Un verano para recordar (Las Estaciones 4) Capítulo 30
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Capítulo 30

Andréa

Monticchiello , Italia

Me despierto por el sonido de los ronquidos de Jasmine .

Ella duerme medio encima de mí, y acapara toda la manta a pesar del calor sofocante. Los rayos del sol se cuelan por la ventana y, a lo lejos, oigo el canto de un gallo.

Todavía es temprano, así que me tomo mi tiempo para desperezarme con calma. Ayer fue un día duro.

Apenas me lo creo. « Jasmine y yo lo hemos dejado».

De verdad, esta vez.

Hace unas semanas, la idea me habría aterrorizado. Pero ya no tengo miedo de estar solo. Sé que, en alguna parte, alguien me estará esperando.

Algún día, cuando esté preparado.

—Qué madrugador —me saluda Ezra , ya trajinando en la cocina. Parece de buen humor, como si lo de ayer no hubiera pasado. Como Jasmine , es experto en fingir.

—Tenía hambre. ¿Quieres que te ayude?

—Ya casi he terminado —me tranquiliza al tenderme los platos—. Mejor pon la mesa.

«¿Sabe que Jasmine y yo lo hemos dejado?». Quizá debería advertírselo. No es que me apetezca que intente ligar con ella en mis narices, pero pienso marcharme pronto… Ya nada me retiene aquí.

«Tengo ganas de volver a casa».

—¿Sabes a qué hora se van tus padres y tu hermana hoy?

—Al mediodía, después de comer.

—Genial. Mañana deberíamos hacer algo especial para nuestra última noche juntos.

Se interrumpe en seco, sorprendido.

—¿Cómo que «última noche»?

—Creo que me iré este sábado. Perdona por avisar tan tarde —hago una mueca sincera—. Y gracias por dejarme quedarme aquí tanto tiempo… Me lo he pasado muy bien.

Coloco los cubiertos junto a los platos mientras él parpadea en silencio, pensativo. Como imaginaba, pregunta con falsa indiferencia:

—¿Jazz se va contigo, entonces? Lo digo solo para organizarme.

Claro, claro. Para «organizarse».

—No lo sé. Ya no estamos juntos, así que pregúntaselo a ella.

Me cuesta contener la sonrisa cuando escupe el café de vuelta en la taza. Su reacción no tiene precio. Se limpia la boca, con el ceño fruncido.

—Joder. ¿Estás bien? Espera… ¿La has dejado otra vez? —se enfurece, y aprieta los puños—. Tío, ¿qué coño te pasa?

—Tranquilo, colega. Ha sido una decisión mutua.

Aunque, técnicamente, ha sido ella quien lo ha dejado.

Eso parece calmarlo de inmediato.

—Oh. ¿En serio?

Asiento desde el sofá. Está claro que les estoy allanando el terreno. Al final, he sido yo su celestina desde el principio. Se conocieron para darme celos, se acercaron para provocarme y… ahí está el resultado.

—¿Y te ha dicho por qué? —pregunta Ezra .

—Porque nuestro momento ya había pasado… Y no seríamos felices juntos.

—¿Y cómo lo llevas?

Me encojo de hombros, conmovido por que me lo pregunte. Sé que lo dice en serio. Ezra ha tenido muchas ocasiones en este viaje por Italia. Podría haberlo intentado, pero no lo ha hecho.

En el fondo sé que quería darme la oportunidad de ser feliz.

—Estoy bien. Creo que tiene razón. Al final, Jazz y yo sobre todo somos amigos…

No añade nada. No le da tiempo: Eri y Sora se nos unen enseguida. La pequeña se me lanza a los brazos y me suplica que juegue con ella fuera. Le prometo acompañarla si se come todo el desayuno.

Los padres de Ezra acaban por bajar, y luego Jasmine . Me dedica una sonrisa, pero la acuso de haberme dejado sin hueco en la cama.

—Pff. Ya verás cómo lo echas de menos.

—Lo dudo mucho. Pero buen intento.

Ezra le ofrece un zumo de naranja. Ella acepta y le da las gracias, algo tímida.

Cuando Clémence y Kai se dignan a aparecer, ya son más de las doce de la mañana. Ezra propone llevar a su familia hasta la estación más cercana. Tan rápido como llegaron, se marchan.

Estoy a punto de echarme una siesta cuando recibo una llamada.

« Zélie ».

No puedo evitar poner una sonrisa boba mientras descuelgo.

—Te dije que no me llamaras, salvo que se quemaran las cocinas.

—¿Y quién te dice que no hay un incendio en las cocinas, si te estoy llamando?

