Un vaquero Timido Capitulo 73 Es mi hijo…
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Capitulo 73 Es mi hijo…

Las últimas semanas habían pasado rápido para todos, desde la llegada de Ethan, muchas cosas en la rutina del pueblo habían cambiado para bien, sin darse cuenta, Ray y Sara habían creado una dinámica propia.

Cada tarde, cuando Ray terminaba las labores de los corrales en el rancho, pasaba a recogerla a la casa. Algunas veces caminaban por el parque arbolado del pueblo. Otras se sentaban en la colina junto al lago a ver el atardecer.

En ocasiones simplemente compraban un helado en la plaza y paseaban viendo jugar al niño.

No necesitaban grandes lujos ni planes elaborados: les bastaba con la tranquilidad de estar juntos.

Ethan, por su parte, se había convertido en el compañero inseparable de Ray a donde quiera que fuese.

El pequeño ya llamaba "abuela Vicky" a su madre, sin que nadie se lo hubiera enseñado.

Frank fingía que no le gustaban los niños ni el ruido, pero siempre terminaba cargando a Ethan sobre sus hombros mientras recorría el rancho.

John le había enseñado a distinguir las diferentes herramientas del establo.

Luke ya le habia prometido que, cuando creciera un poco, le enseñaría a montar a caballo como un verdadero vaquero.

Incluso Mónica le compró un sombrero negro con la frase Pequeño Cowboy bordada al frente.

El rancho entero lo había adoptado con amor y aunque todavía no existía la certeza de un vínculo de sangre, para la familia Petersen eso importaba cada vez menos.

Por otra parte, en la casa de las chicas, también habían encontrado su propio equilibrio, Emily llegaba cansada pero satisfecha casi todas las noches después de trabajar en la clínica.

Abby hacía lo mismo tras sus jornadas en el consultorio dental del doctor Flanagan.

Las tres primas terminaban cenando juntas alrededor de la mesa mientras se contaban las anécdotas y chismes del día.

Poco a poco, aquel pueblo perdido al este de Texas había dejado de parecerles un refugio extraño, y comenzaba a sentirse como un hogar.

La tarde anterior al gran día de la feria, una de las camionetas del rancho se detuvo frente a la entrada principal de la escuela.

Sara salió del gimnasio cargando unas cajas de cartón cuando vio bajar a Ray del vehículo, traía consigo varias bolsas, cajas de madera y un enorme paquete con el sello distintivo del rancho Bulls Cowboys.

Ella sonrió con calidez al verlo. —¿Qué es todo esto, Ray?

Ray levantó una de las cajas para mostrársela. —Donaciones del rancho para la escuela. Mi papá dijo que la educación siempre necesita apoyo.

Sara abrió una de las cajas, había balones de fútbol nuevos, equipo deportivo, libros infantiles ilustrados y varios juegos educativos. Sus ojos brillaron de la emoción. —Ray... Esto es muchísimo.

Él se encogió de hombros con sencillez. —Los niños del pueblo se lo merecen.

Ella se acercó a paso rápido y le dio un beso dulce y rápido en la mejilla. —Muchas gracias, Ray. Él sonrió satisfecho. —¿Cómo va todo con los preparativos?

Sara suspiró, —Bien, aunque parece que voy a estar muy ocupada mañana. Me encargaron recibir a los donadores que vienen de fuera del pueblo y también tengo que coordinar a mis alumnos durante las presentaciones artísticas.

Ray asintió con absoluta comprensión. —Entonces apenas voy a poder verte tranquilo. Ella hizo un coqueto puchero. —Eso parece, vaquero, tendrás que esperar tu turno.

Él levantó una de las cajas pesadas y comenzó a caminar a su lado hacia el gimnasio. —Pues tendrás que soportarme cerca de todos modos, porque pienso venirte a ayudar aquí…

Sara arqueó una ceja, divertida. —¿Ayudar?

—Bueno voy a venir a la feria desde temprano.

Ella sonrió con picardía. —¿A pasear y comer pastelillos?

—No. A ayudarte en lo que necesites, seré tu sirviente mañana… Sara lo observó unos segundos, conmovida por el gesto. —¿En serio harías eso?

—Claro que sí. No pienso dejarte sola organizando todo el evento.

Ella negó con la cabeza, riéndose. —Eres incorregible, Ray Petersen.

—Eso es lo que me dice mi mamá todos los días —respondió él entre risas.

Más tarde, cuando Ray regresó al rancho, Vicky ya lo esperaba en el porche junto a Ethan, la mujer abrazó al pequeño. —Mañana te quedas todo el día conmigo, mi amor, vamos a recorrer cada rincón de la feria escolar.

Ethan dio un salto de entusiasmo sobre la hierba. —¿Habrá algodón de azúcar de color rosa?

—Todo el que tú quieras, además de otras sorpresitas…

—¿Y hay juegos mecánicos?

—Sí, también habrá juegos.

Ray sonrió al contemplarlos desde la camioneta. —Mamá... No lo malcríes demasiado con los dulces.

Vicky fingió no escucharlo, hablándole directo al niño: —Y también iremos por una gran manzana acaramelada. —¡Sí! —gritó Ethan, dando aplausos.

Ray negó con una sonrisa, ya no podía concebir la vida en el rancho sin aquel niño corriendo por los pasillos de la casa.

No sabía aún si compartían la misma sangre, pero cada día que pasaba le resultaba más difícil pensar en Ethan como otra cosa que no fuera su propio hijo.