Un verano para recordar (Las Estaciones 4) Capítulo 6 #2
19%

Capítulo 6 #2

Una chispa de peligro le brilla en los ojos almendrados, pero ella se mantiene firme.

—Diviértete.

Jasmine se da la vuelta y me deja allí, bajo el sol abrasador. La observo alejarse, hipnotizado por su andar y la manera en que el vestido amarillo se le ciñe a las caderas.

Solo deseo deslizar la mano bajo esa tela y…

—Si fuera tú, no me metería en ese tipo de peleas estúpidas.

Alzo una ceja hacia Ezra , que está apoyado en una columna de piedra. Adivino que lo ha oído todo, o al menos gran parte. Se termina la piruleta que tiene en la mano con tranquilidad. Lleva una media melena recogida en un moño despeinado.

—¿Por qué?

—Va a haceros daño. A los dos.

Suelto un suspiro. Tiene razón, pero no he encontrado otra manera de hacer que Jasmine reaccione. Quiero que recuerde por qué se enamoró de mí, y por qué ningún otro hombre la querrá tanto como yo.

Aunque nunca fui lo bastante bueno para ella, estoy convencido de que estamos hechos el uno para el otro.

—Si te sirve de consuelo —añade mi amigo—, creo que se está mintiendo a sí misma. No ha pasado página.

—¿Cómo lo sabes? ¿Te lo ha dicho?

Me da rabia haber respondido tan rápido.

—No hace falta. No para de mirarte.

No puedo evitar sonreír, pero Ezra acaba con mis esperanzas al advertirme que tenga cuidado. Cuando le pregunto por qué, su expresión seria se fija en un punto a lo lejos. Demasiado tarde me doy cuenta de que le está mirando la espalda a Jasmine .

—Porque el noventa por ciento del tiempo, te mira con tristeza.

Terminamos la visita del Coliseo romano cuando el sol se pone sobre la capital. Esta tarde he visto muchos paisajes preciosos, y no hablo solo de Jasmine , aunque me haya pasado todo el tiempo detrás de ella.

Clémence y Kai acabaron por abandonarnos, demasiado impacientes por quedarse a solas esa noche.

—Si pudierais reencarnaros en un personaje de la mitología griega, ¿quién seríais? —lanza Ezra mientras paseamos por una calle colorida.

Jasmine y yo lo miramos con perplejidad. Le pregunto por qué lo pregunta, y responde que precisamente ese es el tema de la fiesta de esta noche.

—Eh… no sé… ¿Zeus? —propongo al azar—. Es el más fuerte.

—También era un violador —comenta Ezra con una mueca cómica que le arranca una sonrisa a Jasmine .

Me ensombrezco, incómodo. No lo sabía, lo he dicho sin pensar. Reflexiono un instante antes de decir:

—Hades, el rey del inframundo. Siempre me gustó su personaje en la peli de Hércules, aunque fuera el malo.

Nunca había visto esa película hasta que Zélie me la puso obligado una noche en que cerrábamos el restaurante. Se pasó toda la película babeando por Mégara y luego me prometió ver una Ghibli a cambio.

Al final detestó Nicky , la aprendiz de bruja, y a mí eso me indignó un poco. Pero se convirtió en una broma interna entre nosotros. Entendí que no hacía falta compartir los mismos gustos para encariñarse con alguien…

—¿Te refieres al tío que secuestra a una chica para obligarla a casarse con él? —remata Ezra , para sacarme de la ensoñación.

—¡Oh, vete a la mierda!

Jasmine estalla en carcajadas. Ezra me dice que era solo para vacilarme, y me pasa un brazo por los hombros.

—Yo elegiría a Deméter, sin dudar —declara mi ex.

No me sorprende demasiado. Deméter es la diosa de la naturaleza y la agricultura, simbolizada por la espiga. Le va como anillo al dedo.

—Yo sería una ninfa —reflexiona Ezra —. Son famosas por su exquisita belleza, y viven en bosques, montañas y ríos… Justo como yo. — Jasmine pone los ojos en blanco ante su arrogancia—. ¿Existen ninfas en masculino? —se pregunta él. —Creo que se llaman ninfómanos.

—No, esas son las personas adictas al sexo.

—Tenías razón —sonríe Jasmine —. Justo como tú.

Acaba por llevarnos a una tienda a punto de cerrar. Me niego a llevar un disfraz, pero él asegura que todo el mundo irá caracterizado esta noche.

Rebuscamos a toda prisa entre las perchas de la tienda de segunda mano, mientras nos reímos de algunos hallazgos disparatados. Los tres nos probamos cosas absurdas, y nos divertimos. Jasmine graba unos vídeos para inmortalizar el momento, hasta que al fin encontramos lo que nos convence.

Salgo de la tienda convertido en un Ulises moderno, un héroe fuerte y valiente con un atuendo guerrero sexy . Llevo el torso casi desnudo, apenas cubierto por una pieza de armadura dorada.

Ezra también ha optado por mostrar piel, aunque de forma más discreta.

Lleva una camisa larga color oliva que se le abre sobre los abdominales; la pieza clave de su disfraz es, sin duda, la corona sobre la melena negra.

Parece un príncipe de fantasía dispuesto a embrujarte para luego ahogarte en el río.

—Espera, aún no lo has visto todo —sonríe antes de girarse para mostrarme el perfil—. Puedes llamarme Macris * esta noche.

Solo entonces me fijo en que lleva unas orejas puntiagudas falsas. Lo felicito, aunque pienso que se lo ha tomado demasiado en serio. No tengo tiempo de decírselo, porque de repente Jasmine sale del probador… y nos quedamos los dos mudos.

Lleva un vestido semitransparente, de un tejido verde, ligero y vaporoso. Envuelto a su alrededor en corte romano, desciende por su pecho en un escote pronunciado. Un cinturón dorado le ciñe la cintura fina y el tejido cae en un velo tan largo que acaricia el suelo.

«Parece una diosa de verdad».

—¿Listos para ascender al Olimpo? —sonríe Ezra , y le tiende la mano a Jasmine .

Ella me lanza una mirada burlona, como si se riera de mí. Casi puedo leer en sus labios inmóviles las palabras «Te dije que iba a ser difícil».

Pero si algo caracteriza a los dioses griegos es que rara vez tomaban buenas decisiones.

—Vamos —acepta mi ex—. Necesito una copa.

* Ninfa de Corcira.