Capítulo 2 #2
—Incluso hemos hablado por WhatsApp sobre el fondo común. Quizá te acuerdes de mi foto de perfil…
—¿El meme de Michael Scott * que dice: « I am Beyoncé, always »?
—Un clásico —sonríe Ezra , orgulloso de sí mismo.
Jasmine parece demasiado avergonzada para responder. No entiendo del todo lo que ocurre, pero está claro que ella y Ezra no son amigos, y mucho menos amantes.
—Ha sido él quien nos ha prestado su casa en la Toscana —añade Kai , mientras le da una palmada en el hombro a su primo—. Nos hará de guía por Italia.
—Genial. Me muero de ganas —responde mi ex con los labios apretados.
«Qué bien empieza el verano», se burla una vocecilla en la cabeza. Me arrepiento un poco de haber aceptado pasar los dos próximos meses con ellos.
Clémence y Kai no podían irse de luna de miel como todo el mundo. No, tenían que organizar una buddymoon con los amigos del instituto. Apuesto a que lo han hecho a propósito para que nos reconciliemos; cuando rompimos, también se rompió la dinámica del grupo.
—Ahora vuelvo —anuncia Jasmine mientras se levanta de la silla—. Tengo que hablar con… el chef.
La observo marcharse sin detenerla. Kai le pregunta a Ezra qué pasa, pero este le hace un gesto para que lo deje pasar.
Los conocí a los dos en primaria. Pasamos varios años siempre en casa de unos y otros, hasta que Ezra se mudó en sexto.
Después, Kai y yo nos volvimos más cercanos, aunque seguí en contacto con su primo.
—No sabía que habías roto con tu novia —suelta este último con curiosidad—. ¿Qué ha pasado? Siempre que te veía hablabas de ella.
Me encojo de hombros para parecer despreocupado.
—Así es la vida.
Ya nos hemos acabado el primer plato, y Jasmine aún no ha vuelto. Ezra invita a una abuela a bailar al ritmo de Barry White , « You’re the First, the Last, My Everything », y hace reír a los niños que corretean por todas partes.
Yo me quedo sentado con Zélie , hasta que ella suspira al verme escudriñar la puerta de salida.
—Deberías ir a ver qué le pasa, ¿no? Sé que te mueres de ganas.
—En absoluto, lo que necesito es ir al baño.
Me levanto mientras me mira con incredulidad, y me retiro. En serio, ¿qué clase de persona se tira toda la boda de sus amigos trabajando? Aunque puede que lo que intente sea huir de mí a toda costa…
No puede ser. «No voy a poder soportar esta tortura durante dos meses».
La encuentro enseguida, tras los fogones, en plena conversación con el pastelero jefe. Me acerco; estoy en mi terreno. Es mi lugar favorito, y con razón: a eso me dedico. Nunca fui buen estudiante, pero si hay un sitio en el que me siento como pez en el agua, es la cocina.
—¿Qué haces aquí? —me increpa Jasmine al ver que me acerco—. Los invitados no pueden entrar.
El chef me saluda antes de volver a su tarea. En la encimera reposa la impresionante tarta nupcial que está a punto de servirse, con una cascada de glaseado real, y fuentes de postres.
—Podría preguntarte lo mismo. Sé que intentas evitarme, pero…
Ella suelta una sonrisa sarcástica que me deja clavado en el sitio. Intuyo que le ha molestado, pero no entiendo por qué. He sido muy correcto desde que llegué.
«¿Todavía me guarda rencor por haber roto con ella?».
—Estoy trabajando, Andréa . Y sin ánimo de ofender, ahora mismo eres mi última preocupación.
Inclino la cabeza sobre el hombro, para intentar desesperadamente que al menos me mire.
—Y, sin embargo, le has pedido a un desconocido que finja ser tu novio. ¿Para qué, por cierto?
Por fin me encara, con expresión de rabia. La furia que le tiñe los rasgos me estremece. Jasmine no suele enfadarse. Es muy tranquila y dulce. Detesta el conflicto. Le gusta la gente, y es muy difícil decepcionarla.
«O al menos, así era».
Es una de las cosas que siempre envidié de ella, porque yo era todo lo contrario: un adolescente enfadado que quería hacerse notar, aunque para ello tuviera que liarla allá por donde pasara…
Mis celos fueron el motivo de nuestra última discusión.
