CAPÍTULO 27 DELILAH #3
Está precioso así, de rodillas encima de mí. Tiene el pelo hecho un desastre y las gafas ligeramente torcidas.
—Sí —jadeo. Me giro debajo de él y acerco las manos a sus pantalones para deslizárselos hacia abajo—. Pero déjame verlo.
Se agarra con tanta fuerza que parece que le duela, pero se le acelera la respiración cuando le bajo los pantalones por los muslos.
—Ah —susurro.
—¿Qué? —jadea con el ceño fruncido.
—Nada. —Niego con la cabeza y me muerdo el labio inferior—. Es que estás… estás muy guapo. —Veo los movimientos suaves y expertos con los que se recorre el grueso miembro. Veo cómo se frota con los dos dedos que aún están húmedos por haber estado dentro de mí—. ¿Qué quieres que haga?
Jackson gime y se ríe al mismo tiempo.
—No tienes que hacer nada, Delilah. —Sus ojos adquieren seriedad de nuevo, y el placer hace que tuerza los labios—. Déjame observarte —me pide.
Pero quiero que sea egoísta. Quiero que se vuelva tan inconsciente como él me ha vuelto a mí.
Así que me dejo caer sobre las almohadas, con los brazos por encima de la cabeza.
El sujetador sigue abrochado alrededor de mi cintura, empujándolo todo hacia arriba, y mis senos se derraman obscenamente sobre la tela.
Deslizo las yemas de los dedos encima de ellos y gimo suavemente cuando una suave oleada de calor se me despliega por el vientre.
Esta noche no volveré a estallar, pero me apuesto algo a que podría. Por ver a Jackson así.
Deja que su cuerpo se enrosque sobre el mío con un gemido profundo, una mano apoyada en el cabezal, sobre mi hombro. La madera cruje mientras acelera el ritmo con la otra mano, y con los nudillos me roza la barriga con cada brusca sacudida. Me yergo y planto los labios sobre el hueco de su cuello.
—Encima de mí —susurro, y él gruñe. Deslizo los dedos entre los pechos. Más abajo, sobre la curva de mi vientre—. Es lo que quieres, ¿verdad?
Asiente con la sien pegada a la mía. Está ardiendo. Muy cálido y sólido sobre mí.
—Sí —jadea.
—Yo también lo quiero. —Le presiono los costados con las palmas—. ¿No me vas a dar lo que quiero, Jackson?
—Joder —susurra, y disminuye la velocidad con la mano.
Noto la presión contundente de su grueso miembro contra el vientre y la suave y fácil fricción de Jackson moviéndose contra mí.
Me clava en el colchón. Murmura incoherencias mientras busca alivio, y yo le hundo las manos en el pelo y lo sujeto fuerte.
Cuando por fin explota, lo hace con los dientes apretados sobre mi cuello, y su eyaculación caliente se derrama sobre mi barriga. Jackson se desploma a mi lado con un suspiro, con la palma de la mano apoyada en el centro de mi pecho.
Nos quedamos así, entrelazados, con el corazón desbocado. No es hasta que vuelvo a temblar cuando Jackson se incorpora apoyándose en una mano. Lo miro mientras me examina con atención. Observa mis ojos, la curva de mi barbilla. Mis pechos desnudos y el caos en el que me ha convertido.
Detiene la mirada un rato en ese punto.
—¿Sientes más calor? —susurro.
—No lo sé. —Una sonrisa perezosa le curva los labios con satisfacción—. La verdad es que no siento las piernas.
Se me escapa una carcajada. La sonrisa de Jackson se ensancha. Se sube los pantalones, avergonzado, pero no hace ningún amago por limpiar el desastre de mi vientre. Me muerdo el labio al ver cómo sigue mirándome… a los ojos.
Desliza los dedos sobre mis hombros para recolocarme el sujetador con cuidado. Me roza con las manos al hacerlo, y la ligera sensación de calor que experimento en el vientre palpita con fuerza. Emito un breve gemido, y Jackson me reprende con la mirada.
—A dormir, traviesa.
—¿Traviesa? ¿Yo?
—«Estaremos más calientes piel contra piel» —exclama imitando mi voz.
Me hace reír de nuevo y pone los ojos en blanco al tiempo que se levanta de la cama.
Durante unos segundos, me embarga la decepción, pero entonces oigo el lavabo del cuarto de baño.
Jackson regresa con una toalla húmeda y me aparta las manos cuando intento arrebatársela.
La desliza suavemente sobre mi vientre para limpiarme con tanto esmero que se me forma un nudo en la garganta.
Lo observo inclinado sobre mí, con la piel al descubierto y el pelo revuelto, con un ligero rubor aún en la base del cuello.
Algo tierno y delicado se despliega debajo de mi caja torácica conforme lo observo tocarme con suma delicadeza.
Tiemblo, y sus ojos se encuentran con los míos.
—¿Tienes frío?
Asiento, aunque me parece una verdad a medias.
Me arropa de nuevo bajo las mantas con gesto rápido y eficiente.
Lo agarro del brazo antes de que pueda dudar y lo arrastro hasta mí.
Me quedo tumbada como un fardo mientras él acomoda las almohadas y las mantas, y murmuro feliz cuando se acurruca contra mi espalda.
Su brazo es un peso delicioso sobre mi cadera.
Quizá siga siendo todavía una especie de tenaza.
Pero es una tenaza que me mantiene a salvo.
—¿Mejor? —me pregunta.
Sonrío contra mi almohada, que huele a él.
—Mucho mejor.