—Tendrías un tono mucho más histérico. Y, para empezar, no habrías dejado que pasara.

Casi oigo la sonrisa en su voz cuando replica:

—¿Estás insinuando que soy una excelente subjefa de cocina?

—Por supuesto, si te formé yo.

—Fanfarrón.

Jasmine arquea una ceja en mi dirección desde el otro extremo del sofá, con cara de «te dije que NADA DE LIGAR».

No estoy ligando… Tenemos esa dinámica, nada más. Me gusta chinchar a Zélie , y a ella le gusta ponerme a prueba. Nada raro entre un chef y su segunda.

—¿Por qué me llamas, Zélie ? —le pregunto.

—Tú me llamaste ayer. No pude cogerte el teléfono, pero no me escribiste nada. Y además… me aburría. Necesitaba una excusa para salir cinco minutos de la cocina —confiesa con una sonrisa que puedo notarle en la voz juguetona—. Se creen que estoy al teléfono con el fontanero por una fuga de agua.

—Veo que no dais un palo al agua cuando no estoy.

—Es que sin ti es menos divertido, jefe. ¿Cuándo vuelves, por cierto?

Sacudo la cabeza con un suspiro, nada sorprendido por su táctica. Zélie se escaquea en cuanto puede, siempre con una buena excusa.

—Disfruta de tu libertad, porque pasado mañana ya estoy de vuelta.

—¿En serio? —se sorprende, antes de carraspear—. Vale. Genial. —Me cuesta contener la risa. Me echa de menos—. ¿Y qué hay de tu ex? ¿Habéis conseguido arreglarlo?

—En realidad… no, no del todo. No era buena idea —respondo sin dar más detalles, incómodo por la mirada curiosa de Jasmine .

A Zélie le extraña mi contestación. Me pregunta si estoy bien, pero la tranquilizo enseguida. Al levantar la vista, veo a Jasmine agitar un bloc de notas delante de mí. Ha escrito con rotulador negro:

«INVÍTALA A SALIR».

Niego con la cabeza, y le pido que me deje en paz, pero añade otra cosa en la hoja. Espero algún consejo maestro.

«CRETINO».

Tal y como suponía, a Jasmine no le impresiona lo más mínimo mi mirada de reproche.

—Cuando vuelva, podríamos… tomar algo. Tú y yo —digo al final.

—Sí, claro. Lo comentaré con los demás, a ver quién está libre.

Me llevo los dedos al puente de la nariz, irritado por el malentendido. No tengo ninguna gana de beber con los demás compañeros de trabajo.

—No, me refería a nosotros dos.

Silencio. Hago una mueca, y espero lo peor: un rechazo. Jasmine se levanta para pegar la oreja al teléfono, pero pongo el altavoz.

—¿Como… una cita?

Jasmine asiente con energía y levanta el pulgar.

—Sí. Supongo.

«Joder». No me creo que esté haciendo esto, apenas un día después de haber roto con Jasmine .

Ni siquiera ha pasado un día: quince horas, como mucho.

Y, aun así, parece encajarlo bien. Supongo que pasar esta noche juntos nos ha venido bien.

Estoy orgulloso de ella, de nosotros, por haber dejado de escondernos detrás de un muro de negación.

—Ya era hora —responde Zélie —. Pensaba que me iba a llegar la jubilación antes que esta propuesta, Moretti .

Suelto una carcajada antes de colgar, no sin antes desearle un buen día. Jasmine me choca la mano para felicitarme.

—¿No te parece raro? ¿Que pasemos página tan rápido?

Me asusta la idea de estar aún en shock , de precipitarme en una relación de rebote y pegarme una hostia. Jasmine , en cambio, niega con la cabeza.

—No. ¿Sabes por qué? Porque en realidad ya pasamos página hace tiempo, aunque no nos diésemos cuenta.

Lo de este verano ha sido una recaída, alimentada por nuestras inseguridades, y porque nunca habíamos hablado de verdad.

Pero la realidad es que ya estamos listos para conocer a otras personas.

Hemos tenido tres años para prepararnos, ¿para qué esperar más?

Tiene razón. Si lo pienso bien, esa chispa que creía apagada se reavivó al verla. Había pensado en Jasmine muchas veces durante esos tres años, claro. Pero nunca me impidió comer, dormir ni acostarme con otras mujeres.

—Es verdad. ¿Y eso significa que le vas a dar una oportunidad a Ezra ?

Ahora que la he dejado acorralada, Jasmine farfulla una excusa y finge estar ocupada. La sigo por la casa con insistencia.

