Chapter 2 #2
Parker recordó que ella creía que él era un taxista y con una sonrisa que no pudo esconder se lo dio. Ella lo guardó en su bolso sin prestarle atención.
—Podemos parar ahí —le dijo ella poco después, señalando un motel de carretera con luces de neón amarillas y verdes.
Para pasar la noche cualquier techo le valía. En el coche se estaba caliente, pero estaba deseando estirar las piernas y además, era lógico y justo parar a pasar la noche. Los accidentes de tráfico podían ser mortales, y ella no estaba dispuesta a jugarse la vida.
Parker desvió el coche hasta el estacionamiento que había frente al motel elegido y salió tras la joven que parecía tener ganas de llegar a la habitación, a juzgar por la prisa con la que se estaba alejando de él.
Mientras se acercaban a la recepción, Parker tomó nota mental del típico motel de carretera de dos alturas.
Un poco decrépito, alguna luz encendida…
solo había estado en esos moteles para documentarse para alguna de sus novelas, nunca para utilizarlo en la vida real.
Pero tampoco le habían confundido nunca con un taxista.
Divertido e intrigado, a partes iguales, por lo que esa historia pudiera deparar, siguió a la mujer que ya estaba llegando a la puerta.
Llevaba su melena oscura hasta los hombros, un poco ondulada, y caminaba con paso firme y decidido. Mediría poco más del metro sesenta y cinco y los vaqueros parecían ocultar unas largas y finas piernas.
Parker aceleró el paso y entró en el cubículo que parecía ser la recepción y donde a la mujer ya le estaban dando una enorme y aparatosa llave.
Jade estaba sacando su tarjeta de crédito cuando vio que en un lateral junto a la recepción había a la venta varios sets de viaje con cepillo de dientes, gel y champú y añadió dos a la cuenta.
—¿Sabe de algún sitio donde tomar una copa? —preguntó al joven pecoso que le estaba atendiendo.
No tenía sueño debido a sus diferentes turnos de trabajo y no le apetecía pensar en nada relacionado con Henry, que era lo único en lo que parecía centrarse su cabeza. Si se encerraba en un dormitorio sin nada que hacer seguro que seguiría pensando en su frustración y desengaño una y otra vez.
—Aquí detrás tiene un tugurio —le dijo el chico sin ningún interés señalando con la cabeza la dirección a la que debía dirigirse.
Ella asintió y tras despedirse se giró sin darse cuenta de que Parker estaba justo ahí. Afortunadamente ella le llegaba a la altura del hombro y fue con su pecho enfundado en una parka marrón con lo que ella se topó.
Parker se quedó sin palabras al mirarla de frente. No la esperaba tan guapa, tan arrebatadora. La joven morena tenía la piel blanca, los ojos verdes, la nariz pequeña y una boca carnosa que solo apetecía besar. Entonces ella levantó su mirada extrañada de que él no se hubiera movido.
—¿Todo bien? —le preguntó reconociendo que era aún más atractivo y guapo de lo que había percibido en el coche.
Olía a perfume caro, tenía el cabello claro un poco largo y unos ojos de color coñac, y a juzgar por la mano que ella había apoyado en su pecho, sorprendida por el golpe, no tenía la barriga que esperaba y que le podría quitar atractivo.
—¿Eh? Sí, sí —contestó dejándole pasar mientras sentía que el calor que le recorría la entrepierna le templaba todo el cuerpo.
—Vamos —le dijo ella dirigiéndose a una de las habitaciones de la planta baja.
—¿Solo una habitación? —preguntó extrañado cuando vio que solo llevaba una llave con un llavero de tamaño desproporcionado.
—Sí —le respondió ella—. Espero que no le suponga ningún problema —le enfrentó la mirada.
No estaba dispuesta a pagar gastos superfluos. Habría sitio para dos y no necesitaban nada más que una cama para dormir.
Él levantó las manos en señal de paz.
—A mí, ninguno —le respondió pensando en cómo deshacerse de la erección que le acompañaba desde que se había fijado mejor en ella.
Entraron y Jade bufó al encender la luz.
La verdad es que era lo que esperaba, pero no por eso le gustaba más.
Una sola cama de matrimonio, un papel horrible en las paredes, una luz tenue, pero bueno, solo era de paso, para una noche.
Entró al pequeño cuarto de baño, que estaba bastante limpio, y dejó los neceseres mientras él encendía el pequeño televisor y la calefacción por aire que había sobre la puerta.
—Voy a tomar una copa —le avisó saliendo del cuarto de baño, decidida.
Él se levantó para acompañarla por inercia, pero su bonito rostro lo miró extrañado y serio.
—Tú tienes que conducir mañana.
Él aceptó recordando que no era más que el taxista que conducía y volvió a sentarse en la cama. La vio salir siguiéndola con la mirada.
Se quedó solo y se dejó caer de espaldas con un suspiro.
No tenía sueño y su cuerpo le pedía estirarse.
