Un vaquero Timido Capítulo 68 Encuentro inesperado
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Capítulo 68 Encuentro inesperado

El salón de eventos seguía lleno de música en vivo, y la banda continuaba tocando sus melodías con entusiasmo, aunque para la familia Petersen y sus allegados el baile había terminado por completo.

Vicky se acercó despacio hasta donde estaba Ethan, el pequeño permanecía inmóvil, sujetando con fuerza su caballo de peluche desgastado contra el pecho. Ella le dedicó una sonrisa llena de una ternura infinita y maternal. —¿Puedo cargarte, corazón?

Ethan levantó la vista, desorientado, la observó con detenimiento durante un par de segundos. Después, sin dudarlo, extendió sus pequeños bracitos hacia ella.

Vicky lo tomó entre sus brazos con enorme delicadeza, acunándolo contra su pecho, y el niño apoyó inmediatamente la cabecita sobre su hombro, rendido de agotamiento por todo el dolor y la confusión que acababa de vivir.

Ray seguía inmóvil unos pasos más atrás, su cabeza era un torbellino de pensamientos encontrados, culpa y desconcierto, solo entonces giró lentamente hacia donde estaba Sara quien permanecía exactamente en el mismo lugar donde la había dejado, esperándolo con serenidad.

Caminó con paso pesado hasta ella, y sus ojos reflejaban una mezcla amarga de culpa, confusión y profunda tristeza. —Sara...

Ella levantó la vista, sosteniéndole la mirada con suma calidez. —Perdóname. Por favor, perdóname por traerte a esto...

Sara negó suavemente con la cabeza. —No tienes nada de qué pedirme perdón, Ray.

Él insistió con emoción: —Sí. Porque nunca me imaginé que algo así pudiera pasar hoy. —Bajó la mirada al suelo—. No lo sabía, ella jamás me dijo ni me insinuó que estaba embarazada cuando se fue. —Su voz se quebró ligeramente—. Y ahora...

Guardó silencio unos segundos, tratando de asimilar la magnitud de lo ocurrido.

—Ahora ni siquiera sé qué pensar... ni siquiera estoy seguro de si Ethan es realmente mi hijo.

—Miró hacia donde su madre seguía acunando con paciencia al pequeño—.

Pero si existe la menor posibilidad de que lleve mi sangre...

—Su expresión se volvió dura y determinada—.

No puedo dejarlo a su suerte, simplemente no puedo abandonarlo.

Sara sintió un nudo oprimiéndole el pecho al escuchar la nobleza de sus palabras.

Ray volvió a mirarla a los ojos. —Sé que no puedo pedirte que entiendas o aceptes todo este caos.

—Esbozó una sonrisa triste—. De verdad creí que estaba naciendo algo bonito entre nosotros dos.

—Sus miradas volvieron a cruzarse —. Y sinceramente...

espero que todavía pueda continuar. —Respiró hondo—.

Pero ahora mi vida ha cambiado por completo en un segundo.

Y entiendo si tú decides dar un paso atrás y alejarte de todo esto.

Sara permaneció unos segundos en silencio, mirándolo con comprensión después dio un pequeño paso al frente, acortando la distancia entre los dos, y tomó con delicadeza una de sus manos entre las suyas.

—Ray... —esperó con paciencia a que él levantara la vista para mirarla directamente—. Lo primero que tienes que hacer ahora es resolver todo esto como el hombre noble que eres.

Él la observó con sorpresa. Sara le regaló una sonrisa dulce y comprensiva. —Averigua la verdad. Haz todo lo que tengas que hacer por ese niño. —Su voz transmitía una calma y una madurez —. Yo no pienso irme a ningún lado.

Los ojos de Ray se humedecieron al escucharla. —¿De verdad, Sara?

Ella asintió con firmeza. —Sí. —Apretó suavemente su mano entre las suyas—. No voy a juzgarte ni a darte la espalda por algo que tú ni siquiera sabías que existía.

Ray sintió un enorme alivio en el pecho, por un instante estuvo a punto de romper la distancia para abrazarla con fuerza, pero simplemente acarició con cuidado los dedos de ella. —Gracias, Sara. De verdad gracias.

Ella le sonrió con serenidad. —Ve con tu familia. Ellos también te necesitan ahora mismo.