Capítulo 76 Jordan está aquí
Sara retrocedió un paso, helada por la impresión. —¿Qué... qué haces tú aquí? Jordan se quitó las gafas oscuras, mirándola de arriba abajo.
—Eso mismo iba a preguntarte yo a ti. —Miró alrededor de la feria con desprecio—. ¿Qué demonios crees que haces viviendo en este patético pueblo perdido en medio de la nada?
Sara tragó saliva con dificultad, sintiendo el corazón martilleándole el pecho. Intentó mantener la calma frente a la gente. —Vivo y trabajo aquí, Jordan. Y no pienso irme a ningún lado.
Jordan soltó una risa burlesca. —¿De verdad? ¿Te vas a quedar a arruinar tu vida por este agujero?
Ella levantó la barbilla con determinación. —Sí. Ahora vete de aquí, regresa con Luiza y déjame en paz.
El gesto cínico de Jordan cambió a uno de fastidio. —¿Todavía estas celosas? Eso... no significó nada para mí, Sara.
Sara lo miró con incredulidad e indignación. —Primero que nada, no estoy celosa, y ¿Que no fue nada? Te encontré en la cama con mi mejor amiga a días de nuestra boda.
Él dio un paso hacia ella, acortando la distancia. —Cometí un simple error, ya pasó, soy hombre tengo necesidades… Así que ve acostumbrándote a la idea: vamos a casarnos, necesito que vuelvas a casa ahora mismo.
Sara sintió un escalofrío recorrerle la espalda. —¿Qué dijiste? Jordan habló con una normalidad, como si estuviera diciendo algo indiscutible: —Tenemos una boda pendiente y no voy a dejar que arruines nuestros planes.
Ella negó con la cabeza, dando otro paso atrás. —No, Jordan esos planes los arruinaste tú, en primer lugar, grábate esto… nunca va a pasar... Jamás.
Jordan endureció la expresión —No te atrevas a desafiarme, Sara, tú eres mi mujer, invertí mucho tiempo en esta relación como para que un error sin importancia lo termine…
tomaste una decisión apresurada al cancelar la boda y huir a este pueblucho en medio de la nada…
pero, eso es algo que vamos a solucionar ahora…
—Te estoy diciendo que no —respondió Sara con la voz firme y llena de valentía—. Estás loco si crees que tengo el mínimo interés en ti, ahora soy feliz aquí en este lugar he encontrado la paz y felicidad que tú, nunca pudiste darme.
Durante un segundo, el rostro de Jordan perdió toda apariencia de cordura. Sus ojos se volvieron fríos.
Sin previo aviso, la sujetó con fuerza del brazo. —Oye... ¡Suéltame! ¡Déjame en paz! —gritó Sara forcejeando.
Varias personas alrededor voltearon, y la señora Morgan dio un paso al frente al ver el tironeo. —¡Oiga usted! Caballero ¡Déjela!
Jordan la empujó con el brazo libre para quitársela de encima, la anciana perdió el equilibrio por el impacto y cayó aparatosamente al suelo. —¡Señora Morgan! —gritó una de las maestras mientras corría a auxiliar a la mujer.
Sara intentó soltarse del agarre de acero. —¡Auxilio! ¡Suélteme! ¡Ayuda, por favor! Jordan la arrastró entre la multitud confundida.
Algunas personas tardaron valiosos segundos en comprender que aquello no era una simple discusión de pareja, sino un secuestro en toda regla.
Sara forcejeó con todas sus fuerzas, intentó golpearlo, y zafarse la muñeca, pero Jordan la sujetaba con rabia y fuerza desmedidas.
La llevó a tirones hasta un automóvil negro estacionado a solo unos metros de la entrada de la feria.
Ella volvió a gritar con todas las fuerzas: —¡Ayuda! ¡Que alguien me ayude!