombras se propagaban, ansiosas por escurrirse entre sus amigos como si se tratasen de un viento fantasma e informarle de todo, para que se hiciera una idea de qué sentían todos. Quietas , les ordenó.

Sus sombras volvieron a caer al suelo, al lado de las puertas, y él las fulminó con la mirada.

—Esa no es la cuestión —empezó a decir Cassian.

A Az no le pasó desapercibido el dolor que inundaba los ojos de su hermano.

Incluso Cassian estaba enfadado con Nesta y la decisión que había tomado, y lo que le dolía más aún era el distanciamiento que se había interpuesto ahora entre todos.

El hecho de que Rhys estuviera en la misma sala que Nesta después de tan solo tres semanas ya era un paso enorme, pero eso no significaba que la perdonase nadie.

Desde luego, Azriel no la perdonaba.

Bryce Quinlan les había mentido y había robado El que dice la verdad antes de regresar a su mundo.

A Az le dolía el pecho solo de pensarlo.

Bryce había extendido la mano hacia la daga de Azriel y el arma había volado directa hacia ella.

Exactamente como lo había intentado hacer esa primera vez en el jardín.

No era solo porque Bryce hubiese robado El que dice la verdad. También era porque El que dice la verdad lo había abandonado. Bryce la había llamado y, al igual que un perro fiel, la daga había ido directa hacia su mano.

Como si cinco siglos con él no significaran nada. Como si él no significara nada. Az no había vuelto a empuñar el arma desde entonces. A duras penas soportaba mirarla cuando se la ataba al costado. Para esa daga, Az era tan poca cosa que se había despegado de su mano a la primera de cambio.

Y, a pesar de todo eso, Nesta le había entregado la Máscara a Bryce para que la usara contra los enemigos de su mundo. Y Bryce había dejado a sus padres, Ember y Randall, como aval.

Nesta no lo consultó con absolutamente nadie y puso en riesgo el destino de su mundo; del de todos ellos.

—La cuestión es —prosiguió Cassian, que era el único que no estaba mirando a su pareja—, que ellos también quieren algo que les dé un poder especial antes de actuar. ¿Qué vamos a hacer nosotros si lo consiguen?

—No dejaremos que lo consigan. Vamos a impedir que se hagan con nada —respondió Feyre colándole un dedo en la boquita a Nyx para separárselo de un pecho y acercárselo al otro.

Mientras pudiera seguir comiendo y estando cerca de la calidez de su madre, al bebé de pelo oscuro no parecía preocuparle; ni siquiera se inmutó—.

Descubriremos qué buscan y conseguiremos el objeto antes que ellos.

La mirada que la alta lady le dedicó a Az se lo dejó todo claro: él sería el encargado de descubrir qué estaban buscando sus enemigos. Tal y como él mismo había planeado.

A nadie le gusta oír eso de «Te lo dije», Az , le dijo su alta lady mentalmente y con una irónica sonrisa en su hermoso rostro.

No lo iba a decir , contestó intentando mantener una expresión neutral.

Feyre siempre había conseguido robarle una sonrisa. Y, en ocasiones, Azriel se preguntaba si su alta lady sabía lo poco habitual que era eso. Lo mucho que significaba para él.

—Esto es pedir mucho —advirtió Amren a Feyre—.

Hay una infinidad de objetos Hechos perdidos por el mundo; los hay que se sabe cuáles son y los hay que han caído en el olvido.

Intentar encontrarlos todos antes que nuestros enemigos sería malgastar energía en vano.

Además, hay objetos que deberían seguir en el olvido.

—Puede que no podamos permitirnos este lujo —contraargumentó Feyre—. Por lo visto, los objetos Hechos se están despertando, queramos o no. Y seguramente se deberá al creciente poder de Koschei.

Amren arrugó la frente con fuerza. Si alguien podía confirmar esto, era ella. Al final, respondió:

—Koschei es un lord de la muerte. Si los objetos Hechos están despertando como respuesta a la agitación de tal personaje, a mí me preocuparía muchísimo el tipo de poder que puedan poseer. Lo igual llama a lo igual.

Sus palabras acecharon cual nube de tormenta. Al pensar en eso, el temor invadió a Az, que se obligó a no estremecerse.

No obstante, Cassian, mientras pulía su sifón de color rubí con la manga del abrigo, señaló:

—En este caso, resulta de mayor importancia aún que encontremos lo que buscan nuestros enemigos antes que ellos.

—Puede que sea solo un cebo para distraernos —sugirió Rhys pasándose la mano por su pelo negro azabache—. Hasta puede que sea un farol.

—No lo es —intervino Azriel al final. Él, que solía preferir observarlo todo desde las sombras solo para contribuir en caso de que fuera absolutamente necesario.

Siempre se había sentido más cómodo así.

La gente revelaba más de su personalidad cuando les dejaba que hablasen a sus anchas; cuando se olvidaban de su presencia.

Notó cierta incomodidad al comprobar que todos lo miraban, y se cruzó de brazos—.

El príncipe de Vallahan vuelve a marcharse mañana en busca de algo.

Lo oí quejándose a su madre por haber estado con el grupo que fue a la montaña Rothorn hace unos días.

—Pero ¿qué está buscando? —se interesó Amren—. ¿Oíste algo más específico?

—No —admitió Azriel plegando las alas. No le importaba que lo interrogasen (ni siquiera Amren, que podía incomodar hasta al más férreo guerrero), pero tener que pronunciarse y dar un paso al frente…

Al cabo de cinco siglos, todavía le parecía que iba en contra de su naturaleza.

Aun así, explicó—: Pero todo estaba relacionado con la conversación del Tesoro y con eso de hacerse con su propio objeto Hecho.

—No vas a ir detrás del príncipe —dijo Rhys autoritario y con aspereza.

Al oír esa orden, del todo contradictoria con lo que acababa de darle a entender tácitamente a Az hacía un segundo, Feyre arqueó una ceja, sorprendida.

Sentado en el sofá frente a ella, todavía ataviado y con la corona negra puesta, Rhys era la viva imagen del alto lord de la Corte Noche al que todo el mundo temía.

Az se había dado cuenta de que Feyre ya se había quitado la corona y la había depositado en la mesa, como si aún no se hubiese acostumbrado a llevarla. O a lo mejor era que, con su hijo en brazos, quería olvidarse del tema.

—Y una mierda que no —respondió Az—. Tenemos que saber qué busca el príncipe. Sobre todo si en Vallahan creen que pueden usarlo contra el Tesoro.

Rhys negó con la cabeza.

—El príncipe de Vallahan, por más vanidoso e irreflexivo que parezca, nos conoce lo bastante bien como para intuir que lo seguiréis tú o alguno de tus espectros.

—Antes de que Az pudiera rechistar, continuó—: Además, es probable que Rask y Montesere también quieran apresurarse a encontrar el objeto.

Puede que el príncipe de Vallahan no sea el primero en conseguirlo.

No puedes estar en tres sitios a la vez.

Y déjame que te recuerde que Montesere dispone de sus propias espías para tenerte controlado a ti.

Y los lobos del viento no se andan con chiquitas.

Az no pudo evitar que su sifón titilara en señal de respuesta, aunando todo su poder para usarlo contra un enemigo despiadado que aguardaba a cientos de kilómetros de distancia.

Sin embargo, se deshizo de ese recuerdo de hacía unos días, de los aullidos del pico Rothorn que seguían helándole la sangre, y respondió:

—Pues enviaré a Cerridwen y a Nuala a los territorios en los que no esté yo.

Sus semiespectros eran perfectamente capaces de llevar a cabo una tarea de este tipo.