Capítulo 26
Andréa
Lamporecchio , Italia
—¿Sabes montar una tienda de campaña? —me susurra Kai al oído.
Estoy descargando las bolsas y las neveras del maletero, antes de que anochezca. Esta noche hemos cogido el coche para vivir una experiencia nueva: una acampada en plena naturaleza.
—Lee las instrucciones, tío. No tiene mucho misterio, te lo aseguro.
—¡Eso he hecho! Pone «montaje fácil»… y una mierda.
Me detengo para mirarle con los brazos en jarra. Kai lanza la tienda Quechua y esta rebota sin abrirse. Es tan ridículo que casi se me escapa una risa.
En su defensa, desde el primer momento dijo que no quería venir.
Cuando Ezra propuso dormir a la intemperie en un bosque de robles, solo las chicas se entusiasmaron.
Yo fingí el mismo entusiasmo porque le hacía ilusión a Jasmine , pero la verdad es que me dan miedo los animales salvajes. Y tampoco soy muy fan de los mosquitos.
«Al menos aquí no hay avispas… ¿verdad?».
—Apáñatelas —declaro, y le doy una palmada en el hombro—. Yo tengo que encender un fuego. Cada uno con lo suyo.
Lo dejo entretenido justo cuando Ezra y Clémence regresan con ramas. Jasmine , en cambio, está un poco apartada; habla por teléfono con su madre.
—¿Todavía no has montado las tiendas? —le dice Ezra a su primo. —Deja de hacerte el remolón, idiota.
Le quita lo que tiene entre las manos y lanza la tienda… que se abre al instante. Kai abre los ojos de par en par, entre avergonzado y asombrado.
—¿Cómo coño has hecho eso?
—Dios mío… —suspira Clémence mientras se acaricia el vientre—. Tu padre y yo estamos apañados para el futuro, te lo digo yo…
Solo hay tres tiendas, así que decidimos que Jasmine y yo dormiremos juntos. Clémence ha acabado por entenderlo, aunque no insiste para que se lo contemos abiertamente.
Levantamos el pequeño campamento a base de esfuerzo: tiendas, mantas, almohadas, fuego y una parrilla… Ezra incluso ha traído sillas de pesca, un altavoz y unos farolillos con velas para iluminar el lugar.
Cuando terminamos, debo reconocer que conseguimos darle un aire acogedor y hasta romántico.
—¿No tienes frío? —le pregunto a Jasmine mientras le echo un jersey sobre los hombros—. Está empezando a refrescar.
El ulular de una lechuza resuena entre las ramas. Ezra nos hace señas para que nos reunamos con ellos junto al fuego mientras yo cojo las cestas de comida.
Nos sentamos en las sillas, con las manos extendidas hacia el fuego. Jasmine y Ezra se encargan de la parrilla, y bromean entre ellos. Mi maléfico plan de encerrarlos en un espacio reducido parece haber funcionado, y eso me tranquiliza. Jasmine está más sonriente desde que hicieron las paces.
Clémence y Kai bailan mientras suena en el altavoz la música de su boda. Yo los grabo para el recuerdo y, cuando cae la noche, nos sentamos a cenar.
Kai pega un respingo cada vez que oye el ruido de un pájaro o de una ardilla, lo que provoca la risa general.
—¿No deberíamos contar historias de miedo alrededor del fuego? —propone Jasmine , acurrucada contra mí.
—¡Ni de coña! —exclama Kai con los brazos cruzados—. Ginevra ya me dio bastante miedo, y prefiero no hablar de tu fantasma pervertido.
Ezra alza una ceja, divertido ante la acusación.
—Te pediría que hablaras con más respeto de Arabella , al menos en mi presencia. Hemos pasado muchas cosas juntos, ella y yo.
—Yo tengo una idea mejor —los corta Clémence , y saca una libreta y unos bolígrafos—. ¿Y si cada uno escribe un secreto en un papel, los mezclamos y luego cada uno coge uno al azar?
No creo que sea buena idea. De hecho, lo digo en voz alta, y enseguida me apoyan Kai y Jasmine . Solo Ezra permanece en silencio, como si le diera igual.
—¿Pero qué sentido tiene hacer eso? Solo provocará discusiones… —se queja Kai .
Su mujer arquea una ceja y le pregunta qué demonios puede esconder que no quiera que ella descubra.
Mi amigo balbucea antes de defenderse con vehemencia:
—¡Absolutamente nada! Sabes perfectamente que te lo cuento todo.
«Mentira». Noto que oculta algo. Me gustaría cubrirle, pero Clémence parece empeñada en jugar al juego de los papelitos esta noche. Nadie se atreve a contradecirla.
—De todas formas, no estamos obligados a enseñárselos a los demás. Puede quedar en el anonimato —interviene Ezra para ayudarle.
