Una conexión imprevista CAPÍTULO 22 JACKSON
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CAPÍTULO 22 JACKSON

Delilah está en medio de una nevada, con el manto blanco hasta las caderas y el rostro casi oscurecido por completo por los copos gruesos que caen sin parar.

—Si lo calculamos bien —grita Mark—, saldrás en medio del pronóstico de Leon.

Voy a conectarme al directo, y Gary, de producción, nos dará el pase.

Por cierto, te agradece que te acordaras del cumpleaños de su esposa.

Le encantaron las flores. —Desenrolla otro cable, me lo lanza y teclea furiosamente en el móvil—.

Todos saben lo que está pasando. Gianna va a entretener a Keith por si intenta impedirlo.

—¿Cómo piensa hacerlo?

La sonrisa de Mark es una mezcla de alegría y malicia.

—Tiene varias opciones.

—No conseguirá que la arresten, ¿verdad?

—Sinceramente, es difícil saberlo con seguridad.

Delilah se lleva la mano enguantada a la frente y murmura algo en dirección al cielo.

—Me gustaron especialmente los números tres y siete —añade Mark como si tal cosa—. De su lista. ¿Sabes que la guarda en el móvil? Dice que lleva toda la vida esperando este momento.

—No suena nada mal.

Delilah se ha sorprendido cuando Mark se ha ofrecido a ayudarla.

Y después se ha mostrado cautelosa cuando él nos ha explicado el esquema general del plan para que saliera en el directo que se ha ganado a pulso.

No quería molestar a nadie. No quería armar un escándalo.

Pero entonces Mark le ha enseñado la pantalla del móvil con el chat de la cadena: el equipo de producción, Gianna, los presentadores y Leon; todos decían lo mismo con distintas palabras.

«Hagámoslo de una santa vez».

Con una serie de emojis de cuchillos bastante entusiastas por parte de Gianna. Al parecer, llevaba un tiempo trabajando en secreto en este plan de contingencia.

—Faltan unos tres minutos antes de que estemos en directo.

Recordad que vais a salir durante el programa matutino tal como estaba previsto en su momento.

Seguid el guion original, y los telespectadores no notarán la diferencia.

Te lo has ganado, Delilah. —Mark se echa la cámara al hombro—.

¿Estáis preparados? —Una sonrisa burlona se dibuja en sus labios—.

¿O necesitáis desaparecer un minuto en vuestro lugar especial?

—¿Te importaría asegurarte de que los micrófonos estén apagados si desaparecemos? —le contesta Delilah—. No he olvidado que fuiste tú quien no me avisó de que llevaba el micrófono encendido.

La sonrisa desaparece del semblante de él.

—Tomo nota.

—Ya decía yo. —Delilah resopla y luego me mira—. ¿Estás listo?

—Sí —le digo—. Estoy listo.

Ni siquiera estoy nervioso. Quizá sea la emoción de nuestro engaño o el deseo irresistible de borrar la expresión de dolor y desolación del rostro de Delilah, pero mi pánico escénico se ha esfumado.

Durante nuestro primer directo, me dijo que debía visualizar a mis hermanas.

Que fingiera que les hablaba. Pero ahora solo estoy hablando con ella.

Con Delilah. La mujer que está justo a mi lado con el hombro pegado al mío.

Saco del bolsillo las gafas que Delilah me ha traído y me las pongo.

—¿Y tú? ¿Estás lista?

Me observa mientras me ajusto las gafas, con los ojos un poco demasiado abiertos. Una sonrisa temblorosa asoma en su labio inferior.

—Sí —me asegura.

—Estupendo —grita Mark por encima del viento—. Porque entraréis en directo dentro de tres, dos… —Hace un gesto con la mano, y la lucecita roja de la cámara se enciende. Siento un vuelco en el estómago, pero Delilah se acerca más a mí.

—Hola, Baltimore. Parece que esta mañana hemos tenido algunos problemas técnicos, pero Jackson y yo estamos encantados de informaros sobre la tormenta invernal que azota el oeste de Maryland.

—Una ráfaga de viento particularmente fuerte nos golpea, y agarro el brazo de Delilah para sujetarla con firmeza—.

El viento y la lluvia están aumentando. Jackson, ¿cómo de fuertes dirías que son las ráfagas de viento?

—Eh, ¿mucho? —No es mi habitual pánico escénico, sino la fuerza bruta del viento que nos zarandea. Recoloco la mano sobre Delilah y me sitúo detrás de ella cuando vuelve a resbalar—. Las gafas han sido una buena idea.

Delilah suelta una carcajada.

—¡Noticia de última hora, Baltimore! Jackson Clark cree que tengo buenas ideas.

Miro hacia arriba, a su cabeza, pero ya la ha echado hacia atrás para apoyarla en mi hombro y sonreírme. Veo mi propio reflejo borroso en sus gafas. Rayas doradas, azules y blancas.

—Siempre creo que tienes buenas ideas.

—Primera noticia —replica.

—Suerte que estamos en las noticias, pues. —Vuelve a reírse—. ¿Hablamos un poco más del tiempo?

Sigue apoyada contra mí, con mi brazo alrededor de la cintura mientras intento mantenerla firme. Seguro que estamos echando leña al fuego a los rumores que circulan a nuestro alrededor, pero me da igual.

Delilah me sonríe.

—Sí, Jackson. Me encantaría hablar del tiempo contigo.