Una conexión imprevista CAPÍTULO 5 DELILAH #3
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CAPÍTULO 5 DELILAH #3

Para eso estudié. Para eso me contrataron en el canal. Era lo que soñaba, tumbada en el suelo del salón de mi abuelo, viendo a Bob Turk en el viejo televisor lleno de electricidad estática.

—Por eso quería reunirme contigo antes de que aceptaras la cobertura de la tormenta de nieve —añado lentamente—. Creo que es otra trampa de Keith.

—¿Crees que te envía a un lugar dejado de la mano de Dios para que quedes como una idiota?

—Encajaría con su comportamiento reciente, sí.

Y es la primera vez que me da la sección del tiempo desde aquella estúpida reunión de marketing .

Creo que está jugando a dos bandas y espera ponerme en, por lo menos, siete situaciones ridículas durante el reportaje.

—Le dedico una sonrisa forzada—. No tienes por qué participar.

—Pero tú vas a seguir adelante —deduce Jackson—. Aunque crees que Keith tiene segundas intenciones. ¿Por qué?

Dudo si contarle la verdad. ¿Puedo confiar en Jackson? ¿Lo entenderá?

¿O lo usará en mi contra más adelante?

—En realidad, no me importa por qué Keith me da esta oportunidad —respondo—.

Quiero usarla para demostrarle que no soy el desastre en el que intenta convertirme.

Me encanta este trabajo. Se me da bien. Y creo que, si salgo y cumplo con esta cobertura sin todo el circo, Keith podría dejarme dar el parte del tiempo.

—Miro disimuladamente a Jackson, pero en sus ojos no hay juicio ni diversión.

Solo una atención absorta que rara vez he sentido—.

Quiero hacer mi trabajo sin convertirme en un hazmerreír, ¿sabes?

Patty llega con una bandeja en la mano y descarga los platitos en el mostrador frente a nosotros.

Dos cruffins y un dónut más o menos del tamaño de mi cabeza, completamente cubierto de virutas de colores.

Jackson desliza el dónut delante de mí sin decir palabra, y agradezco la distracción.

Es como si acabara de abrirme el pecho en canal y le hubiese mostrado algunas de mis partes más íntimas.

—¿Y tú? —le pregunto, quitando las virutas una a una y llevándomelas a la boca—. ¿Qué esperas sacar de este encargo?

Él pasa el pulgar por la letra escrita en el asa de su taza. Su nombre está escrito con letras redondeadas, con un corazón en lugar de la «O» al final de «JACKSON». Conozco sus notas lo suficiente como para saber cómo es su letra. Otra persona garabateó su nombre en la cerámica.

—Soy el tutor legal de mis hermanas —dice en voz baja.

Mis ojos se clavan en los suyos—. Tienen quince años y son…

—Suelta una risita corta—. Están muy entusiasmadas con esto.

Con la idea de que pruebe algo diferente.

Por lo visto —alarga la última palabra—, soy más aburrido de lo que pensaba.

O quizá es que soy tan aburrido como pensaba. No quiero decepcionarlas. Y…

Se detiene y traga saliva; la larga línea de su garganta se tensa y se relaja.

—¿Y? —le pregunto.

—Y creo que necesito probar algo diferente. Algo nuevo. Creo que necesito salir de mi zona de confort. Creo que necesito saber que puedo hacerlo.

Jackson, el pulcro y ordenado, intenta romper con su rutina.

—¿Me das un pósit? —Le sonrío.

Jackson dirige los ojos hacia mis labios, pero enseguida vuelve a subirlos.

—¿Quién dice que llevo pósits encima?

—Por favor. —Pongo los ojos en blanco—. Sé que siempre los llevas contigo. —Extiendo la mano, con la palma hacia arriba, y muevo los dedos—. Dame uno.

Murmura algo entre dientes antes de buscar en su chaqueta cuidadosamente doblada y sacar una pila cuadrada de pósits amarillos. Me los da todos.

Agarro un bolígrafo suelto y enseguida empiezo a escribir. Jackson se inclina hacia delante intentando verlo, pero acerco el papel a mi pecho y lo protejo con la mano.

—¿Qué escribes? —resopla Jackson, inmóvil.

—Un contrato —le digo sin levantar la vista—. Los dos nos portaremos bien. Si aceptamos la colaboración, tenemos que ser un verdadero equipo.

Cuando termino, le tiendo la nota. Sus ojos azules recorren lo que he garabateado, y luego una sonrisa burlona se dibuja en las comisuras de sus labios.

Yo, Delilah Stewart, prometo portarme bien durante todo el viaje.* Nada de peleas, burlas ni sabotajes al aparcar.

*Salvo percances o errores.

—¿Así que admites que lo de aparcar mal es intencional? —me pregunta.

—No he admitido nada de eso.

Se ríe. Es una carcajada grave y ronca.

—Me gusta el asterisco.

—He pensado que, si te lo garantizaba, tendrías tus dudas.

—Bien visto —replica extendiendo la mano—. Ahora me toca a mí.

Le doy el bolígrafo y él garabatea algo en la notita.

—Listo —exclama. Le doy la vuelta a la nota y leo. Se me escapa una risotada.

Yo, Jackson Clark, prometo portarme bien durante todo el viaje.* Nada de peleas, burlas ni notas tristes en las ventanillas del coche.

*Y aceptaré los percances y errores sin protestar.

Me río. Jackson sonríe, satisfecho consigo mismo. Dejo la libreta junto a mi plato de virutas y le tiendo la mano.

—¿Trato hecho? —le pregunto.

Tiene los ojos fijos en mí. Son brillantes, de un azul intenso.

Desliza una mano hasta la mía. Ignoro el cosquilleo en el estómago y la aprieto fuerte.

—Trato hecho.