Capítulo 77 Algo de valor
Jordan abrió bruscamente la puerta trasera del coche.
Cuando Sara volvió a resistirse aferrándose al marco, él perdió el control, le propinó un fuerte y seco golpe que la dejó aturdida y sin aliento, aprovechando esos segundos de debilidad, la empujó dentro del vehículo y le cerró la puerta en la cara.
El seguro eléctrico sonó, Jordan rodeó el coche y subió al asiento del conductor. Encendió el motor con un rugido y arrancó.
Sara, todavía desorientada por el golpe, intentó jalar la manija de la puerta. No pudo abrirla. —¡Ábreme, maldito sea! ¡Déjame salir! Me estas secuestrando
Jordan pisó el acelerador a fondo, saliendo del recinto. —Cállate la boca de una vez, Sara.
Ella respiraba con dificultad, sujetándose el rostro adolorido, —¿Por qué demonios haces esto? ¿Por qué? entiende que ya no somos nada… vete con quien quieras déjame salir por favor…
Él golpeó el volante con rabia. —¡Porque no entiendes nada! ¡Estoy metido en serios problemas hasta el cuello! Y tú tienes que ayudarme, eres lo único que me queda y me vas a ayudar quieras o no…
Sara lo miró a través del espejo retrovisor sin lograr comprender, y entonces se dio cuenta estaba alterado, como si hubiera tomado drogas, entonces Jordan soltó una risa amarga, y desprovista de gracia.
—Tengo problemas, y tú siempre dijiste que me amabas así que debes ayudarme con esas deudas.
Son deudas gigantescas Sara, con gente muy peligrosa, que va a matarme sino les doy algo y eres lo único que tengo en la vida…
Ella sintió un nudo oprimiéndole el estómago. —¿De qué estás hablando, Jordan?
Él mantuvo la vista fija en la carretera mientras el coche ganaba velocidad fuera del pueblo. —Perdí dinero apostando en la ciudad. Dinero que no era mío.
El silencio dentro del automóvil resultaba asfixiante. Jordan continuó hablando con tanta calma que a Sara le heló la sangre : —Les debo más dinero del que podría ganar en tres vidas enteras. Y me están buscando para matarme.
Sara comenzó a temblar en el asiento trasero. —Eso... eso no tiene nada que ver conmigo, Jordan, yo no tengo dinero para darte, sabes que soy maestra y gano muy poco….
Jordan apretó los dientes con furia, mirándola un instante por el espejo.
—Claro que tiene que ver contigo, mi amor, eres lo único de auténtico valor económico que me queda para negociar, eres bonita, y a ellos les gustan las mujeres como tú, inexpertas…solo deberás trabajar una temporada con ellos, y la deuda quedara saldada.
Las palabras cayeron como una losa de plomo en el pecho de Sara. Sintió que todo el aire abandonaba sus pulmones.
Por primera vez desde que lo había conocido años atrás, comprendió que ya no estaba frente al hombre del que una vez creyó estar enamorada.
El sujeto que conducía aquel auto a toda velocidad era un desconocido, un tipo desesperado, ruin y capaz de cometer cualquier atrocidad para salvar su propia piel.
Y mientras el vehículo se alejaba de las calles del pueblo, el pavor comenzó a apoderarse de ella.
Mientras tanto, de vuelta en la feria escolar, el caos empezaban a extenderse como pólvora cuando varios testigos corrían a buscar ayuda policial, y la noticia de la desaparición y el secuestro de Sara llegaba, finalmente, a los oídos de Ray.