Chapter 2 #4
Se sentaron en una mesa para dos junto a la ventana con vistas al parking.
—¿Qué tal tu cabeza? —Le preguntó Parker.
—Ahora mejor. No suelo beber —le explicó—. Ni jugar al billar.
—Me di cuenta —le confirmó él haciéndola sonreír y que los ojos se le iluminaran.
—Supongo que algo debo agradecerte. No recuerdo haber salido de allí.
Él sonrió. Parecía que todo el malhumor con que la había conocido estaba desapareciendo.
—¿Qué hay en Polson? —Se atrevió a preguntar.
—Mi familia —le explicó ella—. Hace mucho que no la veo.
—¿Y qué mejor que ir en las vacaciones navideñas?
—No lo había pensado —se encogió de hombros mientras una camarera rubia, que miraba embobada a Parker, les servía el café.
Parker parecía que no se daba cuenta, pero Jade enarcó las cejas haciendo consciente a la joven de que ella sí que la había visto. No le importó mostrarse posesiva, a fin de cuentas, ella estaba en ese momento con él y se merecía un respeto.
Parker disimuló apreciando la escena. Sí que era conocedor de lo que las mujeres pensaban cuando le veían, estaba bastante acostumbrado y no le daba mayor importancia, pero le sorprendió en silencio la mirada amenazadora que Jade echó a la camarera y su ego se sintió tan reconfortado con esa actitud como su entrepierna.
Jade miró a Parker tomando mayor conciencia de lo guapo que era.
¿Sabría lo atractivo que resultaba? ¿Cómo le explicaría a su novia o a su mujer los cuatro días de ausencia?
No le había visto usar el móvil para avisar de su tardanza.
Tampoco llevaba ningún tipo de alianza en el dedo.
Se dio cuenta de que él no podría celebrar las fiestas en casa por llevarla a ella de viaje y no había pensado en eso.
Para él no serían cuatro días, sino ocho, y esos incluían los de Navidad en el camino de vuelta.
—Oye, tus planes para estos días… no pensé en que te iba a fastidiar las fiestas —se disculpó Jade con sinceridad.
—No te preocupes —le contestó tan tranquilo—. No tenía nada previsto.
Y así era. Normalmente, cuando los plazos para entregar una novela se acortaban, se aislaba de todas las distracciones posibles, por lo que su familia se conformaba con verlo aparecer de vez en cuando. Su trato era más habitual por teléfono o incluso por video conferencia mientras cocinaba.
—Me llamo Jade —le dijo—. No sé si te lo había dicho.
—Jade… —asintió—. Yo soy Parker… —la camarera les llevó el humeante y apetecible almuerzo.
—Muy bien, Parker —le dijo Jade robándole sin vergüenza una patata de su plato—. Estoy hambrienta —le confesó antes de metérsela a la boca.
Compartieron el almuerzo hablando de cosas superficiales.
Jade empezó a sentirse más cómoda y relajada.
La ruptura, definitivamente, le había provocado más rabia que dolor y eso la alivió bastante.
Se sentía igualmente engañada, pero por orgullo más que por decepción.
Los tambores con los que había amanecido esa mañana, por fortuna, habían finalizado la estancia en su cabeza y parecía que ya podía pensar con claridad.
Con el estómago lleno pasaron a la tienda contigua.
Ella fue derecha a la ropa interior. Cogió un pack de boxers negros para él y con ellos en la mano empezó a buscar algo para ella.
Parker se le acercó atendiendo a los detalles que veía a su alrededor.
Eran muchos datos los que quería almacenar en su memoria.
Tendría que hacer alguna grabación pronto.
—Oh, por favor —gruñó Jade— o esto, que es horrible —le señaló unas clásicas braguitas de algodón blanco—, o esto que me haría ganar dinero en cualquier esquina —le señaló los escuetos tangas de llamativos colores que había en una minúscula estantería.
Parker asintió curioso ante su elección.
Jade los miró con detenimiento. No le gustaba nada que la ropa interior se le marcara en los vaqueros, así que eligió la ropa interior impúdica y provocativa.
Era cómoda y daba igual que fuera vulgar porque nadie la iba a ver, se justificó encogiéndose de hombros.
Parker ahogó un gemido. Esta chica iba a matarle.
¿Cómo esperaba que se concentrara en la carretera sabiendo lo que llevaba bajo la ropa?
Una psicópata tan sexy en su novela no haría más que aumentar sus ventas… necesitaba un ordenador cuanto antes.
Resoplando, Jade escogió una camiseta ancha de color blanco para dormir después de mirar los horrorosos y psicodélicos pijamas que había. Después, fue hacia las camisas de hombre y eligió una oscura para Parker.
—¿Te gusta?
—Sí —le respondió él—, pero pago yo.
—No —le replicó ella—. Te dije que yo pagaría todo.
—Acepto que pagues la gasolina —confirmó él—, pero la ropa, no.
Ella se quedó pensativa. Estaba acostumbrada a comprar y pagar la ropa de Henry desde hacía tres años, algo que la enfadaba solo con recordarlo. Hizo una mueca recordando lo tonta que había sido.
—No me parece justo —le explicó—. Estás aquí porque te lo he pedido.
