Capítulo 70 Nueva vida
El camino de regreso al rancho Bulls Cowboys transcurrió en un silencio denso y poco habitual y nadie hacía bromas pesadas, ni discutía por el camino. Incluso Luke, que siempre encontraba el menor motivo para sacar una sonrisa a los demás, permanecía callado mirando por la ventana.
Vicky llevaba a Ethan dormido en sus brazos durante casi todo el trayecto, pero al detener la camioneta e ingresar a la propiedad, el pequeño abrió lentamente sus grandes ojos oscuros, miró a su alrededor con una evidente expresión de confusión, porque aquella enorme casa de madera y los establos iluminados eran un entorno completamente desconocido para él.
Ray bajó del vehículo y se acercó despacio a la puerta, todavía le costaba mucho trabajo procesar todo lo que estaba ocurriendo en cuestión de horas, se agachó suavemente hasta quedar a la altura de los ojos del niño.
Ethan lo observó en silencio durante unos segundos, después, sin decir una sola palabra, extendió los bracitos hacia arriba pidiéndole que lo cargara.
Ray sintió un nudo apretado en la garganta, era la primera vez que el niño hacia un intento por acercarse a él así que lo tomó en brazos con cuidado, sosteniéndole la espalda.
El pequeño apoyó la cabecita sobre su hombro de inmediato, como si hubiera encontrado de pronto un refugio seguro.
Ray sonrió con una ternura, aunque todavía le resultaba extraño sostenerlo entre sus brazos, pero la sensación le llenaba el pecho. Con voz suave, le dijo al oído: —Ven aquí, pequeño...Yo soy... tu papá.
Ethan levantó inmediatamente la cabeza del hombro de Ray, sus grandes ojos color avellana se abrieron de par en par, lo miró con seriedad. Después preguntó con toda la ingenuidad del mundo: —¿Y el otro?
Aquellas tres sencillas palabras atravesaron el corazón de Ray como un dardo, comprendió al instante que el niño se refería a Joe, el hombre rico con quien Kenia pensaba casarse en Europa y a quien Ethan probablemente había visto y llamado de esa manera durante los últimos meses.
No quería hablar mal de nadie ni confundir más a un niño tan pequeño, simplemente acarició con la palma de la mano su cabello. —Ahora estás aquí con nosotros, estás a salvo.
Ethan pareció aceptar aquella respuesta, se aferró a la tela de su camisa. Ray lo llevó escaleras arriba hacia el segundo piso, entró en la habitación que había sido siempre la suya desde niño. La cama de madera era grande, lo recostó sobre el edredón.
El pequeño miraba todo a su alrededor con curiosidad: las fotografías familiares de los Petersen sobre la cómoda, los libros, un sombrero vaquero negro colgado en la pared... Todo era nuevo para él.
En ese momento, Vicky apareció en el marco de la puerta, traía en las manos una bandeja con un vaso de leche tibia y un tazón con cereal. —Pensé que quizá tendría hambre antes de dormir, el pobre.
Ray la miró con gratitud. —Gracias, mamá.
Vicky dejó la bandeja sobre la mesa de noche y se acercó con ternura al niño. —¿Te gusta la leche tibia, corazón?
Ethan asintió con la cabeza, tomó el vaso con ambas manos temblorosas y comenzó a beber despacio, después comió unas cuantas cucharadas del cereal que le ofreció su abuela. El peso del cansancio empezaba a vencerlo otra vez.
Ray volvió a cargarlo en su regazo para arroparlo y el pequeño soltó un bostezo. —¿Quieres dormir ya? —preguntó Ray con suavidad.
Ethan asintió en silencio, pero no soltó la camisa de Ray; al contrario, la sujetó con más fuerza entre sus dedos. —No te vayas... —susurró el niño con la voz quebrada.
Aquellas tres palabras bastaron para que Ray comprendiera de golpe el miedo al abandono que cargaba esa criatura, se acostó a su lado sobre la cama, sin quitarse la ropa. Lo abrazó protegiéndolo con su cuerpo. —Aquí estoy, Ethan —le acarició lentamente la espalda—. No voy a irme a ninguna parte.
Ethan cerró los ojos, soltando un suspiro de alivio. Apenas unos minutos después, su respiración se volvió pausada y profunda.
Ray permaneció inmóvil en la penumbra, observándolo dormir a su lado, aún no sabía si la prueba de ADN confirmaría al cien por ciento que era su hijo biológico.
Pero en ese instante, solo veía a un pequeño e inocente ser que había sido arrancado de todo lo que conocía en una sola noche, y eso le rompió el corazón.
Mientras tanto, en el piso de abajo, la cocina era un centro de murmullos. John caminaba de un lado a otro con las manos en la cintura. —¿Y ahora qué hacemos mañana temprano?
