Chapter 2 #5
Entró en el coche satisfecho de que su última novela se encontrara entre las más vendidas de la sección de libros, aunque fuera en una gasolinera de carretera.
Lo esperaba y lo suponía, pero las confirmaciones siempre le hacían sentirse extraordinariamente bien.
Era eso lo que había estado hablando con las dos jovencitas que le habían reconocido.
Le encantaba su trabajo, le encantaba escribir, pasar horas y horas delante del ordenador, de promoción cuando tocaba hacerlo, firmando libros en contacto con los lectores cuando lo disponía la editorial…
A veces, echaba en falta una pareja con quien celebrar sus éxitos, pero sus relaciones de pareja siempre habían sido malas experiencias que juraba no repetir hasta que volvía a hacerlo.
Era cierto que se dejaba llevar por ellas, era cierto que pasaba muchísimas horas escribiendo, pero eso formaba parte de él y si no lo aceptaban así, más valía separarse. Así era como siempre terminaba todo.
Pero en ese momento, no le importaba en absoluto. Ese inesperado viaje le estaba sirviendo para sentir de nuevo la inspiración, la ilusión y la adrenalina corriendo por sus venas. No podía dejar de pensar en el momento en el que se sentara a escribir.
Empezó a llover en cuanto reanudaron el camino, así que tuvo que rebajar la velocidad.
Pararon un par de veces más, lo imprescindible, hasta que se hizo de noche.
Apenas hablaron. Solo alguna nimiedad mientras escuchaban música.
Jade dormitaba a ratos y otros ratos miraba por la ventana.
Parker aprovechó, mentalmente para trazar el esquema general de su novela por lo que el tiempo parecía pasar rápido para ambos.
El GPS del coche les indicó que pronto llegarían a un motel, aunque la cortina de agua que caía en forma de lluvia les impedía ver con claridad siquiera las luces de neón que seguro que ya lo estaban anunciando.
Parker empezó a fantasear sobre lo que ocurriría esa noche, por lo menos entre los protagonistas de su novela, cuando el coche que iba delante de ellos derrapó en una curva y cayó terraplén abajo. En un suspiro. De repente.
Agarró con fuerza el volante tras el sobresalto inicial y frenó en seco conteniendo la respiración. El corazón latía desbocado.
—¡¡Dios mío!! —exclamó Jade saliendo del coche sin detenerse a ponerse el abrigo—. Rápido, llama a emergencias —le ordenó antes de bajar tras el coche como alma que lleva el diablo.
Parker salió del coche bajo la lluvia, intranquilo y alarmado.
¿Dónde iba esa mujer? Apenas se veía nada y la lluvia no dejaba de caer.
La luna ayudaba con su luz, pero no era suficiente para no perderla de vista.
Parker llamó por teléfono al servicio de emergencias.
Vio que el coche no había caído muy abajo y distinguió a Jade ir de una puerta a otra del coche con precisión, como si supiera lo que hacía.
Subió al coche y lo movió para que la luz iluminara el coche accidentado y Jade pudiera ver algo. Acto seguido salió a colocar los triángulos reflectores con el chaleco de seguridad puesto. La lluvia seguía cayendo con un poco menos de intensidad.
Resbalando en varias ocasiones, bajó hasta donde estaba el vehículo siniestrado.
Había una pareja de mediana edad en su interior.
La mujer parecía haber perdido el conocimiento y Jade estaba hablando con el hombre mientras lo exploraba con minuciosa profesionalidad, ignorando la lluvia que había disminuido su intensidad.
Parker aún no se había recuperado del susto que llevaba en el cuerpo.
Admiró a Jade que se mostraba eficiente y segura, como si estuviera acostumbrada a situaciones como aquella.
Se sentía torpe e impotente y aunque, inevitablemente, prestaba atención a todos los detalles, grabándolos en su cabeza, parecía ajeno a todo lo que ocurría.
Se veía a sí mismo como un narrador o espectador ajeno a la escena.
—Vuelve a la carretera a esperar a que vengan, por favor —le pidió ella, firme, mientras la lluvia le resbalaba por la cara sin compasión.
Parker obedeció en silencio, sin rechistar. Hacía frío, la situación le era muy incómoda. Obedeció reconociendo que no podía ser de mucha utilidad a su lado en momentos como aquellos.
La lluvia pareció concederles una tregua cuando, poco después, llegaron dos ambulancias y un coche de policía.
Jade se acercó a él después de acompañar a los heridos a las ambulancias, y dar algunas indicaciones firmes y precisas a los sanitarios que iban a encargarse de ellos. Parker estaba terminando de dar su versión de lo ocurrido a los policías.
—Un placer conocerle, señor Wallace —se despidió con una media sonrisa uno de los policías, la que era mujer, tendiéndole la mano.
—¿Así se despiden los policías? —preguntó extrañada y nuevamente molesta por la atracción que sentía hacia él cualquier mujer con la que se cruzaba—.
Qué amables —comentó cínica retirándose el pelo mojado de su cara—.
