Una apuesta entre caballeros Capítulo 27. Las flores
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Capítulo 27. Las flores

La salita de las mañanas estaba inundada de sol, que entraba a raudales por los altos ventanales que daban al pequeño jardín trasero de la casa de Londres.

Dolly estaba sentada junto a la ventana, con un libro abierto sobre el regazo, aunque llevaba un buen rato sin pasar página.

Lady Agnes bordaba en su sillón habitual, y Jane, en la mesita del rincón, escribía una carta con la pluma corriendo sobre el papel.

Habían pasado dos días desde el baile de los Ashcombe. Dolly levantó la vista, contempló aquella calma un momento y suspiró, antes de volver a la página que no estaba leyendo.

—Hace un día precioso para salir al jardín —dijo lady Agnes, levantando la vista del bordado—. Lástima que no tenga aquí mis acuarelas. Con esta luz, hasta los rosales de esta casa parecen dignos de ser retratados.

Una doncella entró en ese momento con un ramo enorme de rosas de un rosa pálido casi luminoso, y detrás de ella, William, que se demoró en el umbral un instante más de lo estrictamente necesario para cruzar la puerta.

—Señorita, las han traído para usted —dijo la doncella, mientras le ofrecía el ramo.

—¡Oh! —Dolly cogió el ramo con las dos manos, sin ocultar el asombro—. Nunca me habían regalado flores.

—Mire a ver si hay una tarjeta —dijo Jane, dejando la pluma a un lado.

Dolly buscó entre los tallos hasta encontrar una tarjeta pequeña, y la abrió.

—Son del coronel Elliot.

—Vaya —dijo lady Agnes, con una sonrisa satisfecha—. Parece que no le importó demasiado el pisotón.

—Me invita a dar un paseo por Hyde Park esta tarde.

—Imposible —dijo William, casi antes de que Dolly terminara la frase—. Una joven dama no debe verse con un caballero a solas, ni siquiera a plena luz del día.

Dolly lo miró, extrañada.

—¿Debo declinar la invitación?

—Por supuesto que no —dijo Jane, sin dejarle a William tiempo de añadir nada más—. Irá, y yo le acompañaré como carabina.

—Por favor, traiga el jarrón de la entrada para ponerlas en agua —dijo lady Agnes a la doncella, que asintió y salió de la sala.

—No creo que sea apropiado salir esta tarde —insistió William, sin apartar los ojos de la ventana—. Parece que va a haber tormenta. Puede incluso que granice.

Dolly se giró hacia la ventana. El cielo estaba completamente despejado, de un azul limpio sin una sola nube a la vista.

—William, deja de decir tonterías —dijo lady Agnes, sin apenas apartar la vista del bordado.

—Vamos, señorita Marchmont —dijo Jane, ya de pie—. Vayamos a su dormitorio a escoger un vestido para esta tarde.

Dolly recogió el jarroncito con las rosas que la doncella acababa de traer y salió de la salita con Jane, dejando a William todavía con la vista fija en la ventana, como si de verdad esperara que aquel cielo despejado fuera a desmentirlo de un momento a otro.

***

Dolly caminaba junto al coronel con la sombrilla abierta sobre el hombro, tal como Beatrice le había enseñado, mientras Jane los seguía unos pasos por detrás, lo bastante cerca para cumplir su función de carabina y lo bastante lejos para dejarles algo de intimidad en la conversación.

—Cuénteme algo de usted que no haya podido preguntarle en un salón de baile —dijo Elliot—. Con la música de por medio, apenas hay tiempo para nada más que cumplidos.

—No sé qué contarle que pueda resultarle interesante, coronel.

—Cualquier cosa. Empiece por lo que le guste hacer un día cualquiera, sin bailes ni visitas de por medio.

Dolly se lo pensó unos segundos.

—Leer, sobre todo. Y pasear, como ahora. Y hace poco he empezado a pintar con acuarelas, aunque todavía se me da bastante mal.

—Todo el mundo empieza mal en algo. Lo importante es seguir intentándolo.

—Eso mismo me dice lady Agnes.

—Es una mujer sabia. —Elliot sonrió—. Y dígame, ¿qué suele leer?

—Antes me gustaban las historias románticas. Ahora prefiero los libros de geografía e historia.

—¿Y por qué el cambio?

—Supongo que empecé a querer saber cosas de verdad, en lugar de imaginármelas.

Elliot asintió, con una atención que a Dolly le pareció genuina.

