Un viaje sin retorno (Hermanas Maxwell 1) Chapter 2 #8
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Chapter 2 #8

Con Henry se había acomodado, y realmente no le había importado porque él tampoco había querido distraerla de su trabajo o interferir en él.

No le pedía, no le exigía… Cerró los ojos.

Su vida de pareja había sido casi inexistente y no se había dado cuenta de ello.

Lo que no comprendía era por qué le estaba afectando tanto en ese momento.

¿Por el tiempo perdido? ¿Por la falta de respeto o el abuso de confianza?

¿Porque hubiera podido evitar ese desenlace si hubiera prestado más atención?

¿Orgullo herido? El silencio y la autocompasión la acompañaron hasta que se detuvieron para repostar y comer en otro pequeño pueblecito.

Jade salió del restaurante antes que Parker y buscó el taxi con la mirada sin encontrarlo. No se había fijado muy bien dónde habían aparcado, pero tampoco habían ido mucho más lejos de donde estaban.

Parker la adelantó y se dirigió decidido a su Chevrolet. Jade le siguió extrañada. Se detuvo en seco, incrédula.

—¡¡Pero este coche no es un taxi!! —exclamó sorprendida.

—No —comentó Parker, despreocupado, abriendo la puerta trasera por la que solía entrar ella.

—¿Entonces? —preguntó sin comprender, mientras él, divertido, esperaba a que se acercara.

—Me dijiste que te llevara y te obedecí.

Jade frunció el ceño, confundida. Un escalofrío le recorrió la espalda siendo consciente de que era simplemente un hombre, de que había sido un hombre durante todo el viaje.

—¿Quién eres? —titubeó alejándose dos pasos de él, poniéndose en guardia.

—Oh, vamos —le respondió Parker—. A buenas horas… —le invitó a entrar con un gesto—. Ya sabes que me llamo Parker. Sube. Hace frío.

Jade contuvo la respiración. ¿Qué había hecho? ¿Montarse en un coche cualquiera y decirle a un desconocido que la llevara a Montana? ¿Y quién, en su sano juicio, habría aceptado sin tratarla como una lunática?

—¿Desde cuándo sabes que me he equivocado contigo? —le preguntó seria.

—Desde el principio —le respondió con una sonrisa atractiva y burlona—. Entra. Hace frío y ya te he demostrado, creo, que no voy a matarte, a deshonrarte o a aprovecharme de ti.

Jade resopló molesta consigo misma.

—Vamos —insistió—. Es absurdo que dudes ahora cuando estamos tan cerca de llegar.

Jade apretó los labios, molesta. Tenía razón, se dijo intentado recodar el momento exacto en el que se había subido al coche. Refunfuñando, ignoró la puerta que le sujetaba y se sentó en el lugar del copiloto. Era preferible tenerlo cerca por si notaba algo raro y tenía que saltar en marcha.

Parker sonrió ante su comportamiento, y se dirigió a su asiento, divertido.

—¿Por qué no me sacaste de mi error? ¿Por qué me has dejado hablar sin parar desde ahí detrás?

Él se encogió de hombros divertido.

—No tenía nada que hacer estos días, me pareció una aventura, una sorpresa… —. Siempre le acusaban de dejarse llevar y quizá tenían razón, pensó.

—Pero son días familiares —le miró ella sin comprender.

—Ya te dije que estaba casado con mi trabajo.

—Pero tendrías planes —supuso Jade— cosas que hacer….

—Nada importante —se encogió de hombros.

Ella miró hacia adelante.

—Me siento ridícula.

—Pues no te sientas así —sonrió él prestando atención a la carretera.

—Habrás disfrutado, ¿no? —le preguntó con el ceño fruncido—. Te habrás reído de mí todo este tiempo… ¡Para!

—¿Qué?

—¡Para el coche!

El obedeció. Ella bajó del coche y se puso a andar de lado a lado nerviosa, molesta, indecisa, insegura.

Él esperó paciente hasta que no pudo más y se bajó para apoyarse en el coche mientras la miraba.

Suponía que necesitaba tiempo y realmente él no tenía nada mejor que hacer que mirarla y admirarla.

Esa faceta vulnerable de ella también le parecía sexy y arrebatadora.

—No voy a volverme ahora a casa, venga, sube. Hace frío —le pidió poco después cuando consideró que ella se había calmado lo suficiente, a juzgar por el cambio de ritmo en sus pasos.

—Esto cambia las cosas —farfulló Jade entrando en el coche, destemplada.

—¿Cómo? —le preguntó él.

—No lo sé, pero las cambia.

—Dijiste que pagarías la gasolina, ¿no? —le preguntó divertido.

—Sí, y sigue en pie, claro… pero ahora no sé cómo actuar —le confesó aturdida e incómoda—. Tú eres un hombre, yo una mujer...

—No hemos dejado de serlo en ningún momento —se encogió de hombros—. Sigue como hasta ahora.

Permanecieron en silencio durante el resto del viaje.

Parker recreándose en su novela. No estaba seguro de cómo la psicópata protagonista reaccionaría ante el descubrimiento de su error y barajaba diferentes opciones y sus posteriores desenlaces.

Jade esforzándose en recordar cómo no se había dado cuenta antes de su error.

Así hasta llegar al siguiente motel de carretera donde decidieron que iban a pasar la noche

En cuanto se detuvieron, Jade salió del coche con rapidez.

