Una bruja nada perfecta para el demonio (Raven Hollow 2) CAPÍTULO 13
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CAPÍTULO 13

—Bienvenida al centro social de Raven Hollow. —Kaelis abrió la puerta del local, dejándoles entrar.

Jericoks tenía ese olor a comida de verdad propio de un restaurante de pueblo.

Carne a la parrilla, pan recién hecho, patatas fritas y cerveza.

Había algo acogedor, pero también muy masculino en el lugar, lo cual probablemente tenía que ver con las maderas nobles que le daban carácter al local.

No era excesivamente grande, contabilizó unas seis mesas entre la puerta y la barra, así como un pequeño comedor retirado a la izquierda.

Los clientes parecían preferir la primera, ya que solo quedaban un par de taburetes libres, mientras que los demás estaban ocupados.

El murmullo de las conversaciones llenaba el espacio, mezclándose con alguna carcajada ocasional, el tintineo de vasos y el suave sonido de la música saliendo del altavoz situado en una esquina.

Gianna apenas tuvo tiempo de asimilarlo todo antes de notar varias cabezas volviéndose hacia ellos en cuanto cruzaron el umbral.

Maravilloso, vuelvo a ser el centro de atención.

Pegó una sonrisa ensayada en los labios y correspondió a algunas miradas, dejando claro que le importaba un comino lo que pensase esa gente.

—¿Que te miren como a un extraterrestre es algo típico del pueblo o solo pasa conmigo? —murmuró, ladeando el rostro para encontrarse con el de su marido, quien la había seguido mientras Kae seguía sujetando la puerta.

—Te miran porque Greyson Malakai acaba de aparecer en el pueblo acompañado de una mujer atractiva y desconocida. Raven Hollow tardará exactamente… —respondió el demonio, mirando un reloj imaginario—, unas tres horas en convertir vuestro matrimonio en una noticia oficial.

—Eso es inquietante —admitió.

—Y tremendamente eficiente —añadió con lo que empezaba a ver era su típico entusiasmo.

—Vamos. —Una mano masculina acabó sobre su espalda, provocándole un cosquilleo. Su marido no solía tocarla a menos que tuviese que apartarla, enseñarle ciertas posiciones o evitar que se rompiese la cabeza en alguna caída. Ese solo contacto, sin embargo, bajó sus niveles de ansiedad al momento.

Avanzaron por el local con esa calma sólida suya mientras algunos de los presentes lo saludaban y se interesaban por él o por el rancho. No había duda de que era un miembro más de la comunidad.

—Oye, Grey, ¿qué tal van las cosas por el rancho? —lo saludó un hombre.

—¿Qué hay, Tom? —respondió con un gesto de la cabeza—. Las cosas van bien.

—Me alegro —confirmó el tipo, visiblemente satisfecho, deslizando la mirada con abierta curiosidad sobre ella.

—Buenas noches.

—Buenas noches, señora —correspondió a su saludo con visible entusiasmo.

—Tom Grady tiene una granja unos kilómetros más al sur —le explicó, mientras continuaba hacia la barra.

—Buenas noches, Grey —saludaron desde otra mesa—. ¿Y esta encantadora señorita?

— Señora , Turner. —Lo corrigieron desde la barra—. ¿No es así, Greyson?

—Sí, así es —declaró y, para su absoluta sorpresa, se detuvo, se dio la vuelta y, enlazándola ahora por la cintura, anunció con esa voz potente y franca—. Les ahorraré suposiciones. La mujer que me acompaña es mi esposa, Gianna. Y, ahora, si nos disculpan, vamos a cenar.

Mientras ella lo miraba pasmada, Kae soltó una carcajada, a la que se le unió otro par de ellas en torno a la sala. Pronto empezaron a llover todo tipo de saludos y bienvenidas dirigidos a ambos o a ella.

—Bienvenida a Raven Hollow , señora.

—Felicidades por vuestro matrimonio.

—Nos quedamos sin otro de nuestros magníficos solteros.

Hombres y mujeres expresaban abiertamente sus opiniones, independientemente de quién las estuviese escuchando. Curioso, sin duda.

—Y luego dices que no te gustan los dramas —canturreó Kaelis, pasando delante de ellos y dirigiéndose hacia una sección de la barra en particular.

—¿Eso era necesario? —preguntó ella a su vez, solo que en tono más discreto.

