CAPÍTULO NUEVE
—¿Me estás diciendo que pueden hacer qué? —pregunta Zoe con los ojos como platos.
Todas estamos apiñadas en el salón principal del sector humano, convocadas para lo que delicadamente denominaron una «sesión de orientación anatómica y fisiológica».
Que en lenguaje alienígena viene a significar «vamos a explicaros cómo funcionan nuestros cuerpos para que no os asustéis cuando pasen cosas raras».
—Generación bioeléctrica —repite la oficial médica zoranthiana, la Dra.
Nev'Ra. Es una mujer esbelta con piel color pervinca y la expresión más serena que he visto en mi vida, humana o alienígena—.
Todos los zoranthianos producimos corrientes eléctricas como subproducto de nuestros procesos celulares.
La mayoría puede controlar y dirigir estas corrientes en diversos grados.
Riley, siempre tan científica, se inclina hacia delante fascinada.
—¿Como las anguilas eléctricas de la Tierra?
—El principio es similar, aunque nuestra biología es considerablemente más compleja —dice la Dra.
Nev'Ra sin un ápice de arrogancia—. La intensidad y el control varían según el individuo.
Algunos solo producen electricidad estática, mientras que otros —me lanza una mirada significativa—, en particular los de linaje real, pueden generar suficiente energía para alimentar pequeños dispositivos o incluso inutilizar sistemas electrónicos cuando las emociones se desbordan.
Eso explica los rumores del palacio sobre que Kai dejó sin luz medio palacio después de nuestro encuentro. Noto que me arden las mejillas al recordar su mano sobre la mía, esa extraña sensación de hormigueo que, por lo visto, era él generando electricidad literalmente como reacción a mi contacto.
—¿Es... peligroso? —pregunta una mujer morena cuyo nombre no recuerdo—. Para los humanos, me refiero.
—Normalmente no —nos asegura la Dra. Nev'Ra—. La descarga eléctrica está calibrada biológicamente para resultar inofensiva en el contacto casual. Sin embargo, en momentos de emoción intensa o... encuentros íntimos... la intensidad puede aumentar.
La forma en que dice «encuentros íntimos» hace que varias mujeres se remuevan incómodas en sus asientos. Intento mantener una expresión neutral mientras mi cerebro, muy inoportuno él, evoca imágenes de lo que podría suponer una «emoción intensa» con Kai.
—O sea, que lo que estás diciendo —aclara Morgan— es que los hombres zoranthianos... echan chispas cuando se excitan.
La expresión serena de la Dra. Nev'Ra no se inmuta.
—Una evaluación cruda pero esencialmente precisa.
—¿Y qué se siente? —pregunta otra mujer—. Para la humana, digo.
—Los informes de anteriores... encuentros interespecies sugieren que la sensación no resulta desagradable para los humanos —dice la Dra. Nev'Ra con desapego clínico—. A menudo se describe como un «calor hormigueante» o una «vibración placentera» que puede potenciar ciertas respuestas fisiológicas.
Dios mío. Nos están diciendo que nuestras parejas alienígenas pueden hacernos sentir hormigueos literalmente durante el sexo. No sé si horrorizarme o sentir intriga. Puede que las dos cosas.
—Pasemos a las consideraciones anatómicas generales —continúa la Dra.
Nev'Ra, tocando un dispositivo de cristal que proyecta una imagen holográfica de un zoranthiano en el centro de nuestro círculo.
La figura está, gracias a Dios, vestida con lo que parece una bata de examen médico, pero aun así nos ofrece una visión clara de su fisiología básica.
—Como pueden observar, los zoranthianos compartimos una estructura humanoide con locomoción bípeda y simetría bilateral. Entre las diferencias notables están nuestra altura —un promedio de entre el 20 y el 30% más que la media humana— y nuestras propiedades dérmicas.
El holograma amplía una sección de piel azul y la magnifica para mostrar una estructura celular compleja que, efectivamente, no se parece en nada a la piel humana.
—Nuestra epidermis contiene células especializadas que generan y conducen corrientes bioeléctricas. Estas células también son responsables de la variación cromática que observan en nuestra población: desde el azul celeste pálido en la juventud hasta el índigo profundo en la edad avanzada.
—Como el pelo azul que se vuelve blanco, pero en todo el cuerpo —resume Zoe.
—Una analogía imperfecta pero útil —reconoce la Dra. Nev'Ra.
Riley levanta la mano como si estuviéramos en clase.
—¿Y la fisiología interna? ¿El sistema cardiovascular? ¿Las funciones respiratorias?
—En líneas generales, similar a la de los humanos, aunque con adaptaciones significativas —la Dra.
Nev'Ra manipula el holograma para mostrar una sección transversal de órganos internos—.
Los zoranthianos poseemos un sistema cardiovascular dual con dos corazones especializados: uno para la oxigenación y otro para la distribución eléctrica.
—Dos corazones —murmuro—. Como un Señor del Tiempo.
La Dra. Nev'Ra me mira perpleja.
—No conozco esa especie.