Clémence corta unas hojas A4 en trozos y nos reparte los bolígrafos. Cada uno escribe su secreto en un rincón. Yo dudo mucho antes de decidir cuál voy a poner. Jasmine ya conoce toda mi vida.
Todos nos miramos en silencio, incómodos. Ezra es el primero en entregar el suyo. Kai hace una mueca al doblar el papel, como si ya se arrepintiera. Yo garabateo algo deprisa, resignado.
—¡Yo saco primero! —decide Clémence con una sonrisa—. Son privilegios de embarazada.
Kai parece al borde del desmayo. Vigila cada movimiento de su mujer mientras esta escoge uno de los papeles. Lo abre, y todos contenemos la respiración.
La sonrisa de emoción se le borra de golpe. Cuando se gira hacia mí con los ojos oscuros, arqueo una ceja, sorprendido.
—Me ha tocado el de Andréa .
—¿Cómo lo sabes? —pregunta Jasmine .
—¡Porque es demasiado obvio! «Estoy enamorado de Jasmine Pham» —lee en voz alta—. Eso no es ningún secreto, señor.
Kai gruñe aburrido y Jasmine sonríe, divertida.
No sé qué decirles… porque yo no he escrito eso. Ese no es mi secreto.
Me fijo en Ezra mientras Clémence se queja de no haber encontrado una verdadera exclusiva. Él se niega a mirarme, con los ojos clavados en el fuego en el centro del corro, y eso es prueba suficiente.
«Es suyo».
Está «enamorado» de Jasmine . Yo pensaba que era solo un simple capricho, no lo tomé en serio porque es Ezra , porque flirtea con todo el mundo a todas horas.
«No le había vuelto a oír decir algo así desde lo de Sandra».
—Te toca, Jazz.
Mi novia se inclina para coger uno de los papeles que quedan, curiosa. Cuando lo abre, su expresión se suaviza. Creo captar una mirada furtiva hacia Ezra . ¿Acaso piensa que es de él?
—Sea quien sea —dice mientras vuelve a doblar el papel entre los dedos—, quiero decirle que no tiene por qué tener miedo. Estoy aquí.
Me quedo de piedra al comprenderlo. Es posible… que haya cogido mi papel. Pero como piensa que el primero era mío, ahora cree que este viene de Ezra .
Recuerdo mi propio secreto, incómodo.
«Tengo miedo de morirme solo».
—Muy bonito, pero, Andréa , ahora te toca a ti —me apremia Clémence —. ¡A ver si sacas un poco de drama!
No dudo mucho antes de obedecer. Cuando lo abro, no hay ninguna duda acerca de la identidad de quien lo escribió.
«Tengo miedo de ser una mala madre».
No puede ser Jasmine , y conozco bastante bien a Clémence para saber que le pega haber puesto eso.
—No lo voy a leer en voz alta —digo—. Es privado.
Mi amiga adivina por mi mirada que me ha tocado su secreto, así que no insiste. Aun así, le susurro un discreto:
—Lo vas a hacer genial.
Recibo a cambio una sonrisa agradecida.
—Cariño, te toca.
Por dentro sé que Kai está rezando por que le toque el suyo. Sea lo que sea lo que haya escrito, ya se arrepiente.
—Me ha salido el mío —asegura cerrando el papel de inmediato—. Aburrido.
Me gustaría creerlo, pero le conozco lo suficiente para saber que está mintiendo. Intenta despistar, porque sabe que Clémence intentará sonsacarle el secreto. Ezra es el último en sacar el papel. Coge el que queda y su expresión, estupefacta, se dirige casi automáticamente hacia su primo.
—No habrás hecho eso… ¿verdad? — Kai se queda de pronto pálido. Ezra suspira, y murmura—: Idiota.
Clémence le pregunta qué pone, pero Kai forcejea para recuperar el papel.
—¡Dámelo! —grita su mujer, mientras le muerde las manos.
Kai también chilla mientras ella escala la silla para alcanzarlo. Intenta meterse el papel en la boca para tragárselo y hacerlo desaparecer, pero el sabor lo asquea y lo escupe al suelo.
Los observamos estupefactos, en un silencio incómodo.
«Si no quería correr el riesgo de que se revelara su secreto… ¿por qué lo escribió?».
Al final, Clémence consigue atrapar el tesoro tan deseado. Lo abre con nerviosismo, y lo lee a toda velocidad.
Se ruboriza de forma exagerada. Nunca la había visto así. La rabia la ahoga tanto que se queda sin aliento cuando se vuelve hacia su marido.
Kai levanta las manos, suplicante.
—Has dimitido… ¿«por un arrebato»?
Uf. Todos nos giramos hacia Kai , boquiabiertos. No me lo esperaba. A Kai le encanta su trabajo, o al menos eso pensaba. Es ingeniero en una de las mejores empresas del país y está a punto de tener un bebé.
«¿Qué demonios se le ha pasado por la cabeza?».
—Puedo explicártelo todo, Clem .
