Chapter 2 #11
—¿Qué te trae por aquí, muchacho? —le preguntó el padre con amabilidad, sentándose en su viejo y cómodo sillón, ofreciéndole con un gesto un espacio en el sofá donde Jeff se había sentado.
—Estabas escribiendo una novela nueva, ¿no? —le preguntó Jeff interesado sin esperar a que respondiera a su padre.
—Sí —les explicó Parker—. Tengo fecha para entregar una nueva novela y necesitaba inspiración.
—¿Y la has encontrado? —le preguntó el padre mientras veía a su esposa terminando de poner la mesa.
—Sí —le respondió Parker levantándose para ayudarla—. Déjeme ayudarla.
Judy sonrió al invitado, complacida.
—No, por favor. No hace falta. Enseguida bajarán las chicas y cenaremos.
—Muchas gracias por permitirme pasar aquí la noche. Mañana buscaré sitio en otro hotel. En unos días tengo que volver a Boston.
—¿A Boston? —Le sonrió Judy—. Tenemos una hija viviendo en Boston.
—Pues con mucho gusto le daré recuerdos para ella de su parte en cuanto regrese —le sonrió encantador.
—Oh, no será necesario… ha venido a pasar aquí unos días… también se irá pronto… —hizo una mueca—. Aquí vienen las chicas…
Jade se dejaba llevar divertida por Opal. Estaba emocionada hablando de no sabía qué escritor. Ella no quería saber nada de ninguno, ni del que habían invitado a cenar a casa, por muy atractivo que fuera, como Amber también había reconocido.
Opal le había dejado ropa suya, pues coincidía más con sus gustos que con los de Amber, que era más desenfadada y bohemia. Había elegido un corto y sencillo vestido negro con medias del mismo color.
Cuando Jade entró en el salón parpadeó boquiabierta, mientras Opal se colgaba del brazo de Parker y se lo presentaba emocionada.
Parker la miró sorprendido ampliando cada vez más su sonrisa. Acababa casi de separarse de ella y aún le parecía más bonita de lo que recordaba.
—¿Eres escritor?
—Creí que había quedado claro que taxista no era —sonrió atractivo.
—Sí, pero ¿escritor?
—No me atreví a decírtelo.
—Con razón defendías tanto a Henry —recordó molesta.
—No lo defendía.
La familia los miraba extrañada, pasando la vista de uno a otro.
Jade hizo una mueca de fastidio. Otra vez. Otra vez. Un escritor. Resopló molesta consigo misma.
—Vamos a sentarnos, chicos —indicó Judy empujando ligeramente a Jade—. Ve a tu sitio.
Parker se sentó entre los hombres de la familia con Opal frente a él que no paraba de hacerle preguntas sobre sus novelas, su protagonista, su inspiración y sus rutinas para escribir. Aun así, le costaba dejar de mirar a Jade, que parecía evitarlo y no dejaba de fruncir el ceño.
La familiar y copiosa cena de Nochebuena transcurrió amena y agradable pese a que Jade no levantaba los ojos de su plato, pensativa y silenciosa.
—Jade, ¿me acompañas a por el postre? —le preguntó Judy a la hija que más silenciosa había estado toda la noche.
Jade obedeció a su madre. Estaba deseando alejarse de Parker.
¿Cómo podía haberla engañado? Sabía lo que pensaba de los escritores.
Debería haberle dicho que era uno de ellos, antes de acostarse con ella.
Además, no parecía arrepentido al respecto.
Había pasado la noche hablando con la familia como si fuera uno más de ellos.
—¿Estás bien, cariño? —le preguntó preocupada, nada más llegar a la cocina—. Ese pobre joven no tiene la culpa de lo de Henry. Le has estado mirando durante toda la cena como si quisieras matarlo.
—Es escritor —se justificó Jade dejando junto a la fregadera los platos que cargaba.
—Pero no es Henry —le recordó compasiva—. Deja de fruncir el ceño o se te quedará una arruga terrible entre los ojos —le aconsejó dándole una bandeja llena de dulces mientras ella cargaba otra similar.
Me ha mentido igual, pensó Jade justificándose. Otro que se pasaría las horas muertas frente al televisor esperando que la inspiración le llegara. Aunque este, por lo menos, parecía no tener problemas económicos si había vendido tantos libros como Opal y Jeff parecían saber.
Volvió al comedor decidida a que la arruga en su entrecejo no fuera permanente y fingió una sonrisa mirando a Amber.
Le preguntaría por su vida en París. Ya llevaba cuatro años viviendo allí, tratando de vivir de su arte y aunque parecía que le estaba costando más de lo que le hubiera gustado, ahí seguía apoyándose en su pasión y su perseverancia.
—Parker, ¿nos puedes anticipar el argumento de tu próxima novela? —preguntó Opal haciendo que Jade cambiara la dirección de sus pensamientos y de su mirada.
Parker sonrió con esa sonrisa que Jade había visto cada vez que una mujer se situaba frente a él.
Volvió a fruncir el ceño. ¿Cómo se podía ser tan atractivo?
Y ¿por qué ella no lo había recocido? No se había leído sus novelas, pero había escuchado a sus hermanos discutir sobre ellas.