—Es de una serie de televisión —explico, algo avergonzada—. No es real.
Asiente y continúa.
—Nuestro sistema respiratorio extrae oxígeno de nuestra atmósfera con una eficiencia aproximada del 150% respecto a los pulmones humanos, lo que nos permite funcionar con normalidad en entornos que los humanos considerarían pobres en oxígeno.
La orientación continúa con explicaciones detalladas del sistema digestivo zoranthiano (por lo visto pueden comer casi cualquier cosa, pero no toleran la cafeína), su capacidad de curación acelerada (heridas que en humanos tardarían semanas en sanar se curan en días) y su longevidad (el zoranthiano medio vive unos 200 años terrestres).
Justo cuando creo que ya hemos terminado, la Dra. Nev'Ra carraspea con delicadeza.
—Ahora debemos abordar la reproducción y la fisiología íntima.
La sala queda en silencio. Esto es lo que todas hemos temido y, a la vez, lo que nos ha despertado una curiosidad morbosa desde que nos dimos cuenta de que estábamos emparejadas con alienígenas.
—Debido a las diferencias biológicas entre nuestras especies, puede que sean necesarias algunas... adaptaciones... para que las relaciones íntimas resulten cómodas —comienza con diplomacia.
—Vaya al grano, doctora, ¿qué nos espera? —dice Morgan sin rodeos.
La compostura de la Dra. Nev'Ra flaquea por una milésima de segundo antes de recuperar su actitud clínica.
—Muy bien. En cuanto a la anatomía reproductiva externa, los zoranthianos poseen un órgano reproductivo primario que, en estado de reposo, permanece dentro de una vaina protectora —ajusta el holograma, que afortunadamente sigue siendo abstracto y no gráfico—.
Cuando hay excitación, el órgano emerge y se expande hasta alcanzar un tamaño entre un 25 y un 30% mayor que el equivalente humano.
Oigo algunos jadeos y lo que podría ser un «joder» susurrado en algún punto del círculo.
—El órgano contiene nodos eléctricos especializados que se activan durante el contacto íntimo —continúa, al parecer ajena a nuestras reacciones—. Estos nodos pueden generar sensaciones placenteras en contacto con una fisiología compatible.
—¿Y los humanos tenemos fisiología compatible? —pregunta Riley; su curiosidad científica parece imponerse a cualquier vergüenza.
—Sorprendentemente, sí —confirma la Dra. Nev'Ra—. Los sistemas nerviosos humanos responden positivamente a la estimulación eléctrica controlada, como ha documentado vuestra propia investigación médica.
No se equivoca. Recuerdo haber leído algo sobre eso en un artículo de revista que ni loca voy a mencionar aquí.
—Además —continúa—, los machos zoranthianos pueden mantener la excitación máxima durante mucho más tiempo que los machos humanos: varias horas, si así lo desean.
¿Varias horas? Se me corta la respiración, y no soy la única. Todas las mujeres cambiamos de postura a la vez, lo que sugiere que estamos procesando esta información de formas muy personales.
—¿Y qué hay de... la compatibilidad en otros aspectos? —pregunta una pelirroja desde el fondo—. Genéticamente, quiero decir. ¿Pueden los humanos y los zoranthianos reproducirse?
—Excelente pregunta —dice la Dra. Nev'Ra, visiblemente aliviada de volver a la ciencia pura—.
La reproducción natural entre nuestras especies es, por ahora, hipotética.
Sin embargo, nuestras estructuras genéticas son lo bastante compatibles para que las relaciones íntimas sean posibles y seguras.
Cualquier intercambio de material genético no causaría reacciones adversas.
—Menos mal que no seremos alérgicas al esperma alienígena —murmura Morgan, provocando que varias mujeres repriman una carcajada.
La Dra. Nev'Ra no lo oye o decide ignorarlo. —Para aquellas que consideren vínculos de pareja a largo plazo, nuestros científicos han desarrollado métodos para fusionar material genético humano y zoranthiano en laboratorio, aunque estas técnicas aún son experimentales.
Y ahí está: el recordatorio de que, por muchas conexiones personales que formemos, detrás de todo sigue habiendo un objetivo: resolver su crisis genética.
—¿Se espera que participemos en estos experimentos? —pregunto, sin poder evitar cierta brusquedad.
La Dra. Nev'Ra se vuelve hacia mí y su expresión se suaviza ligeramente. —La participación en cualquier investigación genética es completamente voluntaria, Emma Taylor. El príncipe Kai'Varr ha sido tajante al respecto. Su autonomía corporal debe respetarse sin excepción.
Bueno, algo es algo.
—Una última nota fisiológica que puede ser relevante para las humanas emparejadas con el linaje real —añade, y me doy cuenta de que ahora me habla específicamente a mí—.
Los miembros del linaje real poseen capacidades eléctricas intensificadas, vinculadas directamente a sus estados emocionales.
Pueden manifestarse de formas que resultarían sorprendentes para los no iniciados.
—¿Sorprendentes cómo? —pregunto con cautela.