Chapter 2 #15
—¿No es ese Henry? —preguntó Opal señalando, sin ningún tipo de pudor, al último novio de su hermana.
Todos miraron al joven delgado que se les estaba acercando.
—Jade… No esperaba verte aquí —comentó, más por obligación que por placer, ligeramente avergonzado—. Venía a saludar al señor Wallace, soy su admirador… —le tendió la mano a Parker—. Es un placer conocerlo. No sabía que a ti te gustara —miró a Jade, sorprendido.
Jade se había tensado visiblemente. No había vuelto a hablar con él desde que lo había echado de casa.
Parker le correspondió el saludo con una sonrisa amable.
—Un placer conocerte, Henry —le sonrió satisfecho—. Sí, creo que a Jade le gusto, aunque no quiera reconocerlo, así que siempre te daré las gracias, de verdad, eternamente.
Henry le miró sin comprender.
—¿Las gracias?
—Por supuesto —le sonrió—, si tú no le hubieras sido infiel —Henry se sonrojó visiblemente— no la habría conocido. Aún me falta convencerla para que me dé la misma oportunidad que a ti, pero llegará… No tengo prisa.
—Señor Wallace, empezamos cuando usted quiera —le avisó una joven uniformada con el logo del hotel en la solapa.
—Perfecto —le respondió Parker —. Tengo que dejaros, familia.
—Disfruta de tu momento, hijo —le animó Thomas con verdadero aprecio.
Parker miró a los ojos a Jade y volvió a besarla con suavidad, antes de alejarse. Esta segunda vez, Jade lo aceptó sin reservas.
Henry murmuró una disculpa y se alejó mientras los demás miraban a Jade sin disimulo.
—¿Se te ha olvidado contarnos algo, hermanita? —le preguntó Jeff con los brazos cruzados, sorprendido.
Jade se encogió de hombros sin saber qué explicación dar. Se sentía contenta, satisfecha, feliz… Solo tenía ganas de sonreír. Las palabras de Parker le habían hecho derretir las barreras que ella misma y su inseguridad habían edificado a su alrededor.
—No sabía quién era cuando lo conocí —se disculpó encogiéndose de hombros.
—¿Y eso cuándo ocurrió?
—En el viaje a casa —les respondió mientras asentía a la señorita que les invitaba a tomar asiento para empezar con la presentación.
Poco después, mientras Parker dedicaba las novelas a la fila de lectores que esperaban su turno con paciencia, Jade se detuvo frente a una de las pilas de libros que había dispuestas para la venta.
Tomó uno entre sus manos, curiosa. Había quedado claro en la presentación que el viaje con ella, sin nombrarla, le había inspirado para crear el hilo conductor del thriller y la sorprendente, intrigante y apasionada trama de la novela.
Ya no se sentía molesta u ofendida por ello. En todo caso, se sentía halagada e intranquila. ¿Esa bien podría salir bien?
Parker había dejado claro que estaba dispuesto a empezar una relación con ella.
Se lo había dicho a ella, a su familia, a Henry…
Sus sentimientos parecían reales. ¿Cómo sería no sentir la necesidad de llevar las riendas continuamente?
¿Cómo sería confiar en alguien que a veces decidiera lo que se podía hacer?
¿O sentirse cuidada, o amada, o correspondida?
Abrió el libro por la primera página y leyó la dedicatoria: Espero que el viaje que iniciamos juntos no acabe nunca .
Un escalofrío le recorrió el cuerpo y le acarició el alma. Miró a Parker. Estaba terminando de dedicar uno de los libros. Bajó la mirada volviendo a leer lo que inconfundiblemente era para ella.
En ese momento Parker la miró. Vio que tenía la novela entre sus manos. Supuso que había leído la dedicatoria. Pidió permiso para ausentarse un momento al nuevo lector que se le había acercado y fue hacia ella.
—¿Qué me dices? —le susurró a su espalda, junto a su nuca.
Jade cerró el libro con cuidado y se giró hacia él. Su corazón latía desbocado.
—No lo sé —le confesó—. No sé qué decirte.
Él envolvió sus manos con las suyas.
—Entonces no me digas nada. Dame una oportunidad, una sola, para demostrarte que te amo.
Jade abrió los ojos sorprendida.
—¿Me amas?
Parker le sonrió atractivo.
—Es la única razón que encuentro para explicarlo. No puedo dejar de pensar en ti. Estoy deseando de manera constante volver a verte. Te extraño, te necesito, te quiero a mi lado, en la ducha, en la cama, en la mesa, en el coche…
—No quiero sufrir —le confesó.
—No tienes por qué hacerlo —le aseguró—. Déjame demostrártelo.
—Pero…—su cabeza no dejaba de darle razones para no arriesgarse, para seguir centrada exclusivamente en su trabajo, para no volver a intentarlo.
—Pasarán cosas, Jade, seguro. Es lo que tiene vivir. Pero juntos será mejor.
Jade esbozó una sonrisa pensando que quizá podría relajarse, que quizá podría volver a confiar. Su sonrisa se amplió. Quizá podría volver a intentarlo, quizá podría salir bien.
Parker tomó la sonrisa como una afirmación. La alegría que sintió la hizo cogerla en brazos y darle dos vueltas antes de dejarla en el suelo y besarla en los labios, posesivo, hambriento, satisfecho, feliz.
—No te arrepentirás nunca —le prometió antes de volver a besarla.
Jade le devolvió el beso confiada y segura de que no iba a hacerlo.