—Podía haberme negado —le respondió él aceptando la camisa que ella le había escogido.
—Pero te voy a pagar un dineral por llevarme a casa —le recordó ella asumiendo que tenía razón.
Parker contuvo su intención de decirle que no necesitaba su dinero, pero recordó que ella no sabía quién era él, así que optó por callarse.
Le estaba gustando la particular aventura que había iniciado y tenía ganas de ver hacia dónde le llevaba.
Lo que le consumía, y no sabía cuánto podía controlar, eran las ganas de volcar en un papel todas las ideas que se le iban ocurriendo y que, sin duda, bien trazadas y argumentadas comprenderían la trama de su nuevo best seller .
—Esto lo pagaré yo —le aseguró él cogiéndole de la mano los boxers negros. Hacía mucho tiempo que ninguna mujer le compraba la ropa interior.
Jade decidió convencida que añadiría algo de dinero extra a lo que le pagaría por el viaje para evitarle los gastos que el viaje le estaba ocasionando.
Echó un vistazo a la ropa. Debería comprarse algo para poder cambiarse.
El viaje duraría tres días en coche, y qué menos que tener algo más que ponerse, aunque se duchara todos los días.
Escogió unos vaqueros y un jersey negro y entró en el probador.
Se miró en el espejo. Le sentaba bien y era muy cómodo.
Que el jersey se detuviera en sus curvas era lo normal porque las tenía, pensó.
Entonces recordó a Henry con la rubia encima.
Tenía las tetas pequeñas. A Henry siempre le había atraído eso y ella no cumplía con ese requisito.
Resopló por acordarse de él y salió del probador buscando a su acompañante con la mirada.
Estaba en la sección de libros y dos chicas jóvenes estaban hablando con él amigablemente.
Parker parecía disfrutar con la conversación.
Le brillaban los ojos y su sonrisa resultaba cautivadora.
Era realmente atractivo y no parecía que desentonara rodeado de libros.
Enfurruñada sin saber por qué, fue hacia él.
—¿A ti que te pasa que en cuanto me doy la vuelta, o sin dármela, tienes a alguna mujer revoloteando cerca? —le acusó molesta.
Parker se sorprendió por la inesperada escena de celos.
—¿Perdona?
Las dos jóvenes se fueron con medias sonrisas nerviosas mirando divertidas a Jade.
—¿Y tu mujer? ¿O tu novia? ¿Y el respeto? —. Él fue a replicar, pero ella se alejó enfadada—. No quiero escuchar tus excusas.
Parker se extrañó por el comentario y la siguió hasta la caja tratando de defenderse.
Ninguna mujer le había acusado de falta de respeto, de infiel o de mujeriego.
Más bien de todo lo contrario. Pero eso no tenía nada que ver.
Esas chicas lo habían reconocido y cuando se trataba de promocionar sus libros, se mostraba encantador, porque lo era y porque era lo que se suponía que tenía que hacer para que siguieran aumentando las ventas de sus libros.
—Oye, no he faltado el respeto a nadie —le comentó siguiéndola.
—¿No me digas? —le preguntó cínica.
—Claro que no, no tengo mujer, ni novia, ni nada parecido —le respondió confuso por la acusación adelantándola en el camino hacia el mostrador.
—¿Y por qué no? —le preguntó extrañadísima, siguiéndole.
Por lo poco que lo conocía era respetuoso, atento, educado, además de ser tremendamente guapo y atractivo.
Él se giró sorprendido por la pregunta.
—¿Cómo dices?
Jade casi tropezó con él cuando se detuvo frente a ella esperando una respuesta.
—¿Tú te has visto? ¿Cómo es que no tienes mujer o novia? —le esquivó llegando hasta el mostrador para pagar la compra.
Parker la siguió negando con la cabeza, ligeramente molesto con su acusación.
—Estoy casado con mi trabajo —le respondió dejando la ropa que había escogido, frente a la cajera, antes de sacar su cartera.
—Sé lo que es eso —murmuró distraída sin querer reconocer que quizá se había extralimitado con su reacción.
No eran pareja ni nada parecido y ella sabía lo que era estar casada con su trabajo.
Hacía jornadas superiores a ocho horas más de una vez a la semana…
pero esa no era justificación para ser infiel a tu pareja, refunfuñó.
Aunque, ahora a él le surgía un viaje de cuatro días y dejaba todo para hacerlo.
Quizá era cierto que también estaba casado con su trabajo.
Se encogió de hombros, realmente, ella no era nadie para juzgarlo.
Nada más salir de la tienda, el teléfono de Jade empezó a vibrar.
Empezó a buscarlo en su bolso distraída mientras seguía a Parker sin prestar atención al coche al que se dirigían.
Tenía varios mensajes de voz de Henry y el malhumor que había desaparecido después del copioso y relajado desayuno volvió a aparecer.
Decidió no escucharlos y antes de levantar la vista se encontró con Parker abriéndole la puerta del copiloto para que entrara.
Ella ignoró el ofrecimiento volviendo a marcar distancias y entró en la parte de atrás sin prestar atención a nada.
Parker cerró con una sonrisa la puerta que había abierto inútilmente y volvió al sitio del conductor.