Chapter 2 #12
¿Dónde iba? Se preguntó sintiéndose un quinceañero en busca de su primera conquista. No sabía cuál era la habitación de Jade. Suspiró y volvió a cerrar la puerta para intentar volver a concentrarse en su escritura.
Jade había saltado de la cama al oír una puerta en el pasillo.
No estaba segura de quién sería. Podría salir alegando que quería agua si se encontraba con alguien que no fuera Parker.
Se detuvo antes de abrir. ¿Para qué quería ver a Parker?
No tenía nada que hablar con él. En todo caso pedirle explicaciones por su mentira y a esas horas de la madrugada, y en casa de sus padres, no era el mejor momento.
Pensó en volver a la cama… pero ya estaba de pie… abrió con cuidado. Su madre tenía un sueño muy ligero y no quería encontrársela por el pasillo pidiéndole explicaciones por su excursión nocturna. Vio luz bajo la puerta del final del pasillo.
¿Para qué iba a ir? Él estaría escribiendo… Y no iba a ser ella la que interrumpiera a un escritor cuando afortunadamente le llegaba la inspiración y empezaba a trabajar. Recordó a Henry y cerró la puerta malhumorada.
Parker bajó a la cocina en cuanto escuchó que había alguien trajinando en ella. Se encontró con Judy que amablemente le preparó un café bien cargado.
—No parece que hayas dormido mucho —le comentó mientras le ofrecía un plato de pestiños con miel, hechos por ella misma.
Parker se sentó en una de las sillas de la cocina junto a la mesa.
—No —reconoció sirviéndose uno para probarlos—. Lo cierto es que apenas he dormido. Estuve escribiendo hasta tarde… Ya amanecía cuando apagué el ordenador, ¡qué buenos están!
Judy le sonrió satisfecha.
—Es una receta familiar —se sentó a su lado, con su taza de té, sonriente—. ¿Trabajando en tu nuevo libro?
—Sí —le sonrió Parker—. Hoy buscaré habitación en el hotel. No quiero molestarles más.
—No es molestia tenerte aquí —le dijo ella, sincera—. Has alegrado mucho a los chicos. No siempre se tiene en casa a un escritor famoso.
Parker le sonrió agradecido mientras veía a Jade entrar en la cocina somnolienta y tan bonita como la recordaba. Era cierto que Opal era mucho más sexy, que incluso Amber era mucho más sensual, pero Jade era tan natural, tan ajena a su propio atractivo, que eso lo incrementaba muchísimo más.
Jade hizo una mueca al verlo sentado junto a su madre, tan temprano… y tan guapo. Hubiera sido más sencillo no pensar en él si no la estuviera mirando con esa sonrisa que tanto le gustaba.
—¿Tú tampoco has dormido mucho? —le preguntó su madre levantándose para prepararle una taza de café.
—Bueno… —murmuró evitando mirar a Parker y mirando móvil que llevaba en la mano y que vibraba otra vez.
—¿Cuándo vas a hablar con él? —le preguntó su madre intuyendo acertadamente que era Henry quien la estaba llamando de nuevo.
—No tengo nada que decirle —se justificó Jade cogiendo un pestiño y llevándoselo a la boca.
—¿A nombre de quién va el contrato de alquiler del piso? —le preguntó su madre ofreciéndole una taza de café y sentándose en la silla que había entre los dos.
Jade hizo una mueca. Llevaba viviendo en ese piso desde que recordaba. Dio un sorbo al café. ¡La última renovación del contrato de alquiler no la había hecho ella! No podía ser que… ¿o sí? Sin mediar palabra, salió de la cocina descolgando el teléfono.
—Jade es muy buena chica —le comentó Judy viendo que él la seguía con la mirada—. Pero no se suele implicar emocionalmente con nada. Para su trabajo es lo mejor, pero en su vida personal…
Parker miró a Judy.
—Ese tipo le ha hecho un favor.
Judy lo miró extrañada. Ella no había entrado en detalles y en la cena, la noche anterior, Jade apenas había hablado y mucho menos de la infidelidad sufrida.
—Tú vives en Boston, ¿verdad?
Parker asintió mientras Jeff entraba por la puerta de la cocina y daba un beso a su madre.
—¿Está Jade hablando con su ex?
—Creo que sí, ¿por qué? —Le preguntó Judy mientras le ofrecía una taza de café.
—No me gustaría estar en su pellejo. La he oído hablar un momento y me ha helado la sangre, pero le está bien merecido.
Jeff se sentó frente a Parker y le sonrió.
—Aún no me puedo creer que estés aquí sentado en la cocina el día de Navidad. Yo pensaba que estarías esquiando en Aspen rodeado de mujeres y de copas de champán.
Parker le sonrió.
—Ya pasé por esa fase —le explicó, sincero— y es real todo lo que te imaginas —le guiñó un ojo con una sonrisa—, pero ahora no cambiaría los pestiños de tu madre por nada.
Judy le sonrió halagada y orgullosa. Jade volvió a entrar malhumorada en la cocina.
—A la mierda con todo —refunfuñó tomando un pestiño—. Me voy a dar un paseo. Necesito que me dé el aire.
Parker sintió la necesidad de estar con ella.
—Te acompaño —se ofreció sin pensarlo sorprendiendo a los miembros presentes de la familia.
