Un vecino con derecho a roce Capítulo 21
50%

Capítulo 21

—No pienso dejar que te marches, Olivia.

—Martín, ahora mismo no quiero hablar, podría decir mil cosas de las que luego me arrepentiría.

—Dilas, que yo también tengo mucho que decir.

—¿Que tú tienes mucho que decir? No me hagas reír, por favor.

Has sido tú el que me has ocultado que tenías una relación abierta con esa mujer.

Has sido tú el que me has ocultado que te gusta el sexo en grupo, y has sido tú el que has permitido que tu hijo me llame mamá, cuando no tenías ninguna intención de tener algo serio conmigo.

—Para empezar, yo no tengo ninguna relación con esa mujer, ni abierta ni cerrada, tan solo hemos tenido sexo ocasional, no te lo voy a negar.

En segundo lugar, sí, he hecho tríos, pero eso no tiene nada que ver con lo que quiero ahora.

Y, por último, pero no menos importante, si no quisiera tener nada serio, ni siquiera te lo habría propuesto.

—Entonces, ¿qué hace esa mujer todavía en tu casa?

—Porque he priorizado mis necesidades y, la primera de todas, ha sido llegar hasta ti, una vez que hubiera aclarado todo contigo, y acompañado por ti, por supuesto, pienso subir y dejarle claro que, entre nosotros, no va a suceder nada, nunca más.

Olivia no sabía si creerle o salir corriendo, pero pensó en darle una oportunidad a sus palabras, y decidió subir con él, y enfrentar a esa mujer a su lado.

Martín dudaba si ella iba a ceder o no, pero prefería pensar que sí lo haría, y por eso, extendió su mano para que la cogiera, cosa que ella hizo sin pensar.

Hicieron el camino contrario, en el ascensor y, al llegar arriba, se encontraron con esa mujer, completamente desnuda y tumbada en el sofá, como si estuviera acostumbrada a hacer eso.

Olivia la miró con cara de asco, mientras que el semblante de Martín lo que reflejaba era una rabia inaudita.

Ahora entendía esas palabras que les decía su padre que, cuando llegara la mujer indicada, ya ninguna mujer, por muy guapa que fuera o por muy fácil que se lo pusiera, no se sentiría atraído por ella.

La estaba viendo y tan solo veía un problema, y le resultó curioso, cuando, tan solo meses antes, había disfrutado de ese cuerpo como si fuese el mejor de los manjares, y ahora no le provocaba absolutamente nada.

—Haz el favor de vestirte y de largarte de mi casa —le dijo Martín, abrazando más todavía a Olivia.

—¿De verdad que es eso lo que quieres? —le preguntó ella, levantándose del sofá, con la intención de acercarse a él, que la frenó de manera inmediata.

—Te lo he dicho ya, y no pienso repetirlo más.

—¿Tan manso te has vuelto que no eres capaz de hacer lo que verdaderamente te apetece?

—Lo que me apetece es que te largues de mi casa. ¿No me ves que no me provocas ni frío ni calor?

—Pues eso no era lo que me decías la última vez que estuvimos juntos, en la que gritabas cuando te practicaba una felación y, por mucho que me digas, no creo que esta mosquita muerta ni siquiera me iguale…

—Mira, muchacha, lo que yo le haga o le deje de hacer a mi novio, ni te va ni te viene. Así que, ya puedes coger la mierda de abrigo que traes y te largas de aquí a la voz de ya, si no quieres que sea yo misma la que te saque de aquí por los pelos.

—Su novio, dice, que graciosa. Tu novio, querida, ha paseado por su cama a media plantilla de azafatas de mi compañía aérea, por decirte algo.

—Lo que Martín haya hecho antes de estar conmigo, me trae sin cuidado…

—Martín estuvo con una compañera mía hace tan solo unas semanas, así que, si yo fuera tú no me confiaría tanto.

Claire cogió su abrigo de la entrada, que era dónde lo había dejado, se lo puso y, tras coger su bolso, salió de la casa, no sin antes, girarse y volver a lanzar una pullita de las suyas.

—Esto no termina aquí, Martín, y tú lo sabes. Eso sí, la próxima vez que me llames a mí, o cualquiera de mis compañeras, porque te apetezca sexo duro, como el que a ti te gusta, lo mismo y no te cogemos el teléfono.

