Un vecino con derecho a roce Capítulo 34
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Capítulo 34

Habían pasado ya tres días desde que se le llevaron a cabo las pruebas al niño. Parecía mentira, pero el bebé no nacido era compatible al noventa y nueve por ciento con su hermano. Había venido al mundo con la clara misión de salvar su vida.

Y hoy, dos días antes de Nochebuena, ambos serían intervenidos. Para eso, había venido el mayor neonatólogo del país, además de varios de los compañeros de Olivia, esos que ella misma había contratado para trabajar en su nueva clínica.

También estaban allí todos sus amigos. El momento en el que Olivia vio a sus dos mejores amigas, rompió a llorar. Entre ellas había una amistad de años, de más que de hermanas, y eso se notaba.

—¿Por qué no nos contaste nada? —preguntó Irene.

—Porque no quería que Martín se enterara.

—¿No pensabas contárselo? —añadió Ana, sorprendida.

—A él, no. Sin embargo, sí que se lo iba a decir a Gabriela y a Ismael, con ellos sí que quería que mi bebé tuviera contacto.

—Pero, eso no tiene sentido, Olivia. Quizás lo que querías es que Martín se enterara, pero sin ser tú la que se lo dijeras…

—Piensa lo que quieras. A día de hoy, y a pesar de que mi bebé va a salvar la vida de su hermano, este niño sigue siendo solo mío.

—No sabes lo que estás diciendo. Ese hombre bebe los vientos por ti, y va a luchar hasta que estéis todos juntos, eso lo tengo claro —le dijo Irene.

—Ese hombre, como tú dices, se ha estado acostando con su ex, así que, no me querría demasiado.

—Lo hizo por su hijo, no seas ingenua.

—Si hubiera querido, me lo hubiera contado, y juntos hubiéramos encontrado la solución. Incluso podríamos haberle pagado a la madre de Héctor para que concibiera un hijo por fecundación artificial, dejándole claro que ella no era más que la incubadora de ese niño.

Sus amigas callaron, porque tenía razón. Mientras que Olivia seguía despotricando de Martín, este escuchaba todo desde la puerta de la habitación del hospital, acompañado de Ricardo y Rodrigo.

—No se le puede reprochar ni una coma, amigo —le dijo Ricardo, dándole una palmada en el hombro.

—Lo sé, y ¿sabes lo que es peor? Que por mi cabeza no había pasado esa opción en ningún momento. Vamos es que ni se me había ocurrido, la verdad.

—Claro, y ahora ella puede pensar que aprovechaste el momento y las circunstancias para poder acostarte de nuevo con ella, que seguro que es lo que piensan las tres.

—Joder, me va a costar media vida que vuelva a creer en mí, que recupere la confianza.

—Pues ya sabes lo que tienes que hacer, demostrarle que está equivocada y que, ella y vuestros hijos, son lo primero para ti.

—Lo intentaré, pero eso no significa que lo vaya a conseguir.

—Desde luego, si vas con esa actitud, seguro que no —dijo Rodri, que era mucho más decidido que todos ellos juntos.

Continuaron un buen rato más hablando entre ellos, hasta que se decidieron a entrar en la habitación del hospital. Una vez que estuvieron dentro, Martín se acercó a Olivia, que se puso tensa de momento, como si su simple presencia le molestara, aunque no era ese el motivo, precisamente.

A Olivia, el simple olor de su perfume la hacía transportarse hasta los momentos que habían pasado juntos, esos en los que la pasión era una compañera más del viaje de su historia, y eso era lo que la tensaba.

—¿Puedo acercarme a tu vientre?

—Depende de para lo que sea.

—Para hablarle al bebé. Dicen que, si le hablas a un feto mientras que está en el vientre materno, es capaz de reconocer esa voz más tarde, cuando viene al mundo.

Olivia no fue capaz de decirle que no, tan solo se apartó la sábana y la mantita con la que se tapaba, para que tuviera acceso directamente. Sabía que eso le removería muchas cosas, pero si ocurría algo, no quería que le quedara el remordimiento de que su padre no se había dirigido al bebé.

—Hola, monito, soy tu papá, y estoy deseando de verte la carita, porque, aunque tu mamá no se lo crea, sois lo más importante de mi vida, junto a tu hermano Héctor. Gracias, mi vida, porque, sin haber nacido y sin ser consciente de ello, vas a salvar la vida de tu hermano.