—Nos vais a disculpar —nos dice ella al resto—. Mi querido marido va a «explicarme» por qué acaba de jodernos la vida… en privado. En nuestra tienda Quechua, que ni siquiera ha sido capaz de montar. Para ser ingeniero… ¡es el colmo! ¿Seguro que no te han despedido, idiota?
Ezra le pide que se modere con los insultos, y noto que le ha salido de dentro el papel de primo mayor, pero Clémence no le escucha. Se mete en la tienda y Kai no tarda en seguirla.
—Si no salgo en una hora… iniciad la investigación —susurra antes de cerrar la cremallera tras él.
No sé si se dan cuenta, pero aquello no es una puerta de verdad. Así que oímos toda la pelea con tanta claridad como si no se hubieran movido de allí.
Clémence grita y Kai intenta explicar sus motivos, sin éxito.
Nadie se atreve a abrir la boca mientras Jasmine tuesta nubes ensartadas en varillas de hierro. Nos comemos el postre en silencio, hasta que la situación se vuelve demasiado íntima.
—¿Damos un paseo? —propone Ezra mientras se pone en pie.
—No quería decirlo, pero sí. Esto se está volviendo muy incómodo.
—Me duelen las piernas —se queja Jasmine .
Me agacho para auparla, y ella se sube con una sonrisa. Caminamos por el bosque con una linterna en la mano. Jasmine me da M le sujeto la cadera con las manos.
Ezra se preocupa por Kai , y acusa a Clémence de ser demasiado dura y autoritaria con él. Jasmine opina que, al contrario, eso parece gustarle a Kai .
—A veces me da la sensación de que ella le corta las alas… que no se atreve a hacer ciertas cosas por miedo a su reacción —explica Ezra —. Eso no me gusta.
—No podemos juzgarlos viendo solo una fracción de su día a día. Si llevan tantos años juntos, será porque la relación funciona.
—No creo que el tiempo garantice una relación sana —la contradice él—. Pero ojalá tengas razón.
Cuando se me cansan los brazos, Ezra toma el relevo y carga a Jasmine a la espalda. Los observo en silencio, y pienso en el secreto de mi amigo. Era consciente de que yo lo descubriría al escribirlo. ¿Esperaba que Jasmine también lo adivinara? ¿Quiere acaso intentar confesarse…?
¿Y ella… sentirá lo mismo?
Al cruzarnos con un corzo, decidimos volver al campamento. Jasmine me propone irnos a dormir, pero Clémence sale de la tienda llorando. Se lanza a los brazos de mi novia.
—¿Puedo dormir contigo esta noche? Estoy tan enfadada, Jazz…
Ella me lanza una mirada de pena antes de estrechar a su amiga contra el pecho.
—Claro que sí. Todo va a ir bien.
Las chicas desaparecen en la que debía ser mi tienda. Yo me quedo con los chicos junto al fuego, ocupado en reconfortar a Kai , que está abatido.
—Vas a tener que explicárnoslo —suspira Ezra —. ¿Qué coño te ha pasado?
—Sé que es una estupidez, pero… no era feliz.
Ezra y yo intercambiamos una mirada sorprendida. Yo mismo creía que lo era, pero sé que las apariencias a veces engañan.
—Me gusta mi trabajo, ese no es el problema. Todo iba bien. Demasiado bien —añade, con los hombros caídos—. Todo era… previsible. Aburrido. Familiar. La misma rutina, un día tras otro, sin ninguna sorpresa. Me di cuenta de que hacía las cosas por costumbre, y que me quedaba por comodidad.
Frunzo el ceño mientras lo escucho. Entiendo lo que quiere decir. No pensaba compadecerle, pero supongo que sí, porque me ha afectado.
—Así que decidí dejarlo —continúa Kai —. Quiero algo que me suponga un desafío, algo que me haga vibrar. Algo que de verdad me apasione, aunque sea imprevisible y a veces me parezca un rompecabezas.
Ezra guarda silencio durante un buen rato antes de darle una palmada en el hombro y ofrecerle una cerveza.
—Entonces has hecho bien. ¡Brindemos por eso!
—¿Estás de broma? —se indigna Kai —. Clémence me ha amenazado con el divorcio.
—Son palabras vacías. Solo le da miedo el futuro, porque lo has hecho en el peor momento posible. Y no le falta razón cuando dice que eres un idiota.
Sonrío, enternecido por la escena. Brindamos antes de cambiar de tema. Participo en la conversación, aunque tengo la cabeza en otra parte.
Cuando nos metemos en las tiendas, Kai es el primero en quedarse dormido. En la oscuridad, aprovecho la soledad para sacar el trozo de papel que he recogido del suelo, junto a las ramas. El que Kai había leído y que pertenece, sin la menor duda, a Jasmine .
Con la linterna del móvil, ilumino el secreto de mi novia.
«Tengo miedo de no llegar nunca a cumplir mis sueños».