Si era tan reconocido debería haberlo identificado.
—No me gusta hacer spoiler ni comentar las novelas antes de llegar a la imprenta —se defendió amablemente—. Esta ni quiera la he escrito todavía.
—Un anticipo —le pidió Jeff—. De aquí no va a salir.
Para su propia sorpresa, Parker estaba cómodo en ese ambiente, con esa familia y pese a la mirada ceñuda de Jade. Le recordaba a su propia familia cuando se reunían hacía años en el hogar de sus abuelos.
—Os puedo adelantar que la antagonista es una psicópata, enfermera de urgencias de día y asesina en serie, de noche —sonrió mirando a Jade, a la que no había podido dejar de mirar una y otra vez durante la cena.
Jade se atragantó con el agua que estaba bebiendo al escucharlo, haciendo que toda la familia la mirase con preocupación, antes de volver a sus propias conversaciones.
Le miró con los ojos entrecerrados, furiosa, mientras él le sonreía divertido.
Se había estado riendo de ella durante todo el camino, utilizándola para su siguiente novela.
La rabia le ardía en su interior. ¿También la intimidad que habían compartido aparecería en la novela? ¿La expondría de esa manera?
—Jade es enfermera de urgencias —le comentó el padre, interesado—. Seguro que puede ayudarte si necesitas argumentar algo.
Parker asintió y la miró.
—Lo tendré en cuenta. Necesitaré su ayuda, sin lugar a duda.
—¿Y cómo conocerá a Hunter Brown? —le preguntó Opal haciendo referencia a su detective protagonista—. Me encanta ese hombre. Tan seguro, tan íntegro… yo quiero uno así…
—Ella confundirá su coche con un taxi y le pedirá que la lleve —le respondió sin entrar en más detalles.
Jade lo miró con las cejas arqueadas. Era lo que le faltaba, servir de inspiración a un escritor, qué ironías de la vida. Su ceño se volvió a fruncir y continuó protegida en su silencio el resto de la familiar velada.
De madrugada, Jade daba vueltas en la cama de su habitación, sin poder conciliar el sueño.
Era incapaz de dormir pensando que Parker estaba en el dormitorio del final del pasillo.
Seguía sintiéndose furiosa porque él no le hubiera dicho que era escritor, molesta porque Henry se había estado aprovechando de ella y frustrada porque sabía que debía enfrentar ambas cosas más tarde o más temprano.
Parker estaba disfrutando de la fluidez con la que estaba escribiendo su novela.
Había tenido que reprimir, mientras duraba la cena, las ganas de colocarse delante del ordenador, pero ahora las palabras parecían plasmarse solas en la pantalla.
Esa sensación le encantaba, disparaba su adrenalina y le hacía olvidarse del mundo que le rodeaba.
Llevaba escribiendo desde que se había disculpado para desaparecer de la reunión familiar navideña, poco después de terminada la cena.
Todavía estaba sorprendido por cómo se habían desarrollado las cosas. No podía imaginarse que iba a estar bajo el mismo techo que Jade, después de aceptar la amable invitación de otra joven desconocida.
Sabía que debía hablar con ella. Confiaba en que el viaje de vuelta lo hicieran juntos igualmente, aun sabiendo quién era él y a qué se dedicaba.
Él tenía mucho dinero, no iba a necesitar que ella lo mantuviera…
dejó de escribir en seco. ¿Qué hacía planteándose una relación formal con ella?
Le gustaba, el sexo había sido bueno… pero una relación era algo más serio… ¿Qué hacía planteándoselo?
Se levantó de la cama entre sorprendido y agobiado.
No recordaba la última vez que había tomado la iniciativa al respecto.
Empezó a andar de lado a lado del dormitorio.
En sus dos matrimonios anteriores no había tenido que planteárselo.
Una cosa llevaba a la otra y antes de que se diera cuenta tenía un anillo en el dedo. ¿Por qué ahora estaba siendo diferente?
Resopló extrañado. Lo cierto era que se sentía cómodo con la idea de seguir viéndose con Jade.
Cómodo y muy bien. Jade tenía un trabajo que le exigía mucho, él también era capaz de abstraerse del mundo mucho tiempo mientras escribía.
Podría resultar… ¿Por qué no? Habían disfrutado mucho de la compañía mutua sin saber quiénes eran realmente, así que ahora que se conocían, todo podía ser aún mejor.
Volvió a la cama sonriente. Solo tendría que hacerle cambiar de idea a Jade sobre el concepto que tenía de los escritores. Lo haría en el camino de vuelta. Siguió escribiendo, deseando encontrarse con ella a solas. Podría salir bien ¿Por qué no?
Solo había escrito cuarenta palabras desde la última vez que Jade había aparecido en sus pensamientos.
Nunca le había ocurrido que una mujer le impidiera escribir y menos cuando tenía el argumento definido y las palabras fluían solas.
Dejó el ordenador sobre la mesilla. Aún no había amanecido y todo estaba en silencio.
Se puso el vaquero sobre los boxers por si se encontraba con alguien de la familia y abrió la puerta.
El pasillo estaba a oscuras y en silencio.