Un verano para recordar (Las Estaciones 4) Epílogo
96%

Epílogo

Jasmine

Edimburgo, Escocia – once meses más tarde

No he avisado a nadie de que volvía hoy. Lou y Camelia celebran la inauguración de su piso, tras decidir irse a vivir juntos. Para ser más precisa, mi amiga por fin cedió a las súplicas de su novio después de casi tres años.

Lo sé porque sigo las aventuras de Camelia, Lily y Nolia a través de nuestro grupo de WhatsApp , igual que ellas han seguido las mías durante el año que he pasado en Asia.

Un año. O mejor dicho, once meses desde que lo dejé todo por un arrebato para irme a buscarme a mí misma. Me encontré, a mí, y muchas cosas más.

Pero como ya era hora de volver, quería sorprender a mis mejores amigas y aparecer sin que se lo esperaran.

Por eso ahora mismo estoy en el rellano de casa de Camelia y Lou , lista para llamar al timbre.

—¡Voy! —oigo gritar al otro lado.

El corazón me late a toda velocidad. La puerta se abre por fin y aparece mi prima Lily. La sonrisa se le borra de golpe al verme, conmocionada.

—¡Sorpresa! —chillo con los brazos abiertos.

Esperaba gritos de emoción, o un gran abrazo, algo así. Pero desde luego no que se echara a llorar delante de mí.

Elizabeth Pham, a la que solo he visto llorar dos veces en toda mi vida.

—Oh, no, por favor… —le ruego mientras le doy un abrazo—. No llores, Lil .

—Te he echado taaaaanto de menos…

Suelto una risita enternecida. No pensaba que fuera a reaccionar así, pero me reconforta. Yo también la he echado de menos. Más que a nadie.

—¿Quién es? —pregunta una voz en un inglés perfecto—. Oh, hola. ¿No estabas en Filipinas hace como… tres horas?

Sonrío a Lou , que está delante de mí con una camiseta tan negra como sus rizos sedosos.

—Sí —respondo en el mismo idioma—. Bueno, para ser exacta, hace catorce horas.

—Genial. Cam se va a alegrar.

—¿Quién, yo?

Los tres nos giramos hacia Camille , el marido de Nolia . Viste una camisa de un malva casi blanco y lleva a Nazeena en brazos. Me derrito al verla, porque la considero como mi sobrina.

—Oh, pequeñita, ¡has crecido un montón! ¿Le das un beso a la tía Jazz?

Nazeena grita: «¡Sí! ¡Me encantan los besos!» y yo me derrito cuando se me cuelga del cuello para darme un beso en la mejilla. Camille la mira con orgullo.

—Ya habla superbién. Tendrías que verla frente a la tele, es un auténtico espectáculo.

—¿No estabas enfadado conmigo por lo del jet privado? —le pregunto con una ceja arqueada.

Él pone los ojos en blanco con un suspiro resignado.

— Nolia consigue siempre lo que quiere… Por cierto, ¿qué haces aquí?

—Gracias por la cálida bienvenida —digo con ironía mientras dejo a Nazeena en el suelo—. ¿Dónde están las chicas? Quiero darles la sorpresa.

Camille me señala con el dedo la sala abarrotada de gente y me dice: «Creo que están por ahí». Le doy las gracias por la ayuda tan útil antes de aventurarme entre los invitados, con Lily del brazo.

—Vas a tener que contármelo todo con pelos y señales. Lo sabes, ¿verdad?

— Lil , hemos hablado por teléfono todas las semanas durante un año. Ya lo sabes todo.

«Bueno… casi todo».

Le pregunto por Orion , y este aparece como por arte de magia con dos cervezas en la mano. Parpadea al verme.

—¿Nos conocemos?

Lily lo fulmina con la mirada.

—¿En serio? ¡Es mi prima!

—Es broma, florecilla. La había reconocido, no soy tonto.

En cuanto Lily se distrae un segundo, Orion hace una mueca de disculpa que me arranca una carcajada. En su defensa, he cambiado mucho desde la última vez que nos vimos. Para empezar, ya no llevo el pelo rubio.

He vuelto a mi color natural, el castaño con reflejos avellana.

—¿Cómo te ha ido por Asia? —me pregunta—. Yo he tenido competiciones en Corea del Sur, Japón y China, y me encantaron los tres. Dentro de poco iré con Lily a Vietnam.

—Ha sido increíble —respondo con una sonrisa radiante—. Admito que ya lo echo de menos, aunque estoy feliz de volver a ver caras conocidas.

Lily me aprieta el brazo con las dos manos, con el rostro cubierto por una sombra oscura. Me murmura con voz grave:

—No te vuelvas a ir nunca más. Te agarraré la pierna si hace falta. Me siento sola cuando estás a siete horas de diferencia…

—Yo siempre estoy contigo —le recuerda su novio con una sonrisa hipócrita—. Literalmente, a un metro de ti.

Ella le responde que no es lo mismo, que ahora se pasa todo el tiempo con Jane y Aydan , desde que empezaron un gentlemen’s club .

Los dejo debatir para ir a saludar a las demás. El móvil me vibra, así que tecleo una respuesta rápida. Encuentro a mis amigas con facilidad; están las dos en la cocina. Sacan una pizza del horno, muertas de risa por algo que una de ellas acaba de decir.

Me tomo unos segundos para contemplarlas, invadida por una alegría intensa. Han cambiado tanto en todo este tiempo.

Nolia era una people pleaser sometida a un perverso narcisista.

Camelia estaba atormentada por el recuerdo de sus agresores.

A Lily la cegaba la búsqueda de la perfección, sin darse cuenta de que se estaba perdiendo la vida.

