Una bruja nada perfecta para el demonio (Raven Hollow 2) CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

Greyson había ido al banco a resolver un par de asuntos pendientes y había salido con varios problemas y dos formularios que tendría que devolver firmados la semana que viene.

Al menos les había quedado claro que no pensaba hacer nada telemáticamente.

No quería hablar con una jodida máquina, sino con alguien de carne y hueso que pudiese resolver sus dudas de manera razonable.

Aquellos rifirrafes eran ya habituales cuando se trataba del rancho, lo verdaderamente fuera de lugar era salir de la joyería de Bill con una pequeña caja oscura guardada en el bolsillo interior de la chaqueta y notar su peso cada vez que respiraba.

Sus alianzas de boda.

Había pensado en ellas al ver la nueva documentación que el Casador le había enviado a Gianna.

Una nueva licencia de conducir, su nueva identificación, así como una copia del acta matrimonial que daba validez jurídica a su matrimonio.

Si bien llevaba grabado en la piel la prueba de dicho enlace, ante el resto de la humanidad solo había una manera de probar dicho matrimonio: mediante documentos y el simbólico par de anillos.

Ayer mismo la había visto sentada en el porche con el portátil sobre las piernas, descalza, despeinada y murmurando insultos contra uno de sus clientes mientras Grimmi canturreaba dentro de la casa.

La escena había sido absurdamente doméstica, cotidiana incluso, porque la presencia de esa bruja morena en su casa nunca había sido algo temporal.

No importaba cómo hubiese comenzado todo, ni las circunstancias que los habían unido, ella ocupaba su espacio, su casa, se involucraba en cada rutina, en su propia magia…

y debía confesar que le gustaba, tanto que le resultaba difícil imaginarse el rancho sin ese torbellino de pelo negro, pecas y ojos verdes alterando su vida.

En un momento se encontraba delante del escaparate de la joyería y al siguiente había cruzado el umbral, sorprendiendo a Bill, el anciano joyero de Raven Hollow, al pedirle que le enseñase unas alianzas de boda para su esposa.

Y aquí estaba ahora, con los anillos en el bolsillo, igual que un adolescente incapaz de decidir qué demonios hacer con ellas.

—Y esa es la cara de un hombre que está realmente jodido.

La voz de Kaelis lo arrancó de sus pensamientos, levantó la cabeza y lo vio apoyado contra la camioneta, como si le perteneciese. Gianna mantenía una distancia prudencial, sujetando la mochila contra su pecho mientras alternaba la mirada entre ambos con creciente sospecha.

—¿Qué haces aquí? —No se molestó en ocultar el fastidio en su voz al dirigirse al demonio.

—Ser un ciudadano ejemplar. —Kae sonrió ampliamente—. Como dije, me encontré de casualidad con tu esposa y, viendo que parecía tener dificultades con las cajas que llevaba, me decidí a ayudarla. Ya sabes. Espíritu comunitario.

—Ya. —No se creía ni una sola palabra. Ese demonio nunca hacía nada por casualidad. No conocía el significado de esa palabra.

—Además, Gianna me cae bien.

—Lleváis hablando menos de cinco minutos… —dedujo, dada la obvia reserva de su bruja.

—Y aun así ya me cae mejor que tú —aseguró el demonio con una perezosa sonrisa—. Pero no te pongas celoso, tú sigues siendo mi demonio favorito.

—Eso es porque no te ha puesto todavía a limpiar establos —mencionó ella, atrayendo la atención de ambos. Los miró de hito en hito y se encogió de hombros—. Qué. Es la verdad.

Kaelis dejó escapar un resoplido de risa y levantó ambos brazos a modo de rendición.

—Oh, yo no sobreviviría ni dos días en ese rancho vuestro, primor —aseguró el demonio—. Marian siempre dice que le saco canas a Grey cuando voy a visitarlo y a Galen le sorprende que vuelva a casa con la cabeza sobre los hombros. Imagínate si llego a pasar con él más de un puñado de horas…

—Ambos tienen razón.

—Claro que la tienen, por eso no quieren que te haga enfadar y acabe jodiendo nuestra amistad —declaró él, volviéndose hacia Gianna—. No lo quiere admitir, pero somos besties.

—No somos… lo que sea que signifique eso.

— Mejores amigos —le tradujo ella, visiblemente divertida por el intercambio—. Bueno, ambos sois… ya sabes… demonios.

—Y Grey también es brujo, no te olvides de esa parte —añadió Kae—. Tienes lo mejor de los dos mundos en un solo espécimen. Eso te convierte en una chica con suerte.

—Ni de coña —murmuró ella. Y le sorprendió su falta de convicción.

—Claro que sí. —La sonrisa del incordio se hizo aún más amplia—. Aunque supongo que todavía no lo has probado…

El comentario hizo que ella se sonrojase, lo que le provocó a él unas ganas inmensas de estrangular a ese maldito demonio.

En lugar de eso, señaló con un gesto las cajas que había dejado en el asiento de atrás.

—¿Terminaste con tus asuntos?

—Sí —asintió satisfecha—. Ya tengo los platos y vasos de reemplazo y la referencia anotada para futuras catástrofes atmosféricas en tu cocina.

—Limitemos las futuras catástrofes a fuera de la casa o, mejor aún, evitémoslas.

—Estoy haciendo mi mejor esfuerzo —resopló, rozando el suelo con el zapato—. Ya no tenemos GVNIS volando en torno a la casa. Eso tendría que contar como una victoria.