—Bueno, vamos a dejar los sentimentalismos, que ya están aquí los celadores para bajarme. Deseadme suerte y cruzad los dedos para que todo salga bien.

Martín, antes de separarse, le dejó un beso a Olivia en su vientre y, sin poder remediarlo, otro en los labios. Fue un leve roce, pero para ambos fue muy significativo. Los celadores les indicaron que podían esperar abajo, en la sala de espera, donde los informarían cuanto todo terminara.

Como era un feto, la intervención sería mucho más complicada y, debido a eso, tardarían casi el doble del tiempo habitual. Todos sabían que ese año Papá Noel tendría que visitarlos en el hospital, pero que el regalo más bonito que podía dejarles era la vida de ese bebé y la salud de Héctor.

Lo más complicado sería que aceptara llevar la mascarilla puesta, pero, como Olivia estaría a su lado, en la otra cama, al compartir habitación, lo mismo y a ella le haría caso.

Tendrían que llevarlas ambos, al menos durante los primeros días, al igual que todo el que entrara en la habitación, que se limitaría a dos personas.

El oncólogo que estaba tratando ahora al niño les indicó que sería preferible que la persona que estuviera con el niño fuera siempre la misma, como mucho, que cambiaran por la noche, y Martín dijo que él sería quién se quedara al cuidado de ambos.

Lourdes, como doctora y propietaria de la clínica, también tendría acceso a ellos, pero nadie más. Estarían en el hospital durante unos días, al menos hasta el día treinta, en el que, si todo iba bien, podrían volver a casa.

El tiempo pasaba demasiado lento y, aunque ninguno de los presentes tenía hambre, tampoco podían estar todo el día sin comer, por lo que decidieron marcharse a la cafetería del hospital, donde Lourdes indicó que estarían, por si los necesitaban para algo.

Cinco horas después, seguían sin tener noticias de nada, y empezaban a desesperarse. Lourdes se atavió con la ropa de quirófano, y entró a ver si podían decirle algo, pero salió, como media hora después, sin grandes noticias.

—Todo va como tiene que ir, pero todavía queda un buen rato para que terminen —le dijo.

—Mientras que todo vaya bien, como si nos tenemos que quedar aquí hasta mañana por la mañana —dijo Ismael.

—Pues si tardan hasta mañana por la mañana, que vayan preparando otro quirófano para mí, porque me va a dar un infarto —añadió Martín, completamente desesperado.

—Tranquilo, que no va a ser tanto tiempo. Me han dicho que calculan que un par de horas más, aproximadamente.

—Eso espero, de verdad.

Efectivamente, poco más de un par de horas después de esa conversación, salían los médicos que habían estado en la intervención, con cara de cansancio, pero también de satisfacción.

—Ha sido algo complicado, pero lo hemos conseguido.

—¿Están todos bien?

—Están en la sala de despertar, hasta que se les pase la anestesia, pero sí, todos están bien. Ahora, tan solo tenemos que esperar que Héctor no presente ningún rechazo, que desde ya le digo que es poco probable, por la compatibilidad que hay entre donante y receptor.

Después de que el doctor les explicara todo lo que había acontecido en la intervención quirúrgica, les indicaron que podían subir a la habitación a esperarlos, pero tan solo cinco minutos, y además ataviados con una vestimenta especial, para evitar gérmenes.

Esa nochebuena la pasaron los tres solos en la habitación.

Olivia no podía moverse, para evitar y reducir al mínimo la posibilidad de aborto.

Ella podría volver a casa el día veintiséis, pero como el niño empezó a llorar porque no quería que se fuera, y sabiendo que no podría venir a verlo, decidió que se mantendría en la clínica hasta que le dieran el alta al niño.

La clínica les puso un menú especial, y pudieron cenar con sus familias y amigos, pero a través de una videollamada en la Tablet. Verlos a todos juntos, de nuevo, aunque entre ellos no hubiera nada más que el bebé que los unía, era un motivo de alegría.

El ginecólogo le dijo a Olivia que debía tomarse una baja hasta que naciera el bebé, porque, un disgusto, un problema de estrés, con todo lo que le habían hecho ya, podría ser un motivo para sufrir un aborto.

Como ella los conocía a todos, sabía quién debía ser la persona que la sustituyera mientras tanto, y no dudó en llamarlo. Martín, mientras tanto, escuchaba atentamente la conversación entre ese hombre y la que él consideraba su mujer.