Capítulo #2
Es algo íntimo, pero no tan incómodo como habría pensado. Quizá porque se trata de él, y somos amigos. No siento ninguna presión por gustarle, y eso me alivia.
Me dejo llevar siguiendo sus indicaciones; de vez en cuando me lanza muestras de ánimo. Cada uno de mis movimientos se vuelve más firme mientras nos perdemos en el baile y en el instante presente.
No puedo evitar sonreír al sentir cómo aumenta la complicidad entre nosotros.
—Tú, que hablas italiano… —digo de pronto, cuando noto la atención de un hombre en la penumbra—. Dime frases cortas para entablar conversación con alguien.
El hombre en cuestión es muy atractivo: alto, rubio, bronceado. Ezra sigue mi mirada con discreción y sonríe.
—¿Ese es tu tipo? Me sorprende, me esperaba más bien un moreno misterioso.
—Digamos que de eso ya he tenido bastante —suspiro, echando un vistazo a Andréa , que nos observa desde el reservado.
De todas formas, no pienso casarme con ese hombre. Solo pretendo abrirme a la gente, conocer personas nuevas, desprenderme de las viejas costumbres…
No voy a aguantar este verano sin nada que me distraiga de Andréa .
—Te devora con los ojos —me advierte Ezra —. Apuesto a que vendrá a bailar contigo en cuanto me dé la vuelta.
—¿Quién, Andréa ?
—No, idiota. El que se supone que te gusta, ¿recuerdas?
Ah, sí, cierto. Ezra mueve las caderas, con la rodilla entre mis muslos, lo que abre aún más la raja de la falda del vestido. Diría que lo hace a propósito. Es bueno, el cabrón.
—Puedes empezar con: Posso offrirti da bere ?
No hace falta ser bilingüe para entender lo que significa. Quiere que le invite a una copa. Le pido más ejemplos mientras se aparta y me hace girar sobre mí misma.
— Mi piacerebbe ballare con te .
Alzo una ceja; necesito una traducción con urgencia.
—Significa ‘Me gustaría bailar contigo’.
—Mmh. Demasiado directo, ¿no?
—Pues qué quieres que te diga, no te comas mucho la cabeza. Déjale que venga hasta aquí. Lo hará, te lo aseguro.
¿Cómo decirle que, por una vez, me gustaría tomar la iniciativa, llevar yo las riendas? Una parte de mí también sueña con demostrarle a Andréa que soy capaz, que ya no soy como antes.
—¿Y tú qué dirías?
Ezra se queda en silencio un momento mientras reflexiona, con expresión neutra. Cuando sus ojos oscuros se posan sobre los míos, entiendo por qué tantas chicas sucumben.
— Desidero sentire il tuo respiro sul mio collo … *
Quiero preguntarle qué significa, pero no me deja tiempo:
— Quando mi guardi così, non posso fare a meno di desiderarti . †
Estoy tan hipnotizada por la belleza del sonido que sale por su boca que me callo para saborearlo.
— Mi piacerebbe esplorare ogni centimetro del tuo corpo ‡ —añade, encogiéndose de hombros—. Entre otras cosas, vaya.
Frunzo el ceño con una sonrisa, divertida a mi pesar. Este tipo es todo un caso.
—Es demasiado largo para una principiante, pero gracias de todos modos.
Me animo e improviso. Choco el puño con Ezra en un gesto de apoyo discreto y luego me susurra un sutil «Buena suerte, Jasmine » antes de dejarme sola en la pista.
Lo observo acercarse a la barra e interceptar a una morena muy guapa.
Para él, ligar es tan natural como respirar. Lo envidio un poco, lo admito.
—¿Novio?
Me giro en redondo, sorprendida. El desconocido rubio me sonríe con una copa en la mano. ¡Habla mi idioma!
—En absoluto. Amigo y celestina, diría yo.
—Genial. Me llamo Marc .
Le digo mi nombre antes de que me invite a una copa, y lo sigo hasta la barra a través de la multitud de bailarines desatados. A lo lejos, siento la mirada pesada de Andréa , que se niega a soltarme.