—Mejor atajar los rumores de una vez que dejar que acabes subiéndote por las paredes y provocando… algún nuevo desastre.

—No estaba ni remotamente cerca de subirme por las paredes.

—Claro que no —la ironía en su voz la hizo resoplar.

Optó por ignorarle y recorrió discretamente la barra del bar. Kae acababa de inclinarse sobre la barra y hablaba de manera bastante íntima con el hombre que había detrás. Tan íntima que acabó agarrándole de la camiseta y comiéndole la boca allí mismo.

Vaaale.

—Gael es el brujo de Kaelis —le informó Greyson, notando sin duda la dirección de su mirada—. Tienen una historia en común que se remonta… mucho tiempo atrás.

—Ya veo —musitó en respuesta, solo para ver cómo la pelirroja que ocupaba el taburete frente a ellos se echaba a reír y le daba unos tironcitos a la chaqueta del demonio.

Este sonrió ampliamente y se inclinó sobre ella, besándola a su vez en los labios, para acto seguido volverse y señalarlos a ellos con un gesto.

—Y esa es Marian —añadió su compañero—. La bruja de ambos y su pareja.

Ahora entendía lo que Kaelis había querido decir con sus «brujos». Los tres estaban juntos y, a simple vista, se los veía muy compenetrados.

Grimmi, que hasta ese momento había guardado silencio, canturreó en su mochila.

—¿En serio? —murmuró en respuesta al comentario de su libro—. Lo que te gusta un culebrón, ¿eh?

El canturreo se intensificó, hasta darle la sensación de que se estaba riendo.

—Sí. Es distinta a Gianna. —Fue Greyson el que respondió al murmullo de su libro—. Marian no nació bruja. Su magia es heredada, por eso la percibes de esa forma. Ella es una tejedora de hechizos. Necesita escribirlos para dar salida a su magia.

— Ey , Grey. —Lo llamó el hombre detrás de la barra con un gesto.

Era igual de atractivo que Kae, también de pelo oscuro, aunque castaño, mientras que el del demonio era negro azabache.

Y tenía unos ojos verdes amables, en un rostro sereno y amistoso.

Llevaba el pelo peinado hacia atrás y una camiseta negra con el logo del local, que dejaba a la vista un par de brazos fuertes, como los de un leñador.

—Gael es mucho más tratable que Kaelis —añadió en voz baja, sus dedos le acariciaron la cadera con gesto descuidado mientras la instaba a avanzar—. Tiene la sensatez que le falta a ese chalado.

—Entonces es la pareja perfecta —respondió también bajito, dejándose guiar.

—Empezaba a pensar que tendría que enviarte a Kae para hacerte salir del rancho.

—La voz de Gael era profunda, agradable, con un acento que no acababa de ubicar—.

Nos llevamos una grata sorpresa al saber que te habías casado…

—Añadió, mirándola ahora a ella y dedicándole una cálida sonrisa—. Felicidades a los dos.

—Gracias —correspondió ella, mientras su acompañante asentía.

—Felicidades, Grey —añadió también la pelirroja. Ahora que estaban cerca, podía notar ese cosquilleo típico de la magia, pero era algo sutil, luminoso y al mismo tiempo salvaje. No sabía cómo describirlo. No se trataba de magia elemental, sino de una mezcla de muchas cosas.

Grimmi canturreó bajito, correspondiendo a esa huella en el ambiente.

—Y a ti también, Gianna, ¿verdad? —Sonrió la chica, tendiéndole la mano a modo de saludo—. Soy Marian, la pareja de estos dos.

—Gia, sí —afirmó, correspondiendo a su saludo. En el momento en que estrecharon las manos, algo chisporroteó entre ambas, sobresaltándolas a la vez—. Joder…

—Caray…

Se miraron y se echaron a reír.

—Perdón —se disculpó la pelirroja—. Todavía no me acostumbro del todo a estas cosas…

—No eres la única —admitió, sentándose en el taburete libre frente a la chica—. Yo misma tengo algunos problemillas…

—Te quedas corta… —mencionó su marido, apoyándose en la barra.

—Todavía no he mandado tu casa a Oz, ¿no?

—Nuestra casa —la corrigió, como siempre—. Y gracias a Dios que no.

El trío se miró entre ellos y hubo distintas reacciones, desde sonrisas a disimuladas risitas.

