Un vaquero Timido Capítulo 79 Están dentro
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Capítulo 79 Están dentro

La camioneta avanzaba a toda velocidad por la vieja carretera desierta. El paisaje se volvía cada vez más solitario a medida que se recorría cada kilómetro, no había más que matorrales secos, viejas cercas de madera y algunos árboles dispersos bajo el cielo del atardecer.

John iba, mirando a ambos lados del camino.

De pronto, se inclinó hacia adelante y señaló con fuerza hacia la derecha.

—¡Ray! ¡Allá! A lo lejos, oculto entre la vegetación y los árboles, se alcanzaba a distinguir la silueta de una vieja cabaña de madera en leve tono verde.

Junto a la entrada había un automóvil negro estacionado.

Ray reconoció el vehículo por esas características, era uno igual al que vio antes en la feria. —Es el coche de Jordan... —Apretó con fuerza el volante con los nudillos blancos—. Está ahí dentro.

Minutos antes... Jordan había detenido el automóvil frente a la cabaña aislada. Abrió la puerta trasera con rabia y obligó a Sara a bajar, ella seguía aturdida por el fuerte golpe recibido en la cabeza; aun así, con las pocas fuerzas que le quedaban, intentó resistirse con uñas y dientes.

—¡Suéltame! ¡Déjame ir! Si alguna vez me quisiste un poco, no seas tan cruel conmigo, no lo hagas Jordan

Jordan la sujetó del brazo, apretándole la piel. —Camina de una vez, Sara.

—¡Te digo que no! Ella trató de soltarse clavando los tacones en la tierra. Él la arrastró a empujones hasta los escalones de la entrada.

—¿Por qué demonios me haces esto, Jordan? —preguntó Sara entre lágrimas de dolor .

Jordan abrió la puerta de madera de una patada. —¡Porque eres la única persona que puede ayudarme a salir de esto!

—¡Yo no puedo ayudarte en nada! ¡Estás demente! Busca ayuda, pide un préstamo, a tu familia o a quien quieras… pero a mí no me metas en tus problemas….

—¡Sí puedes! —respondió él con desesperación en la mirada—. Solo tienes que hacer exactamente lo que te digan cuando vengan por ti, además no será algo que no hayas hecho antes, te recuerdo que no eres virgen.

Sara lo miró desde el umbral. —¿Qué estás diciendo? ¿De qué hablas?

Jordan no respondió a su pregunta. Simplemente la levantó en brazos por la fuerza para impedir que siguiera pataleando y la llevó hasta una habitación. La dejó caer bruscamente sobre una vieja cama de resortes.

Antes de que ella pudiera incorporarse o intentar correr hacia la puerta, él sacó una cuerda gruesa del bolsillo de su abrigo. Sara comprendió al instante lo que pretendía hacer. —¡No! ¡Jordan, no!

Intentó apartarse y patear, pero Jordan la inmovilizó con todo su peso: primero sus muñecas a la espalda y después sus tobillos, las ataduras quedaron apretadas.

Sara tiró de ellas una y otra vez, pero solo consiguió hacerse daño en las muñecas. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

Jordan permanecía de pie a un lado de la cama, respirando con dificultad.

Por un instante pareció arrepentirse al verla llorar, pero enseguida volvió a endurecer la expresión de su rostro.

—No me obligues a hacer esto más difícil para los dos, Sara, te quería para mí, pero a veces hay que tomar lo que se tiene para seguir adelante…

Sara lo miró con desprecio. —Jordan... todavía puedes detenerte. Esto tiene solución legal. Podemos pedir ayuda.

Jordan negó con la cabeza. —Ya es demasiado tarde para eso.

Sacó su teléfono del bolsillo y salió de la habitación. Sara permaneció inmóvil sobre el colchón.

No podía ver lo que ocurría en la sala principal, pero la puerta de la habitación había quedado entreabierta. Escuchó cómo Jordan comenzaba una llamada telefónica, su voz sonaba baja, y sumamente nerviosa.

—Sí... —Hizo una pausa larga—. Ya la tengo conmigo, es la pelirroja que te mostré, en la imagen te dije que era impactante, seguramente a tus clientes les va a encantar, se la van a pelear, sacaras mucho dinero con ella…

Sara sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. Jordan siguió hablando al teléfono:

—Sí... es mi exnovia. No, eso ya no importa, yo ya hice con ella todo lo que quise en su momento, y hará lo que sea para sobrevivir…

Permaneció unos segundos escuchando a su interlocutor. Luego respondió con rapidez:

—Está aquí bien guardada. No puede irse a ningún lado, No, no la he drogado todavía pero aquí las tengo, cuando ustedes lleguen lo hacen, prefería no verlo …

Sara cerró los ojos con fuerza, intentando controlar el pavor que amenazaba con paralizarla. La conversación continuó unos instantes más, con frases cortas de Jordan: —Entendido. Aquí esperaré a que vengan.

La llamada terminó, el silencio volvió a llenar la vieja cabaña. Sara respiró hondo para calmar los latidos de su corazón, aunque el miedo amenazaba con quebrarla, intentó concentrarse en su supervivencia.

Miró a su alrededor: la habitación era antigua y polvorienta; había una pequeña ventana alta, un viejo armario desvencijado y una lámpara de mesa sobre un buró.

Las cuerdas le impedían moverse con facilidad, pero comenzó a probar las ataduras una a una, buscando algún punto débil en los nudos.

Mientras tanto, a apenas unos metros de allí, Ray apagaba en silencio el motor de su camioneta, ocultándola tras la espesura de los árboles. Él y John intercambiaron una mirada rápida. No necesitaban decir una palabra. Los dos sabían que cada segundo contaba para salvar a Sara