Sentía que ya no era lo mismo. Ya no eran una chica que volvía a casa por Navidad y un taxista que la llevaba.

Ahora eran un hombre y una mujer jóvenes, saludables, atractivos.

Se abrazó fuerte a sí misma ante el frío de la noche, encogiéndose en su abrigo, y se sorprendió de lo abarrotado que estaba el parking .

Resopló cuando en la recepción le dijeron que solo quedaba una habitación disponible.

Una única habitación para dormir con un desconocido.

Era una imprudencia y una auténtica locura, se recriminó enfadada con ella misma y con la desafortunada y humillante situación.

Enseguida se ruborizó ante lo absurdo de su pensamiento.

Habían estado compartiendo habitación las noches anteriores, pero la situación entre ellos había cambiado, justificó sus dudas.

Parker llegó a la recepción cuando ella aceptó la única y última llave que les quedaba.

—Vamos.

Parker la miró sorprendido. Hubiera apostado su carrera literaria a que ella pediría dos habitaciones individuales.

—¿Una sola habitación?

—¿Que? —fingió indiferencia mientras un escalofrío recorría su espalda.

—¿Vamos a compartir habitación? —le mantuvo la mirada, extrañado.

—Llevamos haciéndolo todas las noches —le replicó ella huraña y ruborizada, evitando su mirada.

—Lo sé —le dijo él con el corazón desbocado—, pero creí que las cosas habían cambiado. Tú misma lo dijiste. Yo soy un hombre, y tú una mujer.

Jade le miró con el ceño fruncido. Parecía ser que él estaba pensando lo mismo que ella.

—Bueno… ayer también lo éramos —le respondió insegura comenzando a caminar hacia la habitación asignada—. Y además no hay ninguna otra habitación disponible… —murmuró aceptando que ella estaba pensando lo mismo que él.

—Está bien…

Parker asintió muy despacio, sudando pese al frío que hacía. Sería la última noche de tortura, se recordó haciendo un gran esfuerzo para restablecer el ritmo normal de su pulso cardiaco.

Entraron en la habitación, tan similar a las anteriores que habían compartido. Horrible estampado en las paredes, modestos muebles, luz tenue…

Parker entró en el baño directamente. Necesitaba una ducha bien fría.

Abrió el grifo mientras se desnudaba y dio la espalda a la puerta rezando para que Jade no entrara. Minutos después Jade entró decidida a ducharse, se metió en la ducha y se colocó de espaldas a él.

Estaba claro que ella era una chica de costumbres: entrar en la habitación preparar la ropa del día siguiente, quitarse la ropa y meterse en la ducha, estuviera él donde estuviera.

Bueno, pensó. Si las cosas habían cambiado, ella debería darse cuenta de hasta qué punto.

Jade se enjabonó con rapidez. Había decidido actuar con la misma naturalidad que hasta entonces. Si no había ocurrido nada antes, no tenían por qué cambiar las cosas.

Parker ahogó un gemido. No podía fingir más. Quizá tenía que haber sido sincero desde el principio. Quizá era el momento de dejar de «dejarse llevar».

—Jade, ¿tú sabes los riesgos que corres metiéndote desnuda con un hombre en la ducha? —murmuró de espaldas a ella con la voz contenida mientras trataba de hacer acopio de todo su control.

—Bueno… eres tú —respondió un tanto insegura, planteándose su decisión mientras trataba de fingir que no sentía nada. Solo los separaban apenas unos milímetros... por supuesto que sabía lo que podía ocurrir entre ambos.

—Y yo soy un hombre.

—Sí, pero…

Había sido una estupidez, se recriminó sintiéndose completamente vulnerable y expuesta. Estaban los dos desnudos y… ¡¡no quería salir!!

Un hormigueo le recorrió el cuerpo. Estaba empezando a costarle respirar.

No sabía exactamente a qué se estaba exponiendo, pero quizá no le importaba arriesgarse y comprobarlo.

Ese hombre le había atraído más en unos días que Henry en toda su relación.

La había cuidado, la había acompañado y no se había aprovechado de ella en ningún sentido, pese a que sabía que estaba confundida desde el primer momento.

Además, ¿por qué no podía pasar un buen rato con él? ¿Acaso no lo hacía la gente con cualquier persona que acababa de conocer? ¿Por qué no podía hacerlo ella? Era adulta, responsable y… ¡qué calor sentía en ese momento!

—¿No vas a salir? —le preguntó Parker mientras seguía de espaldas a ella con el agua caliente resbalándole por el cuerpo.

—No —respondió con fingida inocencia, sintiendo el calor que recorría todo su cuerpo y que nacía del centro de su feminidad.

No recordaba haberse sentido nunca así con Henry. Con él siempre había sido todo correcto, nunca había esperado nada más, y tampoco le había importado en absoluto que las cosas fueran diferentes. No comprendía por qué en ese momento, presentía que iba a ser todo muy distinto.

Parker soltó el aire que retenía y se giró para apreciar la suave piel de su espalda. Ella no se estaba duchando, estaba esperando, paciente… quizá a que él diera el primer paso. Se le acercó un poco más. Le había dado la oportunidad de escapar.

Jade notó su aliento en la nuca. Su piel se erizó estremeciéndola.

—¿Estás segura de que quieres que esto ocurra?