—¿Qué os había dicho? —ronroneó el demonio, dirigiéndose a sus compañeros.

—Bienvenida oficialmente a Raven Hollow. —Gael se dirigió a ella antes de mirar a Greyson—. Os quedáis a cenar, ¿verdad?

—No nos han dado otra opción —replicó él, fulminando a Kaelis.

—¿Es que un demonio no puede invitar a su mejor amigo a una cena para celebrar su reciente matrimonio? —se justificó este.

—No somos mejores amigos.

—Sigue resistiéndote, pero ya caerás…

Gianna alternó la mirada entre uno y el otro, antes de posarla sobre la bruja.

—¿Son siempre así?

Marian cabeceó.

—Desde que Kae se enteró de que había otro demonio en Raven Hollow —afirmó, bajando la voz al pronunciar la palabra demonio .

—Hay que apoyar a la comunidad —replicó el aludido.

—Déjale en paz antes de que decida que se ha cansado de ti y de tu verborrea, anda —pidió Gael—. ¿Una cerveza, Grey?

—Sí, gracias —asintió y se inclinó sobre ella—. Jericoks tiene la mejor cerveza artesanal del estado.

—Entonces yo también quiero una —confirmó.

—Marchando dos cervezas.

Mientras el brujo se dedicaba a su trabajo y Kaelis monopolizaba a Grey, Marian y ella empezaron a hablar con la naturalidad de quienes se conocen desde hace tiempo.

Había algo confiable en ella, esa sensación de comodidad que encuentras al hablar con alguien más, al hacerlo de algo que muy pocos entienden.

A pesar de haberse criado como bruja y entre miembros de su comunidad, nunca se había sentido realmente parte de ella.

Siempre estaba saltando de hogar en hogar, de familia en familia.

Si hacía alguna amiga, tenía que dejarla atrás, con lo que al final acabó prescindiendo de ellas…

Pero esto era Raven Hollow , el hombre que estaba a su lado era su marido, era un nuevo comienzo y quizá era hora también de hacer nuevos amigos, especialmente cuando parecían tener tantas cosas en común.

—Así que acepté la invitación de mi tía y me vine a este rincón, donde acabé descubriendo que la magia y lo sobrenatural no era solo folclore —resumió Marian—.

Ellos dos me ayudaron a lidiar con todo ello.

Siguen haciéndolo, de hecho. Sé que tengo todavía un largo camino por delante, así que…

poco a poco. Además, Raven Hollow es mucho mejor de lo que jamás podría haberme imaginado.

Aquí nadie te juzga, nadie te mira por encima del hombro, simplemente te aceptan y eso es… Perfecto.

Echó un vistazo a su alrededor, empezando a entender este lugar.

—Solo llevo una semana aquí. Reconozco que es… pintoresco.

—Dale tiempo. Te acabará conquistando —le aseguró e, inclinándose hacia ella, añadió en voz baja—. Y él también.

La llegada de las cervezas evitó que tuviese que contestar, aunque fue incapaz de no echar un vistazo a Greyson, quien la miró a su vez. Enarcó una ceja a modo de silenciosa pregunta, a lo que respondió con una ligera negativa de la cabeza y una sonrisa.

Al final, la emboscada de Kae resultó ser mucho más agradable de lo que había previsto y también más enriquecedora.

Por primera vez en mucho tiempo, incluso desde antes de llegar a este lugar, Gianna se sintió realmente a gusto entre la gente.

Marian y ella no dejaron de hablar durante un buen rato, se dieron sus respectivos teléfonos y prometieron estar en mayor contacto a partir de ahora.

Greyson también parecía estar cómodo en presencia de sus amigos.

Por mucho que dijese que Kae y él no eran amigos, era obvio que se conocían lo bastante como para resistir las pullas entre uno y otro.

Gael solía ejercer de árbitro, frenando a su demonio cuando este se venía arriba y, para su completa sorpresa, este obedecía sin chistar.

Cenaron en compañía de sus nuevos amigos, disfrutando de un momento de cotidianidad tras una semana de cambios, y no pudo agradecerlo más. Era como encontrar cierta normalidad dentro de su nueva vida, porque eso era lo que tenía ahora; una vida nueva.

Tras despedirse de ellos y prometer a Marian que la llamaría para quedar a lo largo de la semana, dejaron el restaurante y disfrutaron de una caminata nocturna de vuelta a la camioneta.