—¿ GVNIS ? —preguntó Kae genuinamente interesado.

— Gallinas voladoras no identificadas —respondió ella casi con renuencia—. Digamos que se me da bien hacer volar cosas.

—¿Eres una bruja elemental? —La pregunta surgió de boca del demonio, mas sus ojos iban de ella a él, como si necesitase confirmación.

—Algunos días sí y otros días…

—Otros días es un desastre con piernas… —mencionó sin pensar, dando voz a sus silenciosos pensamientos.

—Dijo el obseso del control… —replicó ella, fulminándolo con la mirada.

—Y yo me lo quería perder… —escuchó murmurar a Kae.

Greyson no tuvo que echarle más que un vistazo para ver una sonrisa lenta y peligrosamente divertida curvándole los labios.

Y no era algo que le gustase, nada en absoluto.

Ese demonio había quedado tocado después de todos esos años encerrado en un grimorio, cualquier cosa que se le pasase por la mente era un peligro en sí mismo.

—Bueno… —canturreó—. Dado que ya estáis aquí y que Raven Hollow se muere por conocer oficialmente a la nueva señora Malakai…

—No.

—…podríais veniros a Jericoks —continuó, ignorando su advertencia.

—Kaelis…

—Marian está allí —le dijo, para luego dirigirse a la chica—.

Es mi bruja. Ella también tiene un grimorio, aunque no tan majo.

Le vendría genial conocer a alguien de su mismo sexo y condición.

No nació bruja, su magia es heredada y todavía está aprendiendo a usarla.

Es bastante menos destructiva que tú e igual de problemática. Creo que os caeríais bien.

El libro empezó a canturrear desde la mochila.

—No empieces tú también… —rezongó ella bajito.

—Tiene toda la razón —indicó él—. Te vendrá bien conocer a otras brujas.

El demonio acababa de dar voz a los gorjeos del grimorio.

¿Por qué no le sorprendía? Ese hombre era mucho más poderoso de lo que parecía a simple vista.

Y, a pesar de todo, lo que ambos decían era verdad. A Gianna no le vendría mal estar con otras mujeres de su misma condición, especialmente en un pueblo tan pequeño como este, donde, hasta ahora, la comunidad bruja era muy reducida.

—Y el Jericoks es… —preguntó ella, mirando a uno y a otro.

—El restaurante del pueblo —respondió él, mirando de soslayo al demonio—. Y también el sitio donde Galen y, en especial, este individuo, pasan demasiadas horas molestando a la población.

—Eso suena prometedor —soltó ella, con visible ironía.

—¿Ves? —Kae señaló a Gianna—. Ella sí sabe apreciar el encanto local.

—Sabes lo que es el sarcasmo, ¿verdad? —murmuró ella.

—Calla. No lo estropees. Casi lo tenemos convencido.

Sacudió la cabeza. Sabía perfectamente que ese entrometido no se había acercado por casualidad. Desde que lo conocía, no había dejado de meter las narices en asuntos ajenos, como si no tuviese suficiente con su propia vida, que necesitaba inmiscuirse en la de los demás.

—No teníamos planes para cenar fuera.

—Pues ahora sí los tenéis. —Kaelis sonrió como un depredador satisfecho—. Además, Marian se pondría muy triste si descubre que me he encontrado contigo y tu encantadora esposa bruja y no os he convencido para pasar a saludar.

—Eso suena a chantaje emocional… —Gianna lo miró de arriba abajo—. Y no pareces alguien que sucumba a algo como eso.

—Yo no, pero tú sí, ¿verdad?

La chica abrió la boca para refutar sus palabras, mas no se lo permitió.

—A Marian le encantarás y sé que tú también a ella —insistió el demonio—. Sois las dos únicas brujas en Raven Hollow, ¿por qué no daros la oportunidad a ambas de conoceros?

Ella sacudió la cabeza y soltó un resoplido de risa.

—Desde luego, se te da muy bien enredar a la gente…

—Soy un profesional.

Aquello la hizo reír y el sonido de su risa lo llevó a mirarla con atención.

Con las mejillas ligeramente sonrojadas por el paseo, el pelo oscuro moviéndose con la brisa y esa expresión vivaz que aparecía cuando se olvidaba por unos segundos de resistirse al mundo entero, era una mujer completamente distinta a la que llegó al rancho una semana atrás.

Alguien que empezaba a gustarle demasiado.

—Bueno —dijo finalmente, volviéndose hacia él—. Ya que el secuestrador social insiste tanto…

—Sabía que terminarías cayendo rendida ante mi encanto.

—No exageres, demonio número dos —chistó ella.

Kae se llevó una mano al pecho, escandalizado.

—Grey, tu esposa acaba de darme el segundo puesto.

—Solo porque el primero ya está ocupado.

Gianna volvió a reírse ante su comentario.

—Ya veo que sois buenos amigos —mencionó ella.

—No somos amigos.

—Sigues negándolo. Qué cruel.

Puso los ojos en blanco, comprobó que la camioneta estaba cerrada y señaló la calle ante ellos.

—El restaurante no está lejos —Miró a su esposa—. Podemos ir caminando.

—Muy bien —volvió a ponerse la mochila a la espalda y se acercó a él, buscando inadvertidamente su cercanía, algo que empezaba a saborear de una manera en que no pensó que haría. No tan pronto, al menos—. Caminemos, entonces.

—No os arrepentiréis.

Greyson intercambió una mirada con el demonio, el cual se limitó a sonreírle de vuelta, claramente complacido de haberse salido con la suya.