Un viaje sin retorno (Hermanas Maxwell 1) Chapter 2 #9
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Chapter 2 #9

—No —se sinceró ella—. No lo sé… mira… Parker… esto es algo normal —titubeó—. Somos dos adultos, dos cuerpos… No tiene por qué suceder nada más. En el hospital esto es normal entre compañeros de trabajo —divagó con una inseguridad que él no había visto antes—, te duchas y sales….

—Esto no es el hospital.

—Sí… bueno…

—Y yo no soy un compañero de trabajo —le susurró con voz ronca.

Ella tembló ante el deseo que los envolvía, ante la promesa de lo que podía ocurrir bajo el agua caliente de la ducha que resbalaba entre ellos.

—Verás… yo no… a mí no …. No se me da bien esto… —reconoció su escasa, frustrada y fracasada experiencia en relaciones de pareja.

Por eso prefería centrarse en el trabajo, se recordó. Allí era buena, precisa. Sabía lo que debía hacer y lo hacía, pero en las relaciones…

—A mí sí… mírame —le pidió Parker con voz ronca.

Con abrumadora lentitud, Jade se giró hacia él. Sus mejillas ardían, tanto como lo más profundo de su ser. Parker le mantuvo la mirada unos segundos. No pudo esperar más. Aprisionó sus labios con los suyos invadiendo su boca con la lengua sin previo aviso.

Jade se quedó sin aire. Impresionada, impactada, por el beso y la pasión que los embargaba.

Parker la apoyó contra la pared cediendo al deseo contenido.

Su boca la devoraba. Sus manos recorrían hambrientas cada centímetro de su piel.

Jade se abrazó a él cuando sintió que las piernas amenazaban con dejarla caer.

Le costaba respirar. Sus caricias la consumían.

Sus besos la invitaban a jadear. Le era imposible pensar en nada. El agua seguía resbalando sobre ellos.

Parker se retiró de repente. Si seguía un poco más, perdería el poco control que le quedaba y no eran adolescentes como para hacerlo sin protección.

Jade apenas podía abrir los ojos. Le costaba mantener el equilibrio, y ardiendo y casi sin voz, le miró exhausta, pidiendo una explicación al frío vacío que se había colado entre ambos. Por unos segundos dudó de ella misma, de su atractivo, de su valía, de su seguridad…

Parker notó el doloroso instante en su mirada. No podía permitirle pensar así. Tiró de ella sin darle explicaciones, volviendo a besarla nada más salir de la ducha. Sin dejar de hacerlo, cerró el grifo y la llevó hasta la cama.

Sabía que iban a mojar las sábanas, pero le daba igual. En segundos buscó algo en su cartera. Jade se sorprendió al ver el preservativo. No había sido capaz ni de pensar en ello.

Con habilidad, él se lo colocó y no perdió un instante en penetrarla, suave, duro, fuerte y salvaje.

Todo a la vez. Inflamado, encendido, posesivo la invitó a bailar la danza más ardiente y antigua que se conoce.

Jade, entregada, rendida, saciada, se permitió recibir, sin darse cuenta de cuánto daba ella en ese juego sin condiciones.

Parker no soltó las riendas en ningún momento. Lo quería todo y lo quería ya. Habría otros momentos en los que se las cedería a ella, pero esa vez no. Esa vez dirigía él, queriendo darle placer, queriendo hacerle olvidar lo que había hecho que sus caminos se unieran.

Un largo rato después, Jade, tumbada boca arriba, cubierta con una sábana medio mojada, no recordaba haber experimentado nada igual. Se preguntó si siempre sería así, si el resto del mundo sentiría lo mismo o lo hacía de aquella manera.

Giró la cabeza para mirar a Parker. Tenía los ojos cerrados y una atractiva sonrisa en la cara. Él pareció darse cuenta. La miró sin perder la sonrisa y pasando un brazo bajo sus hombros la acercó a él para besarla en la frente.

—¿No dices nada? —le preguntó en un susurro.

—No —respondió ella escondiendo la cabeza en su cuello.

Él le besó la cabeza con cariño.

—¿Estás bien?

—No esperaba que esto fuera a ser así.

—¿El qué? —la miró extrañado.

—El sexo. No esperaba tanto… tanta… yo no… no sé, es raro…

Parker la escuchaba extrañado.

—Lo que es raro es que ese novio tuyo buscara otra mujer teniéndote a ti en casa.

Jade lo miró con una sonrisa de agradecimiento.

—Pero si algún día lo veo le daré las gracias.

—¿Por qué?

—Por haber sido tan idiota —le besó el hombro.

—Bueno, yo supongo que no he sido muy apasionada nunca —admitió reconociendo su parte de responsabilidad.

Parker sonrió.

—¿Te crees que esto lo he hecho yo solo? Por cierto, tendrías que darme las gracias.

—¿Por qué?

—Por haberme contenido todas las noches a tu lado ¿Sabes lo que me estabas haciendo? ¿Y cuando estabas en la ducha?

—Lo veía normal. Es solo un cuerpo —se justificó.

—Tu cuerpo no es solo un cuerpo —le aseguró besándole el cuello y volviéndola a arrastrar hacia donde él quería ir—. Habría que cambiar las sábanas, están mojadas… podemos hacerlo después.

—¿Después de qué? —preguntó sorprendida mientras lo veía sonreír seguro de sí mismo, mientras se situaba sobre ella, otra vez.

