CAPÍTULO 21 JACKSON #2
—Pensaba que estarías preparando el plano —dice Delilah al tiempo que agarra algunos de los cables. Se los echa al hombro—. ¿Necesitas ayuda para llevar todo esto?
—Lo estaba entrando —dijo Mark, frotándose la cabeza—. Esta mañana se ha cancelado nuestro directo.
—Perdona, me ha parecido oír que decías que nuestro directo se cancelaba.
—Es justo lo que he dicho.
Delilah se ríe.
—Me alegro de que por fin te sientas con la suficiente confianza como para bromear conmigo después de tres años, pero ahora no es el momento.
—Se agacha y agarra la bolsa también—. No estoy segura de que la terraza sea una buena opción para el directo de hoy.
¿Qué tal si bajamos un poco por el sendero?
Hay una arboleda que nos protegerá de lo peor.
Mark me lanza una rápida mirada antes de volverse hacia Delilah de nuevo.
—No es broma lo del directo, Delilah.
—Claro que sí.
—Que no. —Él niega con la cabeza—. Acabo de recibir una llamada del equipo de producción. No nos van a conectar. Esta mañana no haremos ningún directo.
Delilah mira por la ventana, donde la nieve cae con fuerza.
—Pero si es… —Tiene que hacer una pausa para respirar hondo—. Es la razón por la que estamos aquí, Mark. La tormenta de nieve. La histórica tormenta de nieve. La que está ocurriendo ahora. Justo ahí fuera.
—Ya lo sé —dice él.
—Anoche cayó casi medio metro de nieve. Va a nevar mucho más. ¿Están recortando nuestras imágenes ahora? Se está poniendo interesante la cosa.
—Ya lo sé —repite.
—¿Quién ha tomado la decisión? ¿Quién ha cancelado el directo?
Mark la mira fijamente, con la mandíbula apretada. Los dos conocemos la respuesta a esa pregunta.
Delilah resopla.
—No puede…, no puede cancelar las putas noticias, Mark. ¿De qué van a informar en Baltimore? ¿Otra vez de la basura del puerto? ¿Quizá de la migración de los gansos?
Le toco suavemente la parte baja de la espalda, y Delilah exhala un sonido áspero. Suena muy parecido a: «Será cabrón».
—¿Qué ha dicho el equipo de producción? —pregunto yo.
Mark se balancea sobre los talones, reticente. Sigue mirando de reojo a Delilah con preocupación y recelo, como si esperara que empiece a usar los cables auxiliares como arma. Delilah se fija en su vacilación y se marchita como una flor.
—No te preocupes por mis sentimientos, Mark. —Se quita el gorro y lo mete en el mismo bolsillo donde guarda las gafas de esquí—. Voy a averiguarlo aunque no me lo digas.
En la cara de Mark se refleja cierta compasión, y se me forma un nudo en el estómago.
—Delilah —intento decir—, a lo mejor deberíamos ir a tomar un café…
Ella extiende una mano y me tapa la boca sin apartar la mirada de Mark.
—Dímelo —le exige.
—Han cambiado el directo por un segmento sobre cómo prepararse para la nieve.
Keith dice que la ciudad es su principal prioridad, no…
—Traga saliva y echa un vistazo a su alrededor, por el pequeño vestíbulo.
Lottie sigue colocando el resto del desayuno.
Unos cuantos camioneros despistados están junto a la ventana, mirando la tormenta—.
No un montón de nieve acumulada en algún lugar remoto.
También dice que quiere a alguien más profesional en las noticias.
—Se rasca la mandíbula—. Leon va a dar el pronóstico.
Delilah se lo queda mirando.
—Leon va a dar el pronóstico —repite, con la voz como si acabara de dar varias vueltas al perímetro del lago. Baja la mano de mi boca sin mirarme—. ¿Leon va a dar el pronóstico del tiempo?
Mark asiente.
—Leon va a… Leon va a dar el pronóstico del tiempo —anuncia con una entonación diferente, pronunciando la frase con calma, acelerando en algunas partes y reduciendo la velocidad en otras—.
Leon va a dar el pronóstico del tiempo. Leon va a dar el parte del tiempo.
Leon…, que creo que tiene un título en ciencias políticas y comunicación pública…
, va a dar el pronóstico del tiempo. —Enseña los dientes en una mueca de desdén—. ¿Leon es más profesional que yo?
Mark se acerca y le da una palmadita breve e incómoda.
—Ya lo sé, Delilah.
—El pronóstico del tiempo es mío, Mark.
—Lo sé. —La palmea de nuevo.
—¿Puede hacerlo? —pregunto—. Estamos colaborando. ¿No tiene que pedirle permiso a Maggie?
Saca el teléfono del bolsillo y mira la pantalla.
—Sí, Keith puede tomar esa decisión sin consultar a vuestro equipo.
Los presentadores no mandan nada, y al final la decisión es de él.
Obtuvo el control total de las decisiones sobre el contenido con las negociaciones de su último contrato.
Los de producción dicen que usó vuestro…
, en fin, vuestro… momento del otro día como justificación.
Así que Keith no se lo tomó tan bien como dio a entender.
—Cómo no. —Delilah palidece. Se gira hacia la ventana y arruga la nariz, apretando los dientes en las comisuras del labio inferior.
Intenta recomponerse, reprimirlo todo. Lo hace a menudo.
Se esconde tras su sonrisa y su personalidad radiante.
Las usa para distraer la atención de todo aquello que cree que será demasiado feo para los demás.
Sin embargo, no quiero que se esconda de mí.
—¿Qué se supone que debo hacer? —susurra—. Jackson. —Agarra la manga de mi chaqueta—. ¿Qué voy a hacer?
Siento de nuevo una pesada punzada en el pecho. Esa que es una cuerda que se tensa cada vez más. El giro de una llave en una cerradura oxidada.
—¿Qué quieres hacer? —le pregunto.
—No lo sé. Una parte de mí está tan furiosa que quiero llamar a Keith y decirle cuatro cosas.
La otra parte quiere esconderse. —Desplaza los ojos hacia Lottie, que está en la mesa del desayuno, y luego hasta Mark, que rebusca en su mochila junto a la puerta, y finalmente me mira a mí—. Me da muchísima vergüenza —musita.
—¿Por qué? —digo también en voz baja.
—Pensé que con este reportaje tendría una verdadera oportunidad.
Pensé que podría demostrar mi valía. Pero Keith ha estado esperando una excusa para desacreditarme, y se la he servido en bandeja de plata.
—Se le rompe la voz, y siento una opresión en el pecho.
Respira con dificultad—. Mi abuelo ve el informativo todos los días, Jackson.
No sé cómo explicárselo de una manera que me vaya a entender.
—Se frota la nariz—. No quiero decepcionarlo —añade en un susurro.
Al fin me permito rodearle los hombros con las manos y se los aprieto con firmeza.
—No lo vas a decepcionar.
—Me va a buscar y no me verá. —Le tiembla la barbilla hasta que aprieta los labios. Le agito los hombros.
—Te verá.
Parpadea, con el rostro contraído por la confusión.
—¿Cómo?
Miro a Mark, que revisa sus cosas junto a la puerta. Los cables, los alambres, la mochila. Tenemos todo lo que necesitamos. Delilah y yo ya estamos preparados. Tenemos los apuntes y, por una vez, mi ansiedad ha desaparecido por completo.
—¿Qué te parece si tomamos el poder por la fuerza?