—¿Y de sus viajes, coronel? ¿Hay algún lugar que recuerde con especial cariño?

—Agra —dijo él, sin dudarlo—. Fui destinado allí un tiempo, hace años. Hay una construcción, el Taj Mahal, que al atardecer se vuelve de un color casi rosado, como si la piedra misma respirara con la última luz del día. Nunca había visto nada parecido.

—¿Y qué es? ¿Un palacio?

—Es una tumba, en realidad. La mandó construir un emperador para su esposa favorita, que murió al dar a luz a su decimocuarto hijo.

Dicen que él quedó tan destrozado que su pelo encaneció de la noche a la mañana, y que dedicó los siguientes veinte años a levantar aquel monumento en su memoria, sin reparar en gastos ni en el tiempo que le llevara.

—Qué historia tan bonita.

—Y también triste, si se mira bien. —Elliot caminó un trecho en silencio, como sopesando lo que iba a decir—.

Él construyó el edificio más hermoso que he visto en mi vida para honrar a una mujer que ya no podía verlo.

A veces pienso que el amor, cuando es de verdad grande, necesita encontrar alguna forma de seguir existiendo incluso después de que ya no quede nadie a quien dárselo.

Dolly lo escuchó embelesada, sin apartar la vista de él, pensando en lo distinta que era aquella idea del amor de todas las que había conocido hasta entonces: ni el amor eterno de los fascículos, ni el deseo pasajero de Sebastian, ni siquiera el amor que Beatrice había encontrado tarde, con los años.

Este era un amor que seguía construyendo, incluso después de que todo hubiera terminado.

Siguieron paseando, hablando ahora de otros lugares, de otras ciudades, y Dolly se descubrió disfrutando de la conversación con una comodidad tranquila que no había esperado sentir tan pronto.

***

El coronel las acompañó hasta el carruaje que esperaba en la entrada del parque, y le ofreció la mano a Dolly para ayudarla a subir.

—Gracias por una tarde muy amena, señorita Marchmont.

—Gracias a usted, coronel. Ha sido un placer.

Elliot hizo una última reverencia hacia Jane, y el carruaje se puso en marcha, dejándolo allí, todavía de pie, hasta que se perdió de vista al doblar la esquina.

—Es un viejo amigo de la familia —dijo Jane—. Era muy cercano a nuestro padre. Lo conoció cuando el coronel era apenas un muchacho y nunca perdieron el contacto.

—¿Y por qué eligió el ejército?

—Es el segundo hijo, sin herencia que administrar, así que se hizo la vida allí, como suelen hacer muchos segundones.

—Jane miró por la ventanilla, pensativa—.

De joven estuvo enamorado de una muchacha, según cuentan, pero los destinos militares fueron alejándolos poco a poco.

Al volver durante un permiso, la encontró prometida con otro hombre.

No se casó después de eso. Pasó muchos años en la India, y por lo visto ahora ha vuelto con intención de quedarse.

—Qué triste, esperar tanto tiempo para nada.

—Sí. Aunque parece que, con los años, ha encontrado cierta paz. —Jane se giró de nuevo hacia Dolly, con una media sonrisa—. Y desde luego, esta tarde parecía muy contento de haberla conocido.

***

Cuando entraron en la casa, Dolly se sorprendió al ver a William en la salita, con el periódico abierto delante de él. A esas horas de la tarde solía estar todavía en el despacho, encerrado con las cuentas o alguna correspondencia pendiente.

—¿Qué tal ha ido el paseo? —preguntó lady Agnes, levantando la vista de su bordado en cuanto las vio entrar.

—Muy bien, señora —dijo Dolly, quitándose los guantes—. El coronel es un hombre muy culto. No le falta buena conversación. Ha sido una tarde muy agradable.

William bajó el periódico apenas unos centímetros.

—¿Muy agradable?

—Mucho —respondió Dolly, dirigiéndose a él.

William volvió a levantar el periódico.

—Ha llegado una invitación mientras estaban fuera —dijo lady Agnes—. De la duquesa de Blackmoor, para el viernes por la noche. Una cena íntima, solo para los amigos más allegados.

—Qué detalle por parte de su excelencia —dijo Jane, levantándose—. Voy a subir a cambiarme para la cena.

Dolly subió también, todavía con los guantes en la mano, y al pasar junto al sillón de William, se dio cuenta de que el periódico seguía abierto por la misma página que cuando habían entrado.