Jade lo miró extrañada.
—No. No quiero más escritores en mi vida —le recordó firme, saliendo sin mirar atrás.
—Vosotros os conocíais, ¿no? —preguntó Jeff señalando a Jade que daba un portazo al salir.
—Más o menos —reconoció Parker sin querer entrar en detalles.
Jade regresó al mediodía. Apenas había pensado en Henry. Le había dicho, entre otras cosas mucho más incisivas, que no quería verlo cuando volviera a casa, y parecía que lo había entendido. No quería darle más vueltas.
Había estado pensando en Parker, en su sonrisa, en sus gestos, en su cuerpo…
pero todo se apagaba cuando recordaba su oficio.
No quería volver a pasar horas y horas de soledad acompañada.
Para eso, prefería vivir sola. Bastante tenía ella con sus horarios como para compaginarlos con alguien que solo se preocupara de sí mismo.
—¿Dónde está Parker? —preguntó distraída al empezar a poner la mesa poco después de llegar. No quería plantearse nada, pero no podía evitar pensar en él.
—Escribiendo —le respondió Amber que ya estaba colocando los platos—. Vive en Boston. Quizá os podáis ver allí alguna vez.
—No tengo ganas de ver a nadie —resopló Jade.
—Hay más cosas además del trabajo. Te vas a convertir en una solterona amargada si solo te dedicas a trabajar —le recordó su padre desde el sofá donde estaba con su hermano viendo la televisión.
Jade hizo una mueca. Siempre se había sentido cómoda en su vida, no le gustaban los cambios y no sabía muy bien cómo reaccionar ante ellos.
Subió a cambiarse de ropa. En ese momento, Parker salía pensativo y concentrado de la habitación de invitados.
Su rostro se iluminó al verla y fue decidido hasta ella.
Jade se había quedado parada, mirándole.
Parker se le acercó apoyándola con su cuerpo contra la pared, después de asegurarse que no había nadie cerca.
Jade sintió que la respiración se le cortaba, que las piernas le temblaban, que un escalofrío le recorría la espalda.
Parker miró su boca risueño y atractivo antes de aprisionarla, antes de saborearla, antes de hacerle temblar y que sus barreras se derribaran.
Jade se dejó llevar. Se olvidó de todo, de Henry, de sus padres, del lugar en el que estaban.
La voz de Amber en el piso de abajo, llamándola les hizo volver a la realidad y se separaron inmediatamente.
Jade, sonrojada, trato de normalizar su respiración mientras Parker volvía rápido a su dormitorio tras compartir una incipiente sonrisa traviesa.
—¿Qué haces aquí parada? —le preguntó Amber llegando hasta ella—. Te he pedido que me bajaras una chaqueta.
—No te he oído— se defendió empezando a bajar las escaleras.
—Pero ¿no habías subido a cambiarte de ropa? —le preguntó Amber al verla igual.
—Ah, sí, sí —recordó Jade volviendo a subir.
Parker bajó poco después. Se sentía incómodo por estar alojándose con unos casi desconocidos y no salir apenas de la habitación.
En condiciones normales, cuando la inspiración fluía como era el caso, pasaría todo el día escribiendo, bebiendo café y comiendo comida precocinada.
Pero por otra parte no podía evitar querer ver a Jade y tenerla cerca no solo porque le servía de inspiración, cualquier gesto, cualquier comentario, cualquier mueca que hacía inconscientemente, sino también porque se sentía tremendamente atraído por ella.
—Judy, por favor, ¿esta noche me dejan invitarles a cenar? —le preguntó Parker entrando en la cocina en un momento que la vio sola—. Así no sentiré que me estoy aprovechando de su hospitalidad.
—Pero no tienes por qué hacerlo, Parker —le respondió ella—. Para nosotros es un placer tenerte en casa.
—Gracias… pero quiero hacerlo —le dijo—. Me he colado en su casa, me encierro en la habitación todo el día… No soy el mejor invitado posible.
—Bueno —se encogió de hombros Judy—. No sé en qué momento dejé de verte como un invitado.…
—Jeff, ¿hay algún restaurante bueno por la zona? —le preguntó a Jeff que entraba en la cocina terminando de quitar la mesa.
—¿Cómo de bueno? —le preguntó sin saber a qué se refería.
—De esos a los que siempre te gustaría ir…
—¿De los caros? —le preguntó extrañado, directamente.
Parker empezó a sentirse incómodo.
—No me malinterpretes. Me siento como en mi casa —le dijo mirando también a Judy—. Pero me gustaría tener un gesto con vosotros. Me gustaría invitaros a cenar a algún sitio bueno, elegante…
—Hay un restaurante de cinco tenedores en las afueras —le comentó Opal que les estaba escuchando conforme también quitaba la mesa—. Pero supongo que no será a lo que estés acostumbrado.
—Eso es lo de menos, lo que quiero es que vosotros estéis bien —les dijo sintiendo que casi se disculpaba por tener dinero.
—No tienes que sentirte obligado —le comentó Judy recogiendo la cocina—. Aquí eres uno más, te dediques a lo que te dediques.
—Pues a mí me parece bien. He oído que hacen un tartar de salmón espectacular que estoy deseando probar —le explicó, Opal colgándose de su brazo con una sonrisa—, y si eso te hace sentir mejor, me parece perfecto…