Una parte de mí se siente culpable, pero no quiero dejar que me arruine la noche. Se lo he advertido esta mañana. Sabe perfectamente a qué se enfrenta.
Marc y yo charlamos unos minutos mientras tomamos un mojito, antes de ir a bailar. Suena un remix de « Maneater », y es justo lo que necesitaba para soltarme.
Dejo que mi cuerpo se mueva con gracia y sensualidad sobre la pista. Cada movimiento está calculado, cada gesto, ejecutado con precisión. Muevo las caderas, arqueo la espalda, enredo las manos en mi pelo…
Siento las miradas sobre mí. Un aura de confianza y seducción me envuelve. Busco a Andréa de reojo, y sé que me está observando. Su mirada ardiente, cargada de celos y de deseo, me provoca una extraña satisfacción.
«¿Ves lo que te pierdes, imbécil?».
Marc se acerca, porque probablemente cree que bailo para él.
Mis movimientos se vuelven más atrevidos, más provocadores, y desafían a Andréa .
Quiero que sienta ese cosquilleo de celos, que sea consciente de lo que podría haber conservado y que, en cambio, eligió perder.
Por un instante, cruzamos la mirada, y alcanzo a ver la lucha interior que lo consume.
La tensión entre nosotros es real, eléctrica, y se alimenta del deseo y la rivalidad.
Y aunque baile con otro hombre, el corazón me late al ritmo de la esperanza de que, tal vez, esta pequeña provocación lo haga rendirse.
—¿Prefieres que salgamos a tomar el aire un momento? —me propone Marc , mientras acerca el rostro demasiado al mío—. Aquí dentro no se oye na…
De pronto, lo siento. No sabría explicarlo, pero sé que Andréa está justo detrás de mí, antes incluso de que pose un dedo sobre el pecho de mi acompañante. Este se echa hacia atrás, sorprendido por la interrupción.
— Andréa —lo prevengo en voz baja, antes de que haga alguna estupidez—. Tranquilo.
Lo conozco demasiado bien. Siempre le ha costado controlar los arrebatos de violencia. Incluso cuando me prometía que pararía, lo volvía a ver con los nudillos reventados y la ceja ensangrentada.
Antes, cualquier excusa era buena.
—Más te vale que no la toques —gruñe.
Su intervención atrae la atención de otras personas en la pista de baile. Me siento a la vez preocupada y avergonzada. No debería haberlo provocado. Pensaba que había cambiado, que ahora estaba más tranquilo, pero me equivocaba.
—¿Y tú quién eres? —le espeta Marc , molesto.
—El amor de su vida.
Me da rabia sentir mariposas en el estómago.
Mi compañero de baile levanta las manos y me hace entender que la situación se le complica demasiado.
—No tengo ganas de pegarme esta noche, tío. Lo siento.
Y se va. Así, sin más, sin decirme nada.
Dejo escapar una risa seca, incrédula. Andréa se pone a mi lado, más guapo que nunca bajo las luces anaranjadas, pero estoy demasiado furiosa para que eso me afecte.
—¿Quién te crees que eres? No estamos juntos, ¡no tenías ningún derecho a hacer eso!
—Jazz, puedes provocarme todo lo que quieras, me da igual. Pero me mirabas a mí mientras bailabas. No a él, ni a otro. A mí —insiste, mientras se señala el pecho con el dedo—. Eso lo dice todo.
Quisiera gritarle que no ha entendido nada, pero me niego a montar un numerito. Por eso me marcho hacia nuestra mesa, donde Clémence y Kai se besuquean en público, y agarro mi bolso con rapidez.
Hacía mucho tiempo que no sentía tanta rabia.
—Me voy.
—¿Eh? —se alarma Clem mientras aparta a su marido—. ¿Adónde vas?
No respondo y me abro paso entre la gente con paso decidido.
«A cualquier sitio, me da igual, mientras esté lejos de él».
* ‘Quiero sentir tu aliento en el cuello’, en italiano.
† ‘Cuando me miras así, no puedo evitar desearte’, en italiano.
‡ ‘Me encantaría explorar cada centímetro de tu cuerpo’, en italiano.