Frank abrió una libreta sobre la barra y sacó una pluma. —Primero que nada: mañana iremos al pueblo a comprar una cama infantil.
Vicky añadió de inmediato, repasando mentalmente: —También ropa de su talla, juguetes, un asiento de seguridad para la camioneta...
Jandy ya estaba escribiendo una lista al lado: —Y un cepillo de dientes pequeño, champú para niños, pañales por si todavía los necesita durante la noche...
Luke observaba la escena de la familia con una sonrisa. —Parece que llegó un huracán al rancho.
Mónica asintió riéndose con ganas. —Un huracán hermoso de apenas dos años.
Tim levantó una mano desde la mesa, recordando lo importante: —No olviden que también hay que avisar de inmediato al abogado del pueblo.
Frank asintió con seriedad. —El lunes hablaré personalmente con él, y comenzaremos el trámite formal para la prueba de ADN.
John suspiró, recargándose en el marco de la puerta. —Pues ojalá todo salga bien para Ray y para el niño, pero la verdad es que con Kenia es imposible saberlo…
Frank cerró la libreta con firmeza. —Va a salir bien, y si no es así ayudaremos a Ray a tomar decisiones en su momento… —Luego miró a todos los presentes—. Pero por ahora... —señaló hacia la escalera—... todos a dormir, que mañana nos espera un día larguísimo.
John hizo una mueca de protesta. —Pero, papá, tenemos que idear un plan en el caso de que no sea su hijo, porque tiene 5 minutos aquí y todos ya lo consideran de la familia, y sería muy triste que nos lo quitaran después...
—No pensemos en eso, por el momento él tiene la custodia legal, así que nada de peros, vamos a descansar. —Frank señaló directamente a Luke—. Y tú...ya es tiempo que te vayas a tu casa a dormir, recuerda que todavía no se han casado, y mi arma esta colgada en la pared….
Luke levantó inmediatamente ambas manos en señal de paz. —Ya entendí, Don Frank. ya me voy a mi cuarto del barracón.
Mónica soltó una carcajada —Siéntete afortunado amor, porque mi papá ya te trata como a un hijo más, aunque eso da miedo….
Luke sonrió. —Para mí es todo un honor…papi...
Todos comenzaron a subir las escaleras, hacia sus habitaciones. La gran casa del rancho quedó finalmente en un silencio.
En su habitación, Ray seguía despierto en la penumbra, Ethan dormía acurrucado contra su pecho.
Tomó el teléfono de la mesa de noche, para no despertar al niño, y la pantalla se iluminó en la oscuridad, había un mensaje nuevo recibido hacía unos minutos. Era de Sara.
Sara: ¿Cómo estás, Ray? ¿Y ahora qué va a pasar? Ray permaneció varios segundos pensando la respuesta. Miró al pequeño que dormía plácidamente sintiendo el latido de su corazón y después comenzó a escribir con una mano.
Ray: La verdad... todavía no lo sé, Sara. Hizo una breve pausa, ordenando sus emociones. Todo pasó tan rápido que siento que sigo viviendo un sueño pesado. Ethan ya está dormido a mi lado, y se nota que tiene mucho miedo porque no deja que me aleje de él.
Tres puntos flotantes aparecieron de inmediato en la pantalla.
Sara: Debe sentirse confundido, el pobre, recuerda que hoy perdió todo lo que conocía.
Ray leyó aquellas palabras y volvió a mirar al niño.
Sara tenía toda la razón del mundo: Ethan también era la víctima inocente de la frialdad de su madre.
Escribió de nuevo: Ray: El lunes a primera hora haremos el trámite para la prueba de ADN.
Hasta entonces no sabremos con certeza si realmente es mi hijo.
La respuesta de Sara llegó casi enseguida: Sara: Sea cual sea el resultado final, Ray... Hoy hiciste lo correcto como el gran hombre que eres.
Ray sintió que aquellas sinceras palabras aliviaban la pesada carga que llevaba sobre los hombros. Sonrió con cansancio. Ray: Gracias por seguir aquí conmigo después de todo esto, Sara.
Sara tardó apenas unos cuantos segundos en responder:
Sara: Quiero que sepas que lo que te lo prometí en el salón, es verdad, No pienso irme a ningún lado, te apoyare en todo lo que pueda…
Ray dejó suavemente el teléfono sobre la mesa de noche y apagó la luz de la lámpara.
Mientras Ethan seguía dormido con sus manitas en su camisa, comprendió que su vida había cambiado en cuestión de horas.
Sin embargo, también descubrió algo valioso en medio de la incertidumbre: no estaba solo.
Su familia era incondicional y Sara permanecían a su lado, dispuestos a afrontar con él cualquier prueba que trajeran los días siguientes.