—¿Y tú? —replica Jasmine —. ¿Por qué trajiste a Zélie si solo es una amiga?
«Por la misma razón que tú».
No me permite responder, y suelta un largo suspiro antes de calmarse.
—Escucha. Si todo el mundo es capaz de hacerlo, entonces nosotros también. Nos quisimos, pero ya no —lanza con un tono seco que me hiela la sangre—. Hagamos un esfuerzo y dejemos de pelearnos, al menos durante la buddymoon . Se lo debemos a Clem y a Kai .
«Ya no». No pensaba que oírselo decir en voz alta pudiera hacerle tanto daño a mi ego.
«¿De verdad ha pasado página?». En lo que a mí respecta, no estoy tan seguro; me he dado cuenta al tenerla delante.
La verdad es que Jasmine marcó un antes y un después en mí.
El antes fue insoportablemente aburrido.
El después, una tortura insufrible.
Pero ese breve momento en que estuvimos juntos… fue perfecto.
—Ya está listo el postre —me interrumpe el chef justo cuando iba a contraatacar—. ¿Necesitan ayuda?
Jasmine empieza a levantar la base de la tarta nupcial con seguridad. El peso es tal que se inclina hacia la derecha. Me apresuro a ayudarla pese a lo que acaba de decirme, y acabamos por sostenerla cada uno de un lado.
—Yo la ayudo —tranquilizo al chef.
Avanzamos juntos y cruzamos las puertas batientes de la cocina. Jasmine está empeñada en no hablar conmigo.
—¿Por qué le hablaste de Howl? —suelto sin pensar—. Eso era algo nuestro.
Soy consciente de que parezco un niño caprichoso, y me arrepiento al momento de preguntar algo así. La reacción de Jasmine me lo confirma al instante. Me lanza una mirada de indignación y después suelta una risa amarga.
—¿Me estás tomando el pelo? No tienes derecho a estar celoso, Andréa Moretti .
—Yo no…
—Te recuerdo que tú me dejaste a mí —replica alzando la voz—. Así que hazme un favor y déjame en paz.
«Lo sé. Tiene razón. Soy un imbécil».
Estoy a punto de disculparme cuando irrumpimos en plena fiesta. La música está tan fuerte que ya no conseguimos oírnos.
La multitud se aparta para dejarnos pasar, y nos deja ver a los novios en el centro de la pista. Jasmine me hace una seña para que me acerque, pero de pronto resbalo con algo: su vestido, que arrastra por el suelo a cada paso.
La caída dura apenas un segundo —el segundo más largo de mi vida— y hace que se tambalee la tarta. Siento cómo se inclina hacia la izquierda.
Jasmine , al intentar sujetarla, tropieza conmigo en el suelo… y cae también. La pieza nupcial se nos desparrama sobre la cabeza y hace que todo el mundo se quede en silencio. Solo la música sigue sonando mientras todos se quedan petrificados a nuestro alrededor.
«Joder». Clémence nos va a querer descuartizar a los dos, seguro. Puede que no lo parezca, pero da miedo de verdad.
Jasmine se incorpora, con el rostro cubierto de tarta y de nata. Se le ha abierto un poco el escote, y se lo ajusto sin darme cuenta, para protegerla de las miradas curiosas.
—¿No os habéis roto nada?
Ezra le tiende la mano a Jasmine , que la acepta mientras murmura algo que no logro entender. Yo me pongo en pie solo, e intento tranquilizar a todos con un gesto con las manos.
—¿Lichi, frambuesa y… rosa? —aventura Ezra mientras se lame un dedo—. Mmm. Está buenísima.
Observo que ha recogido un trozo del pastel con la cuchara. Clémence está lívida, pero el primo de Kai invita a todos a servirse «a la buena de Dios».
Se oyen risas, y muy pronto la crisis queda superada. Ezra propone a Jasmine que vaya a limpiarse al baño, y le da su bolso de seda.
Cuando mi ex desaparece, Clémence se me acerca y me suelta entre dientes:
—Me ha costado 1500 euros, cabrón.
Trago saliva y me topo con la mirada asustada de Kai .
—Lo sé. Lo siento, Clémence .
—¿Ah, «lo sientes»? —repite con una sonrisa digna del Joker , mientras me aprieta el hombro con mucha fuerza—. No tanto como lo sentirás si no conseguís hacer las paces antes de mañana.
* Personaje de la serie The Office .