Un viaje sin retorno (Hermanas Maxwell 1) Chapter 2 #14
93%

Chapter 2 #14

—¿Este fin de semana? —se sentó confundida, restregándose los ojos—. Voy a mirar… creo que sí… —llegó hasta la puerta de la nevera donde colgaba su turno de horarios—. Sí… de viernes a domingo… ¿Me has dicho que venís a Boston? —preguntó extrañada.

Sus padres no solían salir de Polson nunca. En los cinco años que llevaba allí habían ido a visitarla un par de veces y Jeff solo un par de veces más.

—Sí. Parker presenta su libro, nos mandó la invitación y nos llamó. ¿No se ha puesto en contacto contigo?

Jade apretó los labios y se acercó al mueblecito de la entrada donde almacenaba el escaso correo que recibía. Claro que le había llamado varias veces a lo largo de todo ese tiempo, pero ella no le había contestado ni devuelto las llamadas… ni los mensajes.

—Ah, sí —vio un sobrecito diferente en color crema y lo abrió.

Dentro había una invitación en tonos ocres con la fecha y el horario del evento. El honor en juego … curioso título para la novela negra en la que ella era la protagonista, pensó mientras hacía una mueca.

—¿En qué vuelo llegáis el viernes?

—A las siete de la tarde.

—Allí estaré —sonrió sentándose en uno de los cómodos sillones del salón—. Os prepararé las camas.

Se abrazó las rodillas contra su pecho evitando recordar, sin conseguirlo, lo ocurrido a la vuelta de su impulsivo regreso de Polson.

Henry estaba en casa cuando ella llegó y pagó con él toda su frustración.

Lo echó de casa sin miramientos y sin reparo alguno y se fue a comprar una cama nueva en cuanto le cambiaron la cerradura de la puerta.

Había pasado bastante tiempo desde su vuelta.

Henry había dejado de llamarla al ver su fría determinación, y Parker seguía insistiendo sin ningún resultado.

Solo se olvidaba de él cuando estaba trabajando.

Ahora doblaba turnos para distraerse y aunque eso le hacía sentirse viva no podía evitar pensar en él en cuanto la adrenalina que sentía en el trabajo desaparecía al llegar a casa.

Sabía por su madre que Parker se había quedado con ellos unos días más, que les había enviado cajas de vino selecto y que hablaba con Jeff con frecuencia, pero no quería saber nada más de él. Solo quería averiguar la forma de olvidar lo que había sentido los días que había estado a su lado.

En el aeropuerto, Jade estaba esperando nerviosa la llegada de los pasajeros del avión que llevaba a sus padres y a Jeff. La semana se le había pasado con rapidez y no había podido dejar de pensar que, inevitablemente, si los acompañaba a la presentación del libro, volvería a ver a Parker.

—¿Aún no han llegado? —preguntó a sus espaldas la voz que había tratado de olvidar.

Jade se sobresaltó y se giró para verlo a su lado.

Más guapo de lo que recordaba, más atractivo, más imponente.

Su corazón empezó a latir con fuerza. Él miraba distraído a la puerta por la que debían salir los pasajeros con un bonito ramo de flores en la mano.

Sería para su madre, agradeció el detalle. ¿Qué le había preguntado?

Parker la miró con su atractiva sonrisa. Le parecía que estaba más delgada, y sus marcadas ojeras resaltaban lo mucho que trabajaba, lo poco que dormía o ambas cosas. Estaba deseando verla para confirmar lo que ya sabía. No había podido olvidarla y quería seguir viéndola.

—No me has devuelto ni una sola llamada.

Jade negó con la cabeza. No esperaba que su garganta se secara o que sus brazos solo quisieran abrazarle. Ahí estaba, tal y como lo recordaba, con sus vaqueros y su anorak de color marrón. ¿Por qué no lo había olvidado? ¿Por qué todo su ser estaba reaccionando ante él?

—Puedo esperarte toda la vida—le aseguró acariciándola con la mirada—. Mira, ahí llegan.

Jade ahogó un suspiro ante sus palabras. Habían sonado sinceras. Reaccionó al escuchar murmullos que aumentaban de volumen a su alrededor. Entre muchos pasajeros, vio salir a sus padres y a su hermano, sonrientes, que sin perder un instante, se dirigieron a ellos para abrazarles.

Judy aceptó, azorada y orgullosa, el ramo de flores que le ofreció Parker.

—No tenías que haberte molestado…

—Es un placer —le aseguró sincero—. Vamos a por las maletas y vayámonos a cenar. He traído mi coche.

—Amber te manda recuerdos desde París. Le conté que veníamos —le explicó Thomas—. Y Judy te ha traído unos pestiños de miel.

Parker la abrazó sonriente.

—Muchísimas gracias —le dijo, sincero.

Esa familia le había abierto las puertas de su casa en Navidad siendo un desconocido, y lo habían acogido como a uno más, y eso era algo para agradecer.

—¿Cuántas horas trabajas? No tienes buena cara —le preguntó Judy a Jade, preocupada por su demacrado aspecto, mientras Parker y Jeff se adelantaban con Thomas.

—Lo normal, mamá —resopló Jade enganchándose con cariño al brazo de su madre para caminar juntas.