Olivia miró a su novio, no sabía si creerla o no. Hasta ahora, a ella no le había comentado nada de que le fuera ese tipo de sexo, como tampoco sabía nada de ese encuentro que Claire había dicho que tuvo con una de sus compañeras.

Martín, al ver las dudas en la cara de su chica, se apresuró a desmentir todo lo que había dicho esa mujer, porque no eran ciertas esas afirmaciones. Él jamás había practicado sexo duro, como mucho, le había dado un par de cachetes en las nalgas a la mujer que mantenía sexo con él, pero nada más.

—Olivia, antes de que te montes películas en tu cabeza, te diré que no he practicado sexo duro con nadie, en mi vida.

—Uf, Martín, esa mujer ha dicho tantas cosas, y con tanta seguridad, que ya no sé qué creer, te lo prometo.

—Entiendo que puedas tener confusión, porque no nos conocemos tanto como para que no te lo pienses, pero te juro por mi vida que nada de lo que ha dicho es cierto. Y por eso, estoy dispuesto a contestar toda pregunta que te ronde por la cabeza.

Olivia lo miraba, al igual que miraba la mesa puesta para cenar, con la tortilla todavía en la sartén y la ensalada en el centro, y le parecía todo de lo más surrealista.

Habían venido de pasar un fin de semana fantástico, romántico y en el que la pasión se había metido en la maleta como una invitada más, y ahora, cuando todo parecía que seguía igual, se encontraba con esto.

—Quiero que me digas la verdad, te prometo que no te juzgaré, pero no quiero que se me quede la cara de tonta que se me ha quedado cuando alguna otra mujer me diga lo mismo que me ha dicho esta.

—Está bien, pregunta.

—No quiero preguntar nada, quiero que seas tú el que determine lo que debo de saber o no, sin mentiras, sin más secretos.

Martín cogió una bocanada de aire antes de empezar a hablar, y cuando se dio la fuerza suficiente, empezó a relatarle a su chica todo lo que había pasado desde que nació Héctor y su madre se marchó.

Le explicó como él estuvo enamorado de Rocío, como le dolió que se marchara y abandonara a su hijo, a su familia, y la decisión que tomó de no permitir que ninguna otra mujer entrara en su vida.

—No voy a negarte que me he acostado con muchas mujeres, no tendría sentido decirlo. Así como, tampoco te negaré que he participado en tríos, junto a Ricardo, o con dos mujeres a la vez, pero nada más.

—Hombre, poco tampoco es, pero entiendo lo que me quieres decir.

—Te juro por la vida de mi hijo que, desde que te encontré en el suelo de tu baño, inconsciente, y tuve claro lo que sentía por ti, no he vuelto a acostarme con nadie que no seas tú.

—¿Y esa azafata de la que ha hablado Claire?

—No existe. De hecho, y que yo sepa, tan solo me he acostado con una azafata, que ha sido ella. A no ser que hubiera otra y que no me lo haya dicho…

—Está bien, te creo. Pero no quiero que vuelvas a ocultarme nada, por favor. Me siento indefensa cuando eso ocurre.

—Te prometo que no te ocultaré nunca nada más.

—Entonces, vamos a cenar que mira la hora que es y me muero de hambre.

—Yo también tengo hambre, pero de ti.

—Pues tendrás que esperar, si no quieres que me desmaye por inanición.

Martín empezó a reír, porque se imaginaba la situación y no podía parar de hacerlo. Mientras, ambos se dirigieron hasta la mesa de la cocina, donde tan solo había que poner la tortilla en un plato, de lo que se ocupó Olivia, a la vez que su chico sacaba de la nevera los refrescos.

Ni que decir tiene que el postre se lo tomaron en esa bañera, en la que Olivia había dejado una botella de champán y unas fresas con chocolate de los que dieron buena cuenta mientras que estaban sumergidos en el agua con sales y espuma.

El primer asalto lo tuvieron ahí, y fue de sexo oral. Aunque Olivia sintió inseguridad al recordar las palabras que había dicho Claire, su chico le hizo entender que no tenía ni pies ni cabeza, que con ella sentía más que con ninguna otra mujer, y eso la hizo sentir empoderada.

Después de eso, y cuando ya se hubieron lavado, completamente desnudos, se metieron en la cama, donde siguieron dando riendo a su pasión.