Epílogo #2
Creí que se me iba a salir el corazón si no lo besaba.
Así que le hundí las manos en el pelo, lentamente, y le di un beso en los labios.
Una vez que empecé, me resultó imposible detenerme.
Su lengua sabía igual que aquella noche en la oscuridad de Venecia.
La dulzura con la que me acariciaba mientras me levantaba el vestido por encima de la cabeza.
Las promesas que trazaba con los labios, como un camino mágico, sobre el vientre.
«Era adictivo».
A la mañana siguiente de nuestra primera noche juntos, parecíamos dos adolescentes enamorados.
Seguimos con nuestra vida como si nada hubiera cambiado.
Nunca volvió a su hotel. Se quedó conmigo y viajamos de ciudad en ciudad, haciendo fotos, descubriendo platos nuevos, haciendo el amor en cualquier rincón…
Me di cuenta de que esa era la vida con la que siempre había soñado. Llena de locuras, de imprevistos y de viajes.
Sin embargo, tuvo que regresar a Italia por trabajo… Creí que nuestra burbuja se iba a romper, que su marcha lo arruinaría todo. Pero antes de subir al taxi rumbo al aeropuerto, me besó apasionadamente, con una mano hundida en mi pelo.
—Jazz.
—¿Mmh?
—Te llamaré al aterrizar. No te quedes dormida, ¿de acuerdo? Por favor.
Le pregunté por qué, atónita.
—Para poder darte las buenas noches.
Con esa sola frase todo quedó claro. Nos entendimos sin necesidad de decir nada más. Sentí que estábamos en perfecta sintonía.
«Estaba enamorada».
Joder, Andréa tenía razón.
Cuando lo llamé para contárselo, se rio y me dijo que bastante habíamos tardado.
Después de eso, continué mi viaje sola. Estuve en Tailandia, en Singapur, en China y después en Bali. Ezra volvió a reunirse conmigo en Vietnam, durante unas dos semanas. Esta vez, yo le enseñé a él el país de mis antepasados. Incluso conoció a mi familia, que lo adoró desde el primer momento.
Cuando se marchó, me partió el corazón. Comprendí que empezaba a cansarme de tanto movimiento. Así que, hace diez días, aterricé en Monticchiello sin avisar.
Cuando abrió la puerta, reconocí a Ginevra sentada en el sofá, tomando el té.
—Perdón —dije con una sonrisa enigmática—. Creo que me he perdido…
—Oh, en absoluto —gruñó él antes de abrazarme—. Estás exactamente donde deberías estar. Por fin.
Pasamos la última semana juntos en la campiña toscana antes de venir aquí. No quería acompañarme por miedo a sentirse acoplado a la fiesta, pero yo me sentía preparada. Quería que mis mejores amigas conocieran al hombre al que amo.
—Vale, o sea, te vas un año a Asia y vuelves con un tío —resume Lily cuando estamos todos sentados alrededor de la mesa del salón—. Reconozco que este plot twist no lo había visto venir.
—Es… un poco más complicado.
—Creo que me he perdido un capítulo —interviene Orion antes de susurrarle al oído a Lily—: ¿Es el mismo tío? ¿Con el que estaba antes? Pensaba que tenía un nombre de chica…
Lily le tapa la boca con la mano para obligarle a callar, y lo fulmina con la mirada. Ezra lo ha oído, como todos nosotros, pero finge que no.
El nombre de Andréa no es un insulto, al contrario. Mi ex y yo hablamos a menudo para ponernos al día, cosa que Ezra acepta sin dificultad. Los dos estamos felices de saber que él y Zélie viven un amor perfecto desde hace ya nueve meses.
—¿Y después? —pregunta mi prima.
Ezra acepta una porción de pizza con una sonrisa mientras yo explico lo que ha pasado en estos últimos meses.
Él participa en la conversación con naturalidad, como siempre.
Lou no parece entenderlo todo, así que intentamos alternar entre francés e inglés.
Camille es el primero en proponer a los chicos ir a la cocina a por una cerveza.
Al final se marchan, y nos dejan a las cuatro a solas. Cuando ya están a una distancia prudencial, Nolia es la primera en soltar:
—Está buenísimo.
—Diez de diez —confirma Lily—. Y ya sabes que a mí casi nunca me gustan.
—Ya pensé que era sexy cuando apareció en la videollamada, pero, vaya, nada que ver con la realidad —comenta Camelia mientras da un sorbo de vino.
Estallo en carcajadas, encantada de ver que les gusta.
—Os recuerdo que todas estáis muy felices en pareja. Vuestros novios están al otro lado de la puerta.
—¿Y qué? Aún tenemos ojos —responde Nolia —. No puedo negar los hechos.
Ezra es increíblemente guapo, siempre lo he dicho. Pero no consiguió conquistarme por eso.
Lily me pregunta si esta vez es el bueno.
—No lo sé, y creo que me da igual. Lo espero de todo corazón.
Pero… he dejado de cargarme con esa presión.
Intento tomarme la vida como me viene. Lo que pasó con Andréa fue doloroso, pero no lo cambiaría por nada del mundo.
Es lo que me ha hecho ser quien soy hoy.
Pase lo que pase entre Ezra y yo… sé que nuestra historia me aportará algo y que saldré más fuerte de ella.
También he entendido que no tengo por qué temer a la soledad, sencillamente porque nunca estaré sola.
No necesito marido ni hijos para ser feliz.
«Tengo a mis amigas, que son como mi familia».
—Y entonces… —añade Nolia al estrecharme la mano con seriedad—. ¿Encontraste lo que habías ido a buscar?
Asiento mientras todas se sientan a mi lado, sus manos entre las mías.
—Sí. Me di cuenta de que buscaba algo que en realidad ya tenía desde siempre. Me encanta viajar, y pienso seguir haciéndolo… pero mi corazón solo pertenece a un lugar.
Las chicas me miran interrogantes, con curiosidad.
—Donde estéis vosotras.
Me abrazan y disfruto de este instante irrepetible, rodeada de las personas que quiero.
«Por fin me siento completa».
Porque si hay algo que siempre ansío al volver de cada viaje es reencontrarme con ellas.