Capítulo 67 Sorpresa Inesperada
De repente tocaron el hombro de Ray, quien al girarse se encontró cara a cara con su exnovia Kenia, él se quedó completamente inmóvil, con el pulso paralizado, miró el rostro altivo e indiferente de Kenia, y su mirada se dirigió al pequeño niño a su lado, quien sujetaba con fuerza la mano de una mujer uniformada, probablemente su niñera.
—Hola Ray, veo que estas muy bien acompañado, pero te vengo a regresar algo que es tuyo—respondió Kenia con una tranquilidad tan helada que congeló la sangre de todos los presentes—. Estaba embarazada de ti cuando me fui…
Kenia continuó con soltura, como si estuviera comentando el pronóstico del clima: —Cuando terminamos, después de un par de meses, descubrí que esperaba un bebé tuyo. Decidí no buscarte en ese momento porque no quería complicarme la vida ni amarrarme a un rancho mugroso de por vida.
Sara llevó instintivamente una mano hasta su pecho, sintiendo que le faltaba el aire al escuchar aquello, John, que acababa de abrirse paso entre la multitud hasta quedar al lado de su hermano, apretó los puños.
—¿Qué demonios estás diciendo, Kenia? —preguntó John con absoluta incredulidad y rabia contenida.
Kenia apenas le dedicó una mirada rápida y despectiva.
—Estoy diciendo la verdad, John. —Se acomodó la correa del bolso de marca sobre el hombro—.
Pero ahora todo ha cambiado porque, Voy a casarme dentro de muy poco, con un hombre importante, y me he dado cuenta de que ya no puedo, ni quiero seguir cuidando de tu hijo, Ray, voy a empezar de nuevo, y no quiero esa carga.
Aquellas palabras hicieron que la expresión atónita de Ray cambiara por completo a un gesto de dolor e indignación. —¿Mi.… hijo, tengo un hijo, por que no me lo dijiste?
Kenia asintió lentamente. —Lo intenté, de verdad lo intenté estos años, pero la maternidad no es lo mio —Su tono de voz seguía siendo completamente frío y desligado—. Ademas Joe no quiere quedarse con él ni criarlo, me dio a elegir, y no voy a perder esa oportunidad de ser feliz.
Guardó unos segundos de silencio antes de añadir, sin la menor sombra de remordimiento en la mirada: —Es él... o Ethan.
El pequeño levantó la vista de inmediato al escuchar su propio nombre, no entendía la dimensión ni el peso de la conversación de los adultos; solo abrazaba con fuerza contra su pechito un pequeño caballo de peluche desgastado que llevaba entre los brazos.
Kenia dio un paso firme hacia él, lo tomó suavemente de la mano y lo condujo un par de metros hasta dejarlo frente a Ray.
El niño observó al vaquero desconocido con una mezcla de curiosidad e inocencia.
Quien seguía paralizado en su sitio, Kenia tomó la pequeña y tibia mano de Ethan y la colocó sobre la mano de su padre.
—Ahí lo tienes. —Su voz sonó casi indiferente—. Tu hijo.
Nadie alrededor en el salón parecía capaz de reaccionar, la niñera se acercó en silencio y acomodó junto a ellos una pequeña maleta infantil de carritos, una mochila escolar y una bolsa de tela cargada con juguetes, las dejó en el suelo.
—Traje absolutamente todo lo necesario —añadió Kenia, acomodándose el abrigo—. Su ropa, sus medicinas, sus documentos personales. Kenia suspiró con fastidio.
—Mi padre me dijo claramente que no arruinara mi futuro por ese bastardo, pero por algún motivo que todavía no entiendo no pude deshacerme de él en su momento, pero he decidido que no voy a seguir sacrificándome por el hijo de un don nadie.
Las crueles palabras resonaron como una bofetada, John dio un paso violento al frente. —¿Cómo te atreves...?
