Una corona de mentiras (Una corona de mentiras 1) CAPÍTULO 12 #3
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CAPÍTULO 12 #3

—Estoy viva.

Cerré los ojos.

Besé su mano.

Después su frente.

No su boca.

Había demasiadas personas cerca y el secreto continuaba respirando junto a nosotros.

Naomi apareció en la puerta.

Su mirada se detuvo sobre mis brazos alrededor de Evie.

No mostró sorpresa.

Solo cansancio.

—La ambulancia está lista.

—No irá a un hospital público —dije.

Evie se apartó.

—Yo decidiré dónde voy.

—Tienes razón.

Me corregí antes de que pudiera enfrentarse.

—Existe una clínica protegida a doce minutos. Te recomiendo ir allí para evitar a la prensa y mantener segura tu ubicación.

Evie me observó.

—Eso ha sonado doloroso para ti.

—Estoy creciendo emocionalmente bajo presión.

—Lentamente.

Intentó ponerse de pie.

El dolor le dobló el cuerpo.

La sujeté antes de que cayera.

—Puedo caminar.

—No he dicho que no puedas.

La levanté de todos modos.

Evie rodeó mi cuello con los brazos.

—Eso sigue siendo decidir por mí.

—Puedes presentar una reclamación cuando dejes de sangrar.

La llevé hacia la salida.

Naomi caminó a nuestro lado.

Bash nos cubrió para que los agentes que no conocían la relación solo vieran a un príncipe ayudando a una víctima.

Nadie debía saber que había abandonado España por ella.

Nadie debía entender que, si Evie me lo hubiese pedido, habría abandonado mucho más.

* * *

La clínica cerró un piso completo.

La herida necesitó ocho puntos. Evie tenía hematomas, cortes superficiales y una muñeca lastimada.

Naomi recibió cinco puntos en la frente y se negó a permanecer en cama.

Asteria fue informada cuando ambas estuvieron protegidas.

Mi familia todavía creía que yo continuaba en España.

Bash preparó otra mentira.

Una videollamada falsa con mi padre.

Un informe enviado desde mi cuenta oficial.

Dos equipos enteros trabajaban para ocultar que me encontraba sentado junto a la cama de Evie.

Ella observó cómo una enfermera terminaba de vendarle el costado.

—¿Cómo llegaste tan rápido? —preguntó cuando quedamos solos.

La pregunta que esperaba.

—Adelanté el regreso cuando Bash recibió la alerta.

—Dijiste que estabas lejos.

—Dos horas de vuelo.

—¿Dónde?

Acomodé la sábana sobre sus piernas.

—No puedo decirlo todavía.

Evie dejó escapar el aire.

—Incluso ahora.

—La ubicación forma parte de la operación.

—¿Con quién estabas?

—Con equipos institucionales.

—Adrien.

—Evie.

La imitación de su tono no consiguió hacerla sonreír.

—¿Era peligroso? —preguntó.

—Sí.

—¿Abandonaste algo importante para volver?

Pensé en Isabella dentro del patio.

No esperes encontrarme exactamente donde me dejaste.

—Nada más importante que tú.

No era una respuesta.

Era una verdad capaz de ocultarla.

Evie extendió la mano.

La tomé.

—El mensaje me llamó Evelyn —dijo—. Ahí supe que no eras tú.

—Nunca utilizaría ese nombre.

—Lo hiciste la primera noche.

—Todavía no sabía cuánto te irritaba.

—Te gusta irritarme.

—Es una de mis pocas alegrías.

Sus dedos se cerraron alrededor de los míos.

—Sabían cómo escribes.

—Accedieron al historial o copiaron el dispositivo.

—También sabían que aceptaría reunirme contigo en secreto.

No respondí.

Evie levantó los ojos.

—Alguien conoce lo nuestro.

—No necesariamente. Podían creer que responderías por la investigación.

—El mensaje decía que no informara a Naomi.

—Eso también podía ser parte de la trampa.

—Adrien.

—Solo Bash sabe que nos vemos.

—Y tú confías en él.

—Con mi vida.

—Entonces alguien nos observó.

El miedo regresó a su rostro.

Me senté junto a ella.

—Cambiaré los teléfonos y las rutas. Nadie volverá a acercarse.

—No prometas cosas que no controlas.

—No permitiré que vuelva a ocurrir.

—Eso tampoco puedes controlarlo.

—Encontraré la manera.

Evie negó lentamente.

—No quiero que conviertas esto en otra razón para encerrarme.

—Intentaron secuestrarte.

—Y escapé.

—Te hirieron.

—Y sigo aquí.

Sus ojos brillaron.

—No dejaré de cantar, trabajar ni salir porque alguien decidió utilizarme contra ti.

—No puedo protegerte si no aceptas ciertas restricciones.

—Entonces aprende a protegerme sin quitarme la vida que intentas salvar.

La frase me silenció.

Evie se recostó sobre la almohada.

—Estoy cansada.

—Dormiré aquí.

—No tienes que hacerlo.

—No era una pregunta.

—Eso ha sido una orden.

—Una observación.

—Horrible.

—La prensa parece estar de acuerdo.

Cerró los ojos.

No soltó mi mano.

Permanecí junto a ella mientras su respiración se volvía lenta.

* * *

Isabella llamó cerca de la medianoche.

Salí al corredor antes de responder.

—¿Está viva? —preguntó.

—Sí.

—¿Herida?

—Ocho puntos. Nada permanente.

Escuché cómo soltaba el aire.

—Gracias a Dios.

—Gracias por el avión.

—No lo hice por ti.

—Lo sé.

—¿Sabe que estabas conmigo?

—No.

El silencio fue largo.

—Entonces le mentiste.

—No preguntó por ti.

—Preguntó dónde estabas.

No respondí.

Isabella dejó escapar una risa amarga.

—Naturalmente.

—No podía revelar el viaje.

—Siempre existe una institución dispuesta a justificarte.

—La tercera voz conocía el itinerario. Compartirlo podía ponerla en mayor peligro.

—Una explicación perfecta.

—Porque es cierta.

—No significa que sea toda la verdad.

Apoyé la espalda contra la pared.

—¿Qué quieres que diga?

—Que regresaste porque la amas.

La palabra se instaló entre nosotros.

Podía negarlo.

No lo hice.