Y yo… yo me aferraba al pasado porque sentía culpa y porque me había acostumbrado; me daba mucho miedo vivir por fin para mí misma.

Hoy, mis mejores amigas están delante de mí, más radiantes que nunca. Son como flores que, bajo el sol del amor, han abierto los pétalos para revelar su belleza interior. Hemos cambiado tanto… Cada una en una punta del mundo, pero siempre de la mano.

—¿Y bien, ni siquiera me esperáis para brindar?

Mis dos amigas se giran hacia mí sin entender.

Un segundo después, Camelia suelta un «¡Hostia!» y Nolia grita mientras se lanza sobre mí con los brazos abiertos.

—¡Dios mío!

Les doy un abrazo, aunque me tambaleo por el peso. Nos ponemos a saltar como niñas, y mejor no digo lo que nos ponemos a gritar.

—¿Qué haces aquí?

—¿Por qué no has avisado?

—¡Estás guapísima!

—¿Lily ya te ha visto? ¡Se va a desmayar!

Me río y respondo las preguntas de una en una. Nolia es la única que llora, aunque intente disimularlo, pero Camelia me mira como si no pudiera creerlo.

—Me alegra que estés aquí —admite en inglés—. De verdad… te hemos echado muchísimo de menos.

Apoyo la cabeza en su hombro, emocionada. No sabría explicar el vínculo que nos une a las cuatro. Las conozco desde hace menos tiempo que a Clémence —salvo a Lily, claro—, y aun así somos mucho más cercanas.

«Somos almas gemelas. Para mí son las hermanas que nunca tuve».

Sé con certeza que sus hijos serán también un poco míos, que envejeceremos juntas y nos llamaremos siempre.

—Por cierto, enhorabuena. Lleváis dos semanas viviendo juntos y Lou sigue vivo.

—Me debes diez euros, por cierto —me recuerda Nolia , mientras me tiende la mano.

Pongo los ojos en blanco. Pensaba que se habría olvidado de aquella apuesta estúpida. Al fin y al cabo, Nolia no necesita dinero, todo el mundo lo sabe.

—Te haré una transferencia.

—Lo admito, tenía mis dudas —responde Camelia mientras sonríe a su novio en la otra punta de la sala—. Pero prácticamente ya vivíamos juntos, porque se pasaba todo el día en mi casa. Me encanta despertarme a su lado.

Lily y los demás se unen alrededor de la isla central de la cocina, y Orion me sirve un vaso de refresco. Todos me hacen preguntas a las que intento responder, pero el móvil me vuelve a vibrar; me ha llegado un nuevo mensaje.

Decido echar un vistazo.

—Perdón, pero las preguntas tendrán que esperar.

Todos me miran con la misma expresión interrogante. No digo nada más y me doy media vuelta hacia la entrada. Los oigo seguirme, y Lily amenaza con atarme a una silla si pienso marcharme tan pronto.

Cuando abro la puerta, todos se quedan paralizados detrás de mí. Saboreo la cara de confusión que ponen cuando declaro en voz alta:

—Chicos, os presento a Ezra .

Él les dedica una sonrisa tímida, con un ramo de flores. Camelias, para ser exacta. Quería causar buena impresión.

—Hola. Perdón por el retraso, no encontraba sitio para aparcar…

Tiende el ramo a Camelia, que se queda inmóvil. Todos me miran, a la espera de una explicación. Yo hago una mueca nerviosa y le doy la mano a Ezra .

—Mi novio.

Ya había mencionado a Ezra a las chicas hace un año. Incluso habían hablado con él por FaceTime , pero fue algo anecdótico. No esperaba lo que vendría después.

Tras mi segunda ruptura con Andréa , necesitaba reencontrarme conmigo misma. Me fui sola, con una maleta y algo de dinero en la cuenta. Empecé por visitar Corea del Sur, que me encantó. Luego, al cabo de tres meses, me fui a Japón.

Ezra y yo nos seguíamos en Instagram en ese momento. A veces me respondía a las fotos, y yo a las suyas. Resultó que estábamos en Japón… al mismo tiempo.

Aún recuerdo su mensaje: «¿Salimos a tomar algo?». Dudé, lo confieso. No quería distracciones en mi retiro espiritual; no quería arriesgarme a cometer un error.

«Pero tenía ganas de verlo».

Así que acepté. Cuando lo vi esperándome al final de la calle, tan guapo como siempre, con una camisa oversize abierta sobre el torso, supe que había tomado la decisión correcta.

—Hola, Sophie —me saludó con una media sonrisa.

Me llevó a cenar y luego terminamos en un karaoke japonés. Fue una de las mejores noches de mi vida. Por desgracia, Ezra estaba allí para visitar a su abuela enferma.

Pasamos una semana increíble, y me hizo de guía turístico.

Luego lo abracé cuando lloró por la muerte de su abuela.

Pasamos juntos la Navidad, en mi pequeño alojamiento temporal.

Yo cociné, él compró el postre. Vimos películas de Navidad en el ordenador, tumbados en la cama, aún vestidos.

Nos quedamos dormidos y, al despertar, me estaba abrazando.

Para ser sincera, nos fuimos acercando sin darnos mucha cuenta, sin ponerle palabras. Así estuvimos un mes entero.

Ninguno de los dos lo mencionó hasta aquella noche de febrero; estábamos sentados en el suelo del apartamento, borrachos y muertos de risa, mientras jugábamos a un juego de mesa cuyas reglas no entendíamos.

—Era mío, ¿sabes? —suspiró entonces.

—¿El qué?

Me miró directamente a los ojos, con nostalgia en el rostro.

—El secreto que Clémence leyó en voz alta, la noche que acampamos… Era mío.

«Estoy enamorado de Jasmine Pham».