CAPÍTULO 2 #2
Más allá de su físico, el cual no estaba nada mal, había algo más poderoso, un aura intensa y oscura que tenía que ver con la magia que la había envuelto y lo identificaba como un demonio.
Él le devolvió el escrutinio. La miró sin disimulo, examinándola, casi como si la estuviese evaluando, solo para curvar los labios apenas un instante. Lo suficiente como para que le hubiese dado la impresión de que no la aprobaba.
¿En serio?
No sabía si tomarse aquello como un insulto o un golpe de buena suerte.
Quizás no estuviese todo perdido.
La atención del tipo pasó de ella a Kevin, en quien se demoró un poco más.
—Bienvenidos a Hollow Creek Ranch.
Su voz la hizo tragar. Era profunda y algo grave, de esas a las que no te importaría escuchar recitando cualquier cosa.
Se movió lentamente, como si tuviese todo el tiempo del mundo, y lo hacía con inesperada elegancia.
No era una montaña de hombre, ni siquiera fornido.
Cada músculo que se apreciaba en su cuerpo estaba muy bien definido, sin duda por el trabajo físico, pues dudaba que alguien como él tuviese tiempo para ir a un gimnasio.
— Casador… —Saludó con una ligera inclinación de cabeza, antes de dedicarle un rápido vistazo a ella e ignorarla.
Gia no sabía si echarse a reír o darle las gracias, porque le estaba poniendo las cosas demasiado fáciles.
—Me alegra verte, Greyson. —Kevin correspondió a su saludo, dejando claro que ya se conocían.
Por supuesto. Su hermano conocía a todo brujo o bruja del coven , no en vano tenía que tratar con ellos personalmente a la hora de establecer sus particulares investigaciones.
Unos dedos se envolvieron en torno a su brazo, tirando de ella de manera poco sutil.
Ni siquiera había sido consciente de que se había acercado a su acompañante hasta que notó su agarre—.
Esta es Gianna. Estaba deseando conocerte.
—Y una mierda… —farfulló ella bajito.
El tal Greyson enarcó una ceja y sus labios se estiraron un poco más. No sabía decir si eso era una sonrisa o una mueca de asco.
—Greyson Malakai… —Los presentó—. Gianna Argos.
El tipo volvió a posar los ojos sobre ella y la recorrió una vez más, como quien evalúa una cabeza de ganado para ver si es de su entera satisfacción. No sabía por qué, pero aquello la enfureció hasta el punto de devolverle el mismo trato.
Y fue un error. Ahora que estaban mucho más cerca, su conciencia sobre él se hizo más palpable. Sí. Era alto y más fornido de lo que pensó en un principio, aunque seguía teniendo ese aire elegante y su aroma… Sí, no había duda, era la bergamota que percibió en su magia.
Sintió otro tirón, esta vez en el pecho, justo en el punto exacto en el que estaba su sello, y tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no hacer ni una sola mueca.
—Así que… tú eres la bruja. —Su voz la estremeció. Era incluso más impactante de cerca.
—Así que… tú eres el demonio —respondió usando su misma frase, dejando claro que aquel encuentro le hacía tanta ilusión como parecía hacérsela a él. Ninguna en absoluto.
Se sostuvieron las miradas durante varios segundos, hasta que un ligero carraspeo los llevó a fijarse en otras cosas.
—Ha sido un viaje largo, ¿te parece si pasamos a lo que nos ocupa? —preguntó Kevin, dirigiéndose al ranchero.
Él se limitó a asentir con la cabeza. Le echó un rápido vistazo y se dirigió por completo a su acompañante, como si ella no fuese otra cosa que una estatua.
—Por supuesto —respondió, gesticulando a modo de invitación hacia el porche—. Vamos dentro y…
—No.
La palabra salió de su boca antes de que pudiese ponerle freno. Ambos se volvieron hacia ella al mismo tiempo con distintas expresiones. Kevin claramente parecía estarle diciendo «no la líes» , mientras que él se limitó a enarcar una ceja en su dirección.
—Gia… —Le advirtió.
—No tengo la más mínima intención de unirme con… él.
—¿Ah, no?
—No.
—Y entonces, ¿por qué ha hecho un viaje tan largo, si me permite la pregunta, señorita Argos?
Gianna señaló al culpable de esa situación.
—No me dejó otra opción.
—Entiendo…
—Bien. Me alegro de que lo entienda, porque…
—Corríjame si me equivoco, por favor. —Se cruzó de brazos, mirándola—. Su sello está todavía activo…
—Sí, pero…
—…y, a juzgar por como rezuma su magia, está próximo a romperse…
—Bueno, sí, sin embargo…
—Entonces, ¿no sería más eficiente dejar que alguien más se encargase de abrirlo, antes de que su magia se desborde y, posiblemente, la mate en el proceso?