Por favor, sube al coche y lleguemos cuanto antes a algún motel —le pidió tajante.
Parker asintió sin inmutarse por su tono de voz o su ceño fruncido.
Lo cierto era que él también tenía prisa por dar por terminado el día, aunque dudaba que pudiera dormirse inmediatamente.
Tenía las emociones a flor de piel y el cuerpo helado por la lluvia.
Por no señalar que su mente se aceleraba por momentos al pensar en incluir en su futura novela una situación parecida a la que acababan de experimentar.
Jade temblando de frío, entró en la parte trasera del vehículo e intentó bajarse el pantalón.
Toda la adrenalina que se había apoderado de ella momentos antes parecía haberla abandonado y la había dejado sin fuerzas.
Lo tenía totalmente pegado al cuerpo por la lluvia, y no podía quitárselo.
Lo dejó por imposible. Sacó de la bolsa de ropa recién comprada la que tenía de repuesto.
Se empezó a sacar las mangas del jersey que llevaba.
—¿Eres médica o algo así? —le preguntó Parker mirándola por el espejo retrovisor.
Casi perdió el control del volante cuando la vio quitarse el jersey, mostrando sus redondos pechos entre sombras.
—Ten cuidado —le advirtió ella agarrándose al asiento antes de quitarse el sujetador que estaba completamente empapado.
Parker más sereno, regulando su respiración y sabiendo lo que podía encontrarse si miraba atrás, decidió disminuir la velocidad, agarrando fuerte el volante.
Volvió a mirarla por el espejo para encontrarse con sus bonitos ojos verdes.
No recordaba la ropa seca que habían comprado ese mismo día.
Debería cambiársela, pero le urgía más llegar a algún lugar donde pasar la noche.
—Soy enfermera del servicio de urgencias —le respondió Jade, despreocupada.
Agradeció el contacto con la ropa seca pese al frío que aun sentía, probablemente debido a sus pantalones. Necesitaba una ducha de agua caliente, muy caliente, para entrar en calor.
Parker distinguió las luces de un motel, unos metros por delante. Lo agradeció en silencio sin caer en la tentación de mirar por el espejo retrovisor por debajo de los bonitos ojos verdes. Aceleró ligeramente hasta llegar y aparcó frente a la puerta de un estacionamiento casi vacío.
Se pusieron los abrigos antes de salir bajo la lluvia que no había parado aún de caer.
La recepción del motel era similar a la del anterior. Cuadrada, pequeña básica y funcional. Ella pidió una habitación.
—¿No sería mejor dos? —sugirió Parker, incómodo.
Cada vez se sentía más atraído por ella y no sabía cuánto más iba a poder mantener las distancias.
—¿Por qué? —le preguntó ella extrañada—. La cama es doble.
Parker ahogó un suspiro. Pese a estar cansado y ligeramente alterado por el accidente que habían presenciado, pensar en pasar otra noche compartiendo la cama con Jade, conteniéndose las ganas de hacerle el amor, era una tortura.
Porque sí, le haría el amor, despacio, lento, suave…
la desnudaría sin prisa, acariciaría cada curva, besaría cada milímetro de su piel…
Apretó los labios con fuerza para silenciar el gemido que parecía querer brotar desde lo más profundo de su ser.
—¿Vamos? ¿En qué estás pensando? —le apremió impaciente, desde la puerta, con otra aparatosa llave en la mano.
Parker emitió un gruñido a modo de respuesta antes de seguirla.
La habitación tampoco les sorprendió. Paredes empapeladas con motivos florales, luz tenue, muebles de mínima calidad, pero para dormir no necesitaban más.
En cuanto entró, Parker encendió la calefacción. Se quitó el abrigo con rapidez. La ropa, mojada y helada, le estaban enfriando hasta el alma.
—¿Te duchas tú antes? —le preguntó a Jade. También debía sentirse congelada.
—De acuerdo —agradeció ella entrando decidida al pequeño y desfasado cuarto de baño.
Parker se quedó solo con los boxers y tras mirar a su alrededor y no encontrar con qué entretenerse, porque encender la televisión era una opción que no se iba a plantear, empezó a grabar las ideas para su próxima novela en la aplicación del teléfono móvil, mientras caminaba de lado a lado de la habitación.
No dudaba de que sería un éxito. Le añadiría pasión en esos encuentros en los moteles, desde luego.
La pasión que con solo pensar en la mujer que se estaba duchando al otro lado de la puerta, le encendía todo su ser.
El sonido de la ducha y todo lo que estaba pensando le obligaron a vestirse y a salir de la habitación. Era imposible concentrarse así.
Jade sintió el agua caliente resbalar sobre su cuerpo, y emitió un suspiro de satisfacción. Necesitaba ese calor y la relajación que le estaba proporcionando.
Le pareció oír hablar a Parker y, despreocupada, supuso que hablaría con alguien. Luego escuchó el sonido de la puerta cerrándose. Extrañada, salió del cuarto de baño envuelta en una toalla y se encontró sola en la habitación. Parpadeó sorprendida. ¿Dónde estaba?