—¿Por qué no, si ya no tienes miedo? Deja de fingir que me proteges. Os vi haciendo un Patrick Swayze en el taller de cerámica. Fue algo bastante raro de presenciar.

—¡Oh, vete a la mierda!

—No, en serio. Todo estaba demasiado mojado, había demasiados dedos…

—El título de tu sex tape —exclama ella.

Le concedo el punto, porque admito que ha estado bien jugado.

—Esa te la he dejado botando.

—Para tu información, eso no significa que Ezra me interese: yo me vuelvo a Francia y él vive aquí, en Italia.

—¿Y qué? No está tan lejos. ¿Sabes que existe FaceTime , no? Hasta se puede follar a través de una pantalla, hoy en día…

Ella suelta una maldición mientras se tapa los oídos, lo que me divierte enormemente. Está claro que está dispuesta a darme consejos sobre mi vida sentimental, pero se niega a escuchar los míos.

—Se me hace demasiado difícil —dice mientras sube las escaleras—. Todavía me cuesta tragarlo…

—¡El título de tu sex tape ! —la interrumpo.

Salgo corriendo antes de que me lance un zapato a la cabeza mientras me grita: «¡Eres un cerdo, de verdad!».

—¡Por vuestra buddymoon ! ¡Que ha sido bastante movidita!

—¡Y por vuestro bebé en camino!

Brindamos todos con vino blanco, salvo Clémence , que se queda con su Diabolo de granadina. La víspera de nuestra partida, disfrutamos de la golden hour con un pícnic en el césped.

Ezra ha extendido un enorme mantel blanco sobre el que nos sentamos descalzos. Kai y Clémence han puesto los platos y las bandejas de fruta, queso y embutido que habían preparado. Jasmine se ha encargado del postre y yo he comprado el vino.

Una manera preciosa de cerrar las vacaciones.

—¿Os vais mañana, entonces?

Jasmine y yo asentimos. Clémence y Kai se quedan hasta septiembre, pero Jasmine también está impaciente por volver a su casa. Ha decidido seguir mi ejemplo y regresar a Gordes .

Me inquieta el momento en que nos separemos, aunque sé que no será más que un hasta luego.

«Nunca un adiós».

—Aprovecho para hacer un brindis —declara Jasmine mientras alza la copa hacia nosotros—.

Quería daros las gracias. Este verano ha sido mágico, mucho más de lo que imaginaba.

He aprendido mucho sobre mí misma. También sobre los demás.

He conocido a nuevas personas —añade mirando a Ezra con una pequeña sonrisa, antes de girarse hacia mí—. Y he redescubierto a otras.

Le dedico un guiño con ternura, y ella me lo devuelve de forma automática. Termina con:

—Espero que sea el inicio de una bonita tradición.

Brindamos por ello y apuramos un buen trago de vino. Clémence , que ya está llorando, hace también un discurso. Kai se anima después, y al final todos tenemos que decir algo.

—Si la NASA me llamara para pedirme ir a poblar Marte, ahora sé que diría que no —afirma Ezra , aunque todos le miren raro—. Aún me quedan demasiados lugares por explorar en la Tierra…

Solo Jasmine sonríe en secreto; los mechones rubios le ocultan los ojos brillantes.

—No sé lo que nos deparará el futuro —empiezo, mientras alzo mi copa, ya casi vacía—. Pero sé que todo irá bien, mientras os tenga a vosotros. Ah, y Ezra : yo seré el padrino del pequeño. Lo siento, esta vez gano yo.

Evidentemente, no lo siento en absoluto. Mi amigo abre la boca, sorprendido, mientras Kai me insulta por soltar la bomba de forma tan insensible.

—Te cedo el puesto con gusto —responde Ezra con una sonrisa educada.

—No, no, no necesito que me lo cedas. Me lo he ganado yo.

—Si tú lo dices.

—Tío, no me jodas, al menos déjame eso…

Jasmine me mete en la boca unos ositos de chocolate para que me calle.

Acabamos la noche riendo, bailando, comiendo y jugando a juegos de mesa. Cuando la oscuridad es ya demasiado densa para distinguirnos bien, Kai propone darnos un baño nocturno en la piscina.

Estamos lo bastante borrachos como para aceptar. Nos desnudamos del todo, muertos de risa. Nadie presta atención a nadie en la penumbra.

Uno a uno, saltamos al agua. Jasmine recuerda demasiado tarde que no sabe nadar, pero Clémence acude a rescatarla.

Es caótico y simbólico a la vez.

Un recuerdo que me quedará grabado en la memoria.