Un viaje sin retorno (Hermanas Maxwell 1) Chapter 2 #6
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Chapter 2 #6

No sabía en qué momento se había acostumbrado tanto a su presencia y a su compañía que sin él, se sentía extrañamente vulnerable.

No tenía por qué ya que apenas lo conocía, pero la tranquilidad que le transmitía era tan cálida que sentirse bien a su lado, aunque no mantuvieran ningún tipo de relación, era demasiado fácil.

No recordaba haberse sentido así con Henry, pero ¿qué relación habían tenido?

Compañeros de piso, siendo ella quien pagaba los gastos, y poco más, muy a su pesar.

¿Cómo no había podido verlo? Sus hermanas, alguna vez, le habían sugerido algo, pero no les había prestado atención.

Ellas no sabían de relaciones de pareja.

No podían darle consejos. No los hubiera aceptado.

En esos momentos, estaba sola. Sola. Y siempre se había llevado bien con la soledad, hasta ese momento que parecía ahogarla. Se estremeció sin poder evitarlo.

Parker no tardó en volver y la encontró quieta, de pie, en mitad de la habitación, envuelta en una toalla, con la mirada ligeramente perdida.

—¿Ya has salido? —preguntó confirmando lo que veía, y desviando automáticamente la mirada.

Parker notó que se le secaba la garganta mientras guardaba su móvil en el bolsillo del abrigo y dejaba un par de cervezas que había comprado sobre la mesa junto a la puerta.

No podía fingir que era indiferente a ella.

La presión de la entrepierna le hizo apresurarse hacia el cuarto de baño murmurando una escueta explicación.

Se desnudó con rapidez y se metió bajo la ducha.

Maldijo no tener una mínima cortina que le proporcionara un poco de intimidad y que impidiera que todo se llenara de agua salpicada.

Aún así, agradeció que el agua caliente cayera sobre su cabeza y resbalara sobre sus hombros haciéndole entrar en calor.

Jade escuchó el agua de la ducha y sintió cómo volvía el calor a su cuerpo y la sensación de soledad desaparecía. Pareció revitalizarse y hasta su estómago reaccionó. Tenía hambre. Avisaría a Parker para terminara rápido y buscaran algún sitio donde cenar, aunque fuera tarde.

Parker se giró sobresaltado al escuchar abrirse la puerta con demasiado ímpetu. Instintivamente, le dio la espalda, cubriéndose con las manos la magnitud del deseo que sentía por ella.

—Tengo hambre, ¿tú no?

Parker resopló frustrado. Prefirió no decirle de qué tenía hambre.

—Enseguida traerán una pizza —le comentó impaciente de espaldas a ella—. La pedí mientras te duchabas. Dejé un par de cervezas en algún sitio.

Jade sonrió de oreja a oreja. Una pizza le parecía una idea fabulosa.

Casi podía saborearla… Entonces, se fijó en el cuerpo desnudo y mojado del hombre que había frente a ella.

Estaba musculoso, proporcionado y muy bien formado.

Sus nalgas parecían firmes y sus largas piernas también.

Notó que se le secaba la garganta y la curiosidad por el resto de su cuerpo se prendió en ella.

Pensativa, salió, cerró la puerta a su espalda y se giró hacia la habitación. No hubiera imaginado jamás que un taxista pudiera cuidar su cuerpo de esa manera. Juraría que era asiduo al gimnasio. Era importante cuidarse, justificó su interés.

Se puso uno de los minúsculos tangas y la camiseta que había comprado para dormir. Lo cierto era que estaba cansada del viaje. Quizá de estar todo el día en el coche, quizá de no estirar las piernas, quizá de no estar disfrutando todo lo que podría disfrutar del camino.

Si hubiera viajado en avión ya estaría con su familia, pero no habría conocido a Parker, aunque conocerlo tampoco le estaba sirviendo de mucho.

No eran más que compañeros de viaje, un viaje por el que ella tenía que pagar una vez llegaran a su destino.

¿Por qué no lo había pensado mejor antes de aventurarse a viajar por carretera?

Parker salió poco después con sus boxers nuevos y se quedó parado al verla tumbada en la cama tan tranquila, con la camiseta que realzaba y apenas cubría sus bonitas piernas, mirando despreocupada la pantalla de su móvil. Pero ¿de verdad que no era consciente de lo que le estaba haciendo?

Llamaron a la puerta sobresaltándolos. Él se puso los vaqueros nuevos con rapidez. Ella se levantó para abrir, decidida. Parker la detuvo junto a la puerta, impidiéndola que la abriera.

—¿Dónde vas así?

—A abrir —le respondió extrañada.

Parker abrió los ojos como platos, alarmado, y la miró de arriba abajo.

—Pero ¿tú has visto cómo vas?

Jade lo miró incrédula. Parker, negando con la cabeza, se situó delante de ella, abrió la puerta y tomó la pizza antes de volver a cerrar sin permitir que el joven que la había llevado pudiera ver más allá de él.

Cuando se giró, Jade le estaba mirando seria, con los brazos cruzados.

—¿Qué tiene de malo mi ropa?

—Que no es ropa —replicó él alejándose de la puerta.

