CAPÍTULO 5 #4
—Podríamos utilizar la propiedad de Belgravia.
—¿La que tu familia cree alquilada?
—Tiene acceso desde una casa contigua y no aparece relacionada contigo.
—Perfecto.
—No he aceptado.
—Acabas de proponerla.
—Porque si vas a hacerlo de todos modos, prefiero que no termines secuestrado.
Le di una palmada en el hombro.
—Sabía que podía confiar en ti.
—Eso no es confianza. Es manipulación.
—La diferencia depende de quién escribe el informe.
Bash me sujetó del brazo antes de que saliera.
—¿Evie sabe lo de Isabella?
—No existe nada que deba saber.
—Sabes que eso es mentira.
—No existe un compromiso.
—Pero existe una negociación.
Retiré el brazo.
—Es confidencial.
—Y que Isabella pretende luchar por ti, ¿también?
—Mi relación con Isabella no es asunto de Evie.
—Entonces tu relación con Evie tampoco debería ser asunto de Isabella.
—No lo es.
Bash me observó durante varios segundos.
—Quieres a las dos.
—No conozco lo suficiente a ninguna.
—Eso no fue una negación.
Salí sin responder.
* * *
Ginny llamó a las seis y cuarenta y tres.
Había encontrado una reserva de hotel realizada con una tarjeta corporativa de Meridian.
—¿A nombre de Mercer? —pregunté.
—Lawson.
—¿La policía va en camino?
—Entraron hace tres minutos.
Permanecí en la biblioteca mientras esperaba noticias. Alexander se había despertado y descansaba en el sofá con Beatrice sentada a sus pies.
Mi hermana le mostraba fotografías de un perro vestido como miembro de la Guardia Real.
Alexander reía.
Era la primera vez que lo escuchaba hacerlo desde la gala.
No les conté sobre la llamada.
A las siete y treinta y dos, Bash entró.
Su rostro bastó.
—Encontraron a Lawson —dijo.
Alexander se incorporó.
—¿Está vivo?
Bash guardó silencio.
Mi hermano bajó lentamente las piernas del sofá.
Beatrice tomó su mano.
—¿Qué ocurrió? —pregunté.
—Una herida de bala. El arma estaba en su mano y la habitación estaba cerrada desde dentro.
—¿Suicidio?
—Eso parece.
Alexander inclinó la cabeza. El cabello cayó sobre sus ojos.
—No.
La palabra fue apenas audible.
—¿Qué ocurre? —preguntó Beatrice.
—No podía haber terminado así.
Mi hermano se puso de pie y caminó hacia la ventana. Apoyó una mano sobre el cristal.
—Lawson me protegió durante seis años. Estuvo conmigo después de mi primer ataque de pánico, cuando padre quería ocultarlo incluso al médico. Me enseñó a controlar la respiración. Sabía cuándo necesitaba salir de una habitación antes de que yo lo dijera.
Su voz se quebró.
—Después cambió.
Beatrice se acercó y lo abrazó por la espalda.
Alexander cubrió las manos de nuestra hermana con las suyas.
—Quizá siempre fue así —murmuró— y yo solo veía aquello que necesitaba.
Sentí una punzada de culpa.
Yo también estaba permitiendo que dos mujeres vieran únicamente lo que necesitaba que vieran.
La diferencia era que todavía podía decidir detenerme.
No lo hice.
* * *
Lawson dejó una confesión de cuatro páginas.
Asumía la responsabilidad por el dispositivo, las cámaras desactivadas, la grabación del corredor, las amenazas y la persecución.
Afirmaba haber actuado solo.
El príncipe Alexander fue víctima de una familia que prefirió ocultar la gravedad de su condición.
El príncipe Adrien demostró ser tan impulsivo como había previsto.
Evelyn Han fue seleccionada como instrumento de presión. Nunca debió sufrir daños físicos.
Apreté el teléfono.
—Se refiere a ella como si fuera un objeto.
—Para él lo era —respondió Bash.
—¿Menciona a Mercer?
—No.
—Entonces miente.
—O contrató a Mercer sin explicarle el propósito.
—¿Encontraron todos los archivos del almacén?
Bash miró hacia la ventana.
—Falta una carpeta.
—¿Cuál?
—El archivo original sobre Evie.
—¿Estaba en la habitación?
—No.
—Entonces Mercer lo tiene.
—Es una posibilidad.
—O cualquier persona que trabajara con ellos.
La confesión podía cerrar la parte visible de la investigación.
La Corona tendría un culpable.
Asteria, una explicación.
Los medios, una historia sencilla.
Un antiguo agente obsesionado.
Un heredero enfermo.
Un segundo hijo manipulado mediante una cantante.
Todo podía terminar allí.
Mi teléfono secreto vibró.
Me dijeron que encontraron a Lawson. ¿Se terminó?
Respondí:
Todavía no. Falta tu archivo y Mercer sigue libre.
Los tres puntos aparecieron.
Entonces nosotros tampoco.
Sonreí.
Escribí:
Mañana. Nueve de la noche. Recibirás la ruta una hora antes.
La respuesta tardó menos de diez segundos.
¿Debo llevar guardaespaldas?
Solo si quieres que nos observe.
Una pausa.
Presuntuoso.
Mentirosa.
¿Por qué?
Miré hacia Alexander y Beatrice.
Mi hermano tenía la cabeza apoyada sobre el hombro de nuestra hermana. Ambos permanecían tomados de la mano.
Escribí:
Porque llevas días queriendo estar a solas conmigo.
Evie tardó más en responder.
Mañana veremos cuál de los dos quería más.
Guardé el teléfono.
Lawson estaba muerto.
Mercer seguía libre.
El archivo de Evie había desaparecido.
Y mientras toda mi familia intentaba comprender una conspiración construida sobre secretos, yo acababa de crear otro.
Uno al que pensaba acudir voluntariamente.
Uno que llevaba el nombre de Evie.