Una conexión imprevista CAPÍTULO 6 JACKSON #2
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CAPÍTULO 6 JACKSON #2

—Que sí, que sí. —Asiente—. Tómatelo como un favor que nos haces a nosotras en este momento. —Me agarra del brazo con las dos manos e intenta sacudirme—. Abandona el nido, hermano mayor. Extiende las alas y vuela alto.

—¿Qué has estado viendo en la tele? —Frunzo el ceño.

—He escuchado pódcast inspiradores. Superútiles. —Me zarandea por última vez y luego se dirige a mi puerta dando saltitos—. Ah, y, si pudieras hacerte muy amigo de Delilah, sería estupendo. Adeline y yo queremos invitarla a cenar.

La amistad es lo último en lo que pienso cuando a la tarde siguiente llego al aparcamiento de la emisora. El coche de Delilah está estacionado en su sitio habitual.

Es decir, a medio camino de mi sitio habitual. El Volkswagen Beetle rosa pálido está cruzando tanto la línea que apenas puedo abrir la puerta de mi vehículo.

Un envoltorio de sándwich medio roto llama mi atención mientras intento desenredar mi bandolera del parachoques delantero de mi coche. Entrecierro los ojos y me doy cuenta de que es una nota. Pegada con cinta adhesiva en la ventanilla del copiloto de su vehículo.

«La próxima vez intenta aparcar en otro sitio», dice.

Incluso ha dibujado una carita sonriente.

—No sé por qué te haces esto. —Aiden aparece junto a mi parachoques y me da una palmada fuerte en el hombro para empujarme hacia delante y sacarme de entre los dos coches—. Podrías aparcar en otra plaza.

—Ya lo sé. —Arrugo el envoltorio del sándwich. Tiene algo vagamente pegajoso—. Pero esta es la mía.

Es una cuestión de principios. O algo así.

—¿Tenías la esperanza de quedarte atrapado entre los coches para no tener que entrar?

—Puede. —Compongo una expresión impasible.

La vergüenza de estar atascado junto a mi Honda Accord por la loca del volante palidece en comparación con lo que está a punto de suceder en el estudio.

Hoy presentamos la colaboración entre 101.

6 LITE FM e YBAL News en Fibra sensible .

Tenía mis dudas sobre que Delilah y yo apareciéramos en el programa de historias de amor para el anuncio, pero Maggie ha insistido.

«Es nuestro programa más popular, Jackson.

Es probable que tengamos mayor alcance, Jackson.

No seas ridículo, Jackson. No hay discusión posible, Jackson».

Miro fijamente la entrada de la emisora como si me acercara a la guillotina.

—Es solo un poco de pánico escénico —me asegura Aiden—. En cuanto empieces, te acostumbrarás. Todo saldrá bien.

—Mejor que bien —añade otra voz. El alma gemela de Aiden aparece detrás de él, y los tres formamos la conga más desganada que jamás se haya visto en este aparcamiento. Lucie me sonríe—. Lo vas a hacer genial, Jackson. Es justo lo que necesitas.

—¿Humillarme públicamente? —Me ajusto la mochila.

Ella se ríe, y observo cómo el sonido impacta en Aiden. Se inclina hacia Lucie con mirada tierna. Unos pajaritos azules empiezan a revolotear a su alrededor. Veo corazones flotando junto a sus sienes.

Intento darme la vuelta y regresar a mi coche, pero Aiden me rodea con un brazo por la cintura y empieza a arrastrarme a la fuerza hacia la emisora.

—Es hora de quitarse la tirita de golpe, amigo mío.

—¿Vamos a quitarnos tiritas? —Delilah aparece al borde de la acera, un poco sin aliento, con su monstruosa chaqueta sobre los hombros.

Parece aún más pequeña de lo normal, envuelta en la gruesa tela, con dos manchas rosadas en las mejillas.

Sus ojos se posan en mí y su sonrisa se transforma en algo travieso—.

Yo me apunto a arrancarnos las tiritas de un tirón.

Quizá un café derramado sí que invalida un contrato escrito en un pósit.

Y yo que pensaba que el otro día en la cafetería habíamos progresado bastante.

—Delilah —la saludo.

—Jackson —responde entre risas—. Estaba pensando. Deberíamos buscar un nombre.

—¿Un nombre?

—Para nuestra sección.

—¿Necesita un nombre?

—Estaría bien, ¿no crees? —Se encoge de hombros.

—¿Por qué no la llamamos «Jackson y Delilah informan del tiempo» y ya está?

—Vaya —responde con cara seria—. ¿Se te ha ocurrido a ti solito?

Me rasco la nuca. No voy a avergonzarme por hacer una sugerencia de lo más razonable.

—¿Qué idea tenías?

—Pues mira, hay varias opciones. —Mete la mano en el bolsillo y saca un trozo de papel estrecho y arrugado.

Parece una bolsa de papel pequeña, así que supongo que la semana pasada fue a la farmacia—.

«Jackson, Delilah y Olaf en Maryland», «Lo que la nieve se llevó», «Feliz Nevadad», «Jackson y Delilah, un tiempo juntos»…

—Ese —digo rápidamente—. Ese es el que quiero.

—Genial. —Desplaza los ojos hacia mí, y su sonrisa parece duplicarse—. Tú debes de ser Lucie. —Avanza arrastrando los pies con su ridículo abrigo. Había olvidado que Aiden y Lucie estaban a nuestro lado—. Soy una gran fan. El invierno pasado escuché todos tus programas.

—¿Estás de broma? —Lucie se lleva las palmas a las mejillas—. Yo sí que soy una gran fan. Me encantó el reportaje que hiciste sobre el restaurante Papermoon Diner.

A Delilah se le iluminan los ojos al moverse, emocionada.

—Uy, a mí también me encantó ese reportaje. Es uno de mis lugares favoritos de la ciudad.

—El mío también. A mi hija le encantan las figurinas. Y las tortitas.

Y desconectan así como así. Lucie y Delilah se enfrascan en una conversación vertiginosa sobre las peculiaridades de Baltimore mientras Aiden y yo nos quedamos estupefactos a su lado.

Aiden, supongo, rebosante de cariño por el amor de su vida.

Yo, ahogándome por el temor ante la pesadilla que me espera dentro.

Puede que esté deseando cubrir un evento meteorológico importante, pero aún no he descubierto cómo controlar mi ansiedad al respecto.

Soy meteorólogo de radio y me encantan los datos, pero odio hablar durante más de quince segundos.

Por eso informar sobre el pronóstico del tiempo siempre me ha resultado más fácil.

Recopilo los datos, preparo mi guion y leo mis notas.

Es difícil equivocarse con «posibilidad de chubascos, no olvidéis el paraguas».

He encontrado consuelo en lo predecible.

Suelo perder el hilo cuando tengo que improvisar.