Se quedó con la boca abierta, sin saber qué decir.
—Joder, Grey —resopló Kevin.
El hombre se volvió hacia él.
—¿He errado acaso en mi suposición? —preguntó con sencillez.
El Casador negó lentamente con la cabeza y la miró a ella.
—No. No lo has hecho. La magia de Gia se está desbordando…
—Kevin… —negó ella.
—Le necesitas, Gia —sentenció, dejando claras sus opciones, antes de mirarlos ahora a ambos—.
Esto es lo mejor para ambos. Sois la pareja con mayor rango de compatibilidad que he encontrado en todos mis años como Casador .
No ocurría algo así desde… siglos, creo, y ni siquiera entonces una pareja había estado tan cerca de la compatibilidad total.
Hizo una pausa, alternando la mirada entre uno y otro.
—Sois dos completos desconocidos a punto de embarcarse en una aventura de vida y comprendo que eso puede dar un vértigo de cojones —declaró con seriedad—. Con todo, no he errado una sola vez en toda mi carrera, así que vosotros estáis lejos de ser los primeros en iniciar mi lista de fracasos.
Por primera vez, desde que le comunicó que había encontrado una pareja adecuada para ella, sintió que estaba en completa desventaja.
Para Kevin no se trataba de un emparejamiento más, se trataba de evitar que su propia magia la matase o la dejase marcada, si tenía la suerte de superar la ruptura del sello sin un brujo que contuviese su magia.
Era un «te quiero y no voy a perderte» al puro estilo de su hermano de acogida.
—Ambos habéis firmado el contrato, así que, decidme aquí y ahora si vais a echaros atrás, porque no tengo tiempo para perderlo con tonterías —sentenció él, alternando entre ambos.
—Tomé mi decisión cuando puse mi firma y mi sangre en ese contrato —declaró Greyson, sus ojos del color de la tormenta se posaron en ella—. No tengo la intención de retractarme ahora.
¿La estaba desafiando? ¿Era eso lo que veía en ellos?
—No estoy aquí porque desee decir «sí quiero» a este contrato, sino porque no me han dejado otra opción.
—Siempre hay opciones, Gianna. —La forma en la que pronunció su nombre le apretó las entrañas.
—No cuando tu magia está bloqueada y te ponen una fecha de caducidad —espetó, sosteniéndole la mirada—. En ese momento, te quedas sin opciones.
Por primera vez, ninguno de los dos hombres presentes dijo nada. No podían contradecir algo que era verdad. Una verdad incómoda, aunque real como la vida misma.
—Yo ya he dado mi respuesta —declaró Greyson, dejando claro que no tenía nada más que decir—. Es su turno…
—Gia, por favor —pidió Kevin, acercándose a ella—. Sé que eres una mujer inteligente y sensata, al menos la mayor parte del tiempo. Esta unión también será buena para ti. Lo sé.
—¿Lo sabes? ¿Lo has visto en tu bola mágica o…?
—Sí. Lo vi en una puta bola mágica. —La interrumpió de golpe—. Así que haz el favor de hacerme caso por una puñetera vez en tu vida y acepta tu destino.
Lo que vio en su mirada en ese momento fue determinante. No era lo que quería, esta no era la vida que deseaba para sí misma, pero cualquier otra decisión, en estos momentos, solo la conduciría a una cosa; hacer daño a la única persona que realmente la había querido en toda su vida.
Inspiró hondo y giró la cabeza para encontrarse con la mirada azul de Greyson. Cuando habló, sus palabras fueron una declaración de intenciones.
—No voy a ser lo que esperas que sea —lo retó, dejando claro que no iba a cambiar por nadie.
El demonio ladeó ligeramente la cabeza, tan solo un poco.
—Tu sola presencia acaba de dejarlo claro —respondió casi con aburrimiento, como si no le importase en absoluto.
—Bien —afirmó, cruzándose de brazos.
Kevin dejó escapar un largo suspiro y retomó la palabra con aire más ligero.
—Estupendo. Como parece que ya hemos cubierto la parte social y llegado a un consenso, ¿qué os parece si terminamos con esto antes de que os saquéis los ojos?
—Yo no voy a… —empezó ella.
—Será lo mejor —habló Greyson al mismo tiempo.
Intercambió una última mirada con el demonio-brujo al que estaba a punto de atar su vida y se enderezó, echando los hombros hacia atrás.
—De acuerdo. —Luchó por permanecer serena, aunque por dentro quería gritar hasta dejarse la garganta—. Acabemos con esto de una maldita vez.
Cuando antes la liberase de su sello y le devolviese su grimorio, antes podría sosegarse y empezar a pensar en un nuevo plan para hacer que ese demonio se arrepintiese de haberla elegido.