—Me sirve de pijama, no necesito nada más para meterme en la cama —le siguió y abrió la caja de la pizza. El estómago le recordó el hambre que tenía. Eligió un trozo, relamiéndose —. De carne y pimientos rojos… me encanta….

Parker con un suspiró decidió obviar el tema de su escasa ropa, y la imitó mientras dejaba la caja sobre la mesa que había debajo del televisor.

—Te oí hablar con alguien cuando me duchaba —le comentó Jade tumbándose boca abajo en la cama mientras daba un mordisco enorme a la sabrosa pizza.

Parker decidió desviar la mirada. No podía verla sobre la cama como si no fuera consciente de lo que podía ocurrir entre ambos. Con gran esfuerzo de contención, se asomó a la ventana, ahogando un suspiro. Seguía lloviendo.

—Nada importante —le respondió. No le gustaba hablar con nadie sobre sus novelas hasta que no estaban terminadas o en manos de su editor. Además, ella pensaba que era un taxista.

—Te suena el móvil —le avisó pensando en la infinidad de veces que le sonaba a lo largo del día y ella ignoraba.

—Lo oigo vibrar —respondió sin inmutarse, saboreando cada bocado.

—¿Una pelea de enamorados? —se atrevió a preguntar.

—Salí antes del trabajo y encontré a mi novio en la cama con una rubia —le explicó desenfada, levantándose a por otro trozo de pizza.

Parker parpadeó incrédulo. ¿Quién podría preferir otro cuerpo frente al que estaba viendo?

—Supongo que lo siento —comentó sin sentirlo en absoluto—. ¿Llevabais mucho tiempo juntos?

—Tres años —le explicó ella notando cómo empezaba a bullir la rabia que había dejado acumulada tanto tiempo—. Tres años doblando turnos para que el sinvergüenza escribiera el best seller que le haría mundialmente conocido.

—¿Escritor? —preguntó casi atragantándose con el trozo de pizza que estaba masticando.

—No, un cuentista perezoso e irresponsable. Pasaba todo el día sentado frente al ordenador o la televisión, esperando a que le llegara la inspiración. Eso cuando no salía a pasear… si es que era eso lo que hacía, porque después de lo visto, dudo de todo.

Parker asintió en silencio. Parecía muy resentida, cuando realmente la imagen que describía era una bastante habitual para un escritor.

Él mismo se había sentido así más de una vez y había hecho eso mismo los últimos tres meses.

Carraspeó incómodo. Era mejor que siguiera pensando que era un taxista.

—¿Ha publicado algo?

—Pues lo cierto es que no. Pasaba las noches en vela delante del ordenador cuando yo dormía en casa, y los días en esa misma posición, si yo trabajaba de noche, pero siempre se quejaba de que no escribía…

Parker asintió confundido. ¿Cómo era posible que Jade no se hubiera dado cuenta de que la falta de contacto o de relación entre ellos era realmente falta de interés?

Comprendía esa necesidad de escribir a cualquier hora o que el tiempo se le fuera volando mientras lo hacía, porque a él le ocurría, pero ¿descuidar una relación importante por ese motivo?

Era un síntoma evidente de que la relación de pareja no le importaba en absoluto.

Jade lo miró pensativa. ¿Cómo no había sospechado de ese comportamiento tan distante con ella? ¿Cuánto tiempo llevaba engañándola con otras mujeres o sobre su imperceptible profesión?

—Quizá esperaba a que le llegara la inspiración…

—Delante del televisor viendo documentales es un sitio curioso donde encontrarla, ¿no?

—¿Documentales?

—Sí, o películas porno. El resultado era el mismo.

—No podía ser el mismo —respondió el con conocimiento de causa.

—Sí. No escribió nada, que yo sepa —se encogió de hombros, resignada.

Ningún cuerpo masculino reaccionaría de la misma manera delante de un documental que de una película porno, aunque estuviera muy cansado de gozar de esto último y tuviera en su casa a una diosa con el cuerpo de Jade, pensó notando cómo su cuerpo empezaba a encenderse.

—Nunca leí ni una sola página —prosiguió ella distraída, ajena a los pensamientos de Parker.

—Quizá no quisiera enseñarte la novela hasta que no la acabara…

—¿Estás defendiéndolo? —preguntó a la defensiva dejando el borde del trozo de pizza que había estado comiendo.

—No, no —se disculpó Parker levantando las manos en señal de paz.

—Hombres…

Sin mirarlo, furiosa, Jade se metió a la cama y apagó la luz de su mesilla dejando la habitación iluminada a medias.

Parker ahogó un suspiro. Era incapaz de tumbarse a su lado en la cama y actuar como si fuera indiferente a ella. No lo era, por más que lo intentase.

Se puso un jersey de lana y el abrigo, cogió la caja de pizza con los trozos que quedaban y salió a comérsela fuera de la habitación, aprovechando el pasillo cubierto que conducía a las habitaciones.

Se sentó en el banco de madera más cercano y terminó la cerveza y la pizza disfrutando del aire frío en el rostro y el sonido de la lluvia al caer.

La verdad era que le resultaba increíble lo que le estaba ocurriendo. El viaje inesperado, el poder resistirse a la belleza de Jade…