Cuando Parker se despertó, Jade no estaba a su lado. Oyó el agua de la ducha y, sonriendo, y sin pensárselo dos veces, fue a buscarla.

Jade le sonrió cuando lo vio entrar decidido y con el preservativo puesto.

Esa confianza, el fuego reflejado en la mirada y la picardía en su sonrisa, la encendieron tanto como lo estaba él.

Parker no pidió permiso, ni la torturó con caricias lentas y abrasadoras.

La besó directamente, invadiendo su boca, y le hizo apoyar las manos en los azulejos de la pared.

El agua resbalaba por su espalda frente a él.

Sin mucho precalentamiento le abrió las piernas y la penetró sin darle opción a nada.

Ella jadeó satisfecha. ¿Se podía empezar el día de una manera mejor?

Llegaron a Polson después de comer. La conversación entre ambos había sido continua, interesante y entretenida. Jade se lamentó de no haberse dado cuenta antes de que era un gran conversador. Se detuvieron frente a la bonita y acogedora cafetería que Jade le indicó.

—Se acabó el viaje —comentó Parker con cierto pesar en su tono de voz. No quería que acabara nunca. Tenía una novela que escribir, pero había disfrutado mucho de la inesperada experiencia. Además, quería seguir conociendo a Jade—. ¿Has llamado a tu familia para avisarle de tu llegada?

—¿Qué? —preguntó perezosa sin tener prisa por salir del coche—. No, no he avisado. No saben que vengo.

—Bueno, serás su sorpresa de Nochebuena.

—Sí… —murmuró sin ganas de separarse de él—. Esto… debería pagarte… —Se había sentido cómoda a su lado y estaba pensando como plantearle la posibilidad de seguir viéndose en Boston.

Parker sonrió divertido.

—No voy a cobrarte el viaje. Ya sabes que no soy taxista… Ya has pagado la gasolina… y las habitaciones.

Jade le sonrió ligeramente avergonzada por la equivocación que los había llevado hasta ese momento.

—¿Qué vas a hacer ahora? ¿Vas a volver a Boston?

—No —le respondió sincero—. Creo que me quedaré unos días por aquí —. Estaba deseando comprarse un ordenador para empezar a escribir—. Me ha parecido ver un hotel a la entrada del pueblo. Reservaré una habitación. Llámame cuando decidas irte. Podríamos volver juntos.

Le escribió su número de teléfono en el resguardo de un recibo de gasolina y se lo dio.

Jade asintió insegura. Le estaba costando más de lo que pensaba despedirse de él. Y, desde luego, volver con él a casa le parecía lo más tentador, lo más apetecible y, también, lo más lógico.

¿Para qué esperar? se preguntó tomando aire, antes de salir del coche, decidida. Cerró la puerta y lo vio frente a ella con su atractiva sonrisa. Lo miró sin comprender. Él la besó los labios con cariño.

—Tienes mi número de teléfono, llámame cuando quieras.

Jade con una dulce sonrisa asintió. Lo siguió con la mirada mientras volvía al coche y lo vio alejarse a lo largo de la calle. Contuvo la respiración. De repente se sintió tremendamente sola, y no le gustó en absoluto. El frío la hizo estremecerse y recordar dónde estaba. Había llegado a casa.

Entró dentro de la bonita cafetería con el teléfono en la mano. Estaba deseando llegar a la casa de sus padres, y llevarle, por lo menos, unos bombones a su madre le parecía buena idea.

Parker sintió la soledad en cuanto arrancó el coche.

Le estaba costando dejar de mirarla por el espejo retrovisor.

Eran días familiares. Le daría espacio y tiempo para celebrarlos con su familia y rezaría para que le llamara y regresar juntos.

Después, quizá pudieran empezar una relación si a ella no le importaba demasiado que también fuera escritor.

Se habían compenetrado a la perfección en la cama y fuera de ella.

Él la había conocido en su faceta profesional, segura y responsable, en el accidente de la carretera.

La había conocido furiosa y malhumorada cada vez que hablaba de su exnovio o hasta que tomaba el primer café.

La había conocido tímida y vulnerable cuando se trataba de su vida personal y lo cierto era que todas las facetas de ella le habían encantado.

No recordaba haber conocido así a ninguna mujer anterior, ni a sus dos exesposas, con las que había convivido, por supuesto, más de los cuatro días que llevaba con Jade.

En ambos casos, las dos se habían enamorado del escritor de éxito, de las fiestas y los eventos…

y cuando habían conocido al hombre se habían desencantado y habían salido huyendo.

Pero, realmente, él estaba muy cómodo con el hombre que era, de vida tranquila, de días y noches frente al ordenador y, en contadas ocasiones, y porque tenía que hacerlo, acudía a alguna fiesta para presentar sus novelas.

De cualquier manera, aún tenía que convencer a Jade de que mantener una relación con un escritor no tenía por qué ser malo, y eso quizá le costaría un poco de tiempo, aunque no le importaba en absoluto.

Parker se detuvo frente al centro comercial que había visto a la entrada del pueblo.

Tenía unas ganas enormes de comprarse un ordenador y empezar a escribir la novela.

Lo necesitaba. Sabía que en ese estado de inspiración en el que estaba, escribiría de una manera rápida y fluida, como a él le gustaba.