Si hubiera estado en casa podría haber aprovechado para hacer pesas o hubiera salido a correr un par de kilómetros, pero en esas circunstancias, la mejor opción, sin duda, era salir a dar una vuelta.
Y no parecía que hubiera muchos sitios a los que acudir.
Así que decidió arriesgarse a visitar el bar donde se suponía que estaría su compañera de viaje.
Jade llevaba ya tres chupitos de whisky cuando el primer hombre se le acercó.
Se estaba maldiciendo por lo idiota que había sido de seguir con Henry.
Se había acomodado a la situación. Era fácil convivir con él.
No le exigía sexo, no le exigía estar en casa, ni hacer comidas.
No le exigía ni dinero porque ella simplemente lo compartía.
Era rabia lo que sentía más que dolor, así que no tuvo ningún remordimiento al ignorar también deliberadamente al segundo hombre que la abordó.
Jade se giró en la banqueta en la que estaba y observó la mesa de billar en un extremo del bar.
Había dos hombres jugando. Hacía mucho que no jugaba, desde la Universidad.
Se bebió de un trago el cuarto chupito de whisky y fue hacia allí.
Jugar a ganar era algo que le disparaba la adrenalina y eso era lo que quería sentir en ese momento.
Parker entró en el momento en que a ella le tendían uno de los palos de billar.
Los dos hombres la miraron lascivos y no era de extrañar.
Jade llevaba unos ajustados vaqueros negros y una estrecha camiseta blanca que resaltaba aún más su escultural figura.
La erección volvió a su lugar y todas las señales de alarma que podía imaginar se dispararon en su cabeza cuando analizó la situación.
Inconsciente e irresponsable era como podía definir en ese momento a su atractiva pasajera de la que no sabía ni el nombre.
No dudó en ir hacia ella y coger con seguridad y firmeza otro palo del billar.
—Vamos juntos —informó con determinación sin dar ninguna opción con su actitud a una negativa por parte de los dos hombres tatuados que habían decidido ya cuál era el premio.
Jade bebió el chupito que le ofreció otro hombre acercándose a mirar el espectáculo mientras veía a Parker quitarse el anorak marrón y dejarlo sobre un taburete.
Vestía normal, con vaqueros y camisa azul que parecía de buena calidad, y contrastaba enormemente con los motoristas y camioneros que había en el bar.
Lo vio remangarse la camisa mientras la miraba serio y receloso. Realmente era muy atractivo, pensó Jade empezando a sentir que su cabeza no era capaz de pensar fríamente.
Empezaron a jugar. Jade se sentía más relajada y aliviada. Parecía que el mal humor se le había ido así que empezó a disfrutar de las atenciones de los hombres que la rodeaban. Aceptaba desinhibida sus bebidas y sus sonrisas.
Parker empezó a percibir las señales de peligro. Desde luego que estaba en desventaja en número, cinco a uno, y que Jade se dejara rozar accidentalmente cada vez que alguno pasaba a su lado no facilitaba las cosas.
—Amigos, tenemos que dejarlo aquí —anunció arrojando unos billetes sobre la mesa de billar, dando la partida por perdida y cogiéndola del brazo para sacarla de allí.
—Amigo, ese no era el premio —le avisó uno de los motoristas señalando el dinero que había dejado.
—Tengamos la fiesta en paz —pidió firme, pero dispuesto a entrar en pelea si era necesario, aun sabiendo que llevaba todas las de perder.
La tensión se respiraba en el ambiente. Parker tomaba nota mentalmente de todas las sensaciones que percibía, de todos los detalles, de todos los gestos que podía ver, allí entre sombras, en aquel sórdido bar de carretera.
Sentía los nervios a flor de piel y estaba preparado para cualquier respuesta ante la decisión de abandonar el local.
Los motoristas se miraron y con una mueca despectiva se encogieron de hombros antes de recoger el dinero.
Parker suspiró aliviado sin que se le notara visiblemente.
No se había visto implicado en ninguna pelea desde su época universitaria, y desde luego nunca en inferioridad numérica.
Se puso su abrigo mientras salían y le echó por los hombros el suyo a Jade que andaba arrastrando los pies y murmurando palabras que no entendía y prefería no entender .
Llegaron a la habitación donde ya se notaba y se agradecía la calefacción. Ella se deshizo del abrigo y se dejó caer sobre la cama. Acto seguido estaba dormida profundamente.
Parker prefirió no tocarla. Si pensaba en desnudarla para que estuviera más cómoda no sabía si sería capaz de responder de sus actos.
A fin de cuentas, ella había cogido solo una habitación y bien podía tomárselo como una invitación.
La descalzó y la arropó antes de quitarse la ropa y meterse bajo las mantas en esa fría y sorprendente noche.
Parker sintió que algo muy suave se movía junto a su muslo alertándolo de inmediato.
Se despertó de repente para encontrarse entre los brazos a la joven semidesnuda durmiendo plácidamente.
Una de sus largas y suaves piernas le estaba presionando la entrepierna que, evidentemente, estaba deseando responder a la caricia.