Jade apenas habló durante la cena en uno de los mejores restaurantes de Boston. Parker se estaba comportando como el anfitrión perfecto y eso le gustaba y le molestaba a la vez. Era su familia y él se comportaba como si también fuera la suya.

Aunque lo que más le irritaba era que seguía sintiéndose atraída por él y eso la hacía sentirse insegura y vulnerable.

Disfrutaba viéndolo hablar con tanta cordialidad y afecto con Jeff y sus padres.

Les hacía sentirse importantes y reconocidos.

Sus conversaciones eran interesantes y amenas y no dejaban a ninguno fuera de ellas.

Solo ella se encogía, quedando relegada por decisión propia, a un segundo plano.

Se excusó para ir al cuarto de baño. Necesitaba aire y tiempo para pensar en cómo reaccionar ante aquella incómoda situación. Decidió que se iría pronto a casa con la excusa de alguna urgencia imprevista en el hospital.

Convencida, salió para encontrarse a Parker esperándola al final del pasillo, con los brazos cruzados, apoyado en la pared.

—¿Cuánto tiempo más vas a seguir rehuyéndome?

Jade abrió la boca para contestar, pero la cerró sin decir nada. Era absurdo negarlo. Lo estaba rehuyendo.

—No tengo nada que decirte —se justificó.

Él sonrió atractivo.

—No me dijiste ni adiós cuando te fuiste.

Jade se encogió de hombros.

—¿Y cuándo vas a contestar mis llamadas? —le preguntó poniéndose frente a ella, mirándola a los ojos.

—No llevaba idea de hacerlo.

—Esto no solo te lo haces a ti, también me lo haces a mí —le explicó con infinita paciencia.

Jade levantó las cejas, extrañada.

—Yo no te hago nada. Hicimos un viaje juntos. Conseguiste la inspiración que buscabas. Ya está. Soy una mujer más en tu lista.

—¿En mi lista? —preguntó extrañado, ignorando la acusación de utilizarla como inspiración.

—Has estado con otras…

—Por supuesto. He disfrutado con el sexo, por supuesto.

He invitado a cenar a otras, también, pero tú no eres una más.

Nunca he querido estar con alguien más que contigo.

Me conoces, todo me va bien, no me importan muchas cosas, me dejo llevar…

pero no creas que esta vez voy a dejar que las cosas se pierdan sin más, Jade —la sujetó por los brazos con una caricia—.

Puede que sea la primera vez que lleve las riendas en mis relaciones, pero estoy dispuesto a hacerlo.

—A mí me gusta llevar las riendas —le contrarió Jade, antes de hacer una mueca—. No me gusta sentirme como me haces sentir.

Parker la miró extrañado.

—¿No te gusta lo que te hago sentir?

Jade se sonrojó visiblemente.

—Sí… No… Ya me entiendes.

Parker negó con la cabeza:

—No. No te entiendo…

—Me siento insegura a tu lado. No sé qué hacer. No sé …. Me puedes hacer daño y no quiero… —reconoció ahogando un suspiro.

—¿No confías en mí?

Jade se encogió de hombros. Parker sonrió.

—Vale que en mi novela te convertí en una psicópata, pero el psicópata también podría haber sido yo.

Jade lo miró frunciendo el ceño. Tenía razón. Podía haberse subido en el coche de un asesino en serie. No lo había pensado, pero tampoco lo iba a pensar en ese momento.

—Eres tú quien está llevando las riendas continuamente desde que nos conocimos.

Tú quien decidió empezar el viaje. Tú quien decidió compartir habitación.

Tú quien decidió no salir de la ducha cuando te di la oportunidad —le susurró recordando—.

Eres tú quien quiere dejar que esto acabe, y ahí sí que no te voy a permitir llevar las riendas.

Ahora las tomo yo, y hasta que no aceptes que podemos estar juntos, no pienso soltarlas… .

Le dio un leve beso en los labios antes de volver a la mesa, dejándola sola para que digiriera sus palabras.

Jade se quedó parada llevándose la mano a sus labios. Parecía sincero y seguro, todo lo que ella no estaba siendo.

La presentación del libro tuvo lugar en uno de los salones principales de uno de los mejores hoteles de Boston. Parker vestido con traje negro fue a saludarles en cuanto los vio llegar.

Jade se había vestido con un discreto, pero elegante vestido de color burdeos sugerencia de su madre y de Opal, que había llegado de Nueva York para el evento.

Thomas y Jeff se habían ido a ver el partido de béisbol de los Rex Sox con Parker y casi habían llegado con el tiempo justo de cambiarse de ropa.

Al evento habían asistido diferentes medios de comunicación además de otros escritores para el deleite de Jeff, que los saludaba con respeto y admiración.

A Parker se le veía contento y satisfecho. Por un instante sus miradas se cruzaron. Parker no pudo evitar sonreír. Se disculpó ante los medios con los que hablaba para ir a saludarla.

—Estás preciosa —le susurró tomándola de la mano y dándole un ligero beso en los labios delante de su familia.

Todos los miraron extrañados. Jade, incómoda por lo inesperado, se había sonrojado visiblemente, soltándose de su mano con una ligera sacudida.

—Disfrutad de la velada —les deseó Parker girándose hacia el expositor del libro que promocionaba con intención de regresar junto a él.