Luke lo sujetó rápidamente del brazo con fuerza antes de que avanzara más hacia ella, el rostro de Mónica estaba completamente desencajado por el horror de la escena, Emily y Abby observaban el momento desde un costado sin poder creer la crueldad con la que hablaban de una criatura.
Sara sintió un profundo e hiriente nudo en la garganta al mirar al pequeño Ethan, ajeno al rechazo de su propia madre.
Kenia se agachó un segundo frente al niño, le acomodó el cuello de la camisa con un gesto distante y mecánico. —Que tengas una linda vida, pequeño, espero no volver a verte, que seas feliz
No hubo un abrazo de despedida, ni una sola caricia amorosa, o un beso en la mejilla. Solo esas palabras vacías. Luego se puso de pie con elegancia, acomodándose el vestido.
Miró a Ray a los ojos. —Joe está esperándome en el auto, porque en unas cuantas horas viajamos directo a París. —Sonrió apenas de lado—. Te diría que voy a extrañarlo... —Hizo una pausa corta—. Pero no sería verdad.
John dio un paso adelante, incapaz de contener la furia: —¡Eres una miserable de lo peor! Ni los animales desprecian a sus propios hijos, como acabas de hacerlo…
Frank, Vicky, Tim y Jandy acababan de ingresar al salón en ese preciso momento, alertados por la tensión y el revuelo de la gente. —¿Qué está pasando aquí? —preguntó Frank con voz potente.
Kenia giró la cabeza hacia ellos, recorriéndolos con la mirada, sonrió con puro desprecio.
—Miren nada más... Aquí está tu odiosa familia de campo completa. —Su mirada desafiante recorrió a todos los Petersen—. Adiós, familia corriente, y sin clase espero no volver a verlos nunca más en mi vida.
El silencio que dejó su voz fue absoluto y punzante, Kenia dejó un sobre amarillo color manila sobre una mesa cercana.
—Ahí están todos los papeles legales, y la custodia está firmada ante notario.
—Miró una última vez a Ray, encogiéndose ligeramente de hombros—: Si no lo quieres... dalo en adopción, yo no pienso volver…
Se dio media vuelta sobre sus tacones y comenzó a caminar hacia la salida del salón con paso firme, no volvió a mirar atrás ni una sola vez, la puerta principal se cerró lentamente a sus espaldas, y ella simplemente desapareció en la noche.
Durante varios segundos eternos nadie dijo absolutamente nada.
El pequeño Ethan observó la puerta de madera por donde acababa de salir su madre, esperó inmóvil unos segundos, como si creyera con inocencia que ella regresaría en cualquier momento.
Después levantó la cabeza y miró nuevamente a Ray.
Con una vocecita dulce y apenas audible, preguntó: —¿Mami ya se fue?
Aquellas cuatro palabras inocentes terminaron de romperle el corazón a todos los presentes en el lugar. Ray sintió que un dolor desconocido y punzante le atravesaba el pecho, se arrodilló lentamente sobre el piso frente al niño, todavía cayendo en la cuenta de lo que sucedía.
Con sus manos de trabajo temblorosas, le acomodó con cuidado el sombrerito vaquero que se le había ladeado durante el trayecto, el pequeño lo observó con timidez, aferrándose a su caballo de peluche. —¿Se va a tardar mucho? —preguntó el niño mirando otra vez hacia la puerta cerrada.
Ray tragó saliva con mucha dificultad, no sabía qué responderle a esa criatura. Antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, Vicky se acercó a toda prisa con los ojos llenos de lágrimas. Se arrodilló sobre el suelo junto a su hijo y acarició suavemente la cabecita del pequeño.
—Hola, mi amor..., corazón. —Le sonrió con una ternura infinita y maternal—. ¿Tú eres Ethan?
El niño asintió despacio, apretando su muñeco. Vicky lo envolvió de inmediato en un abrazo delicado y cálido, pegándolo a su pecho, sin hacer preguntas, sin juzgar el pasado.
Frank se acercó a la mesa, recogió el sobre con los documentos legales y lo sostuvo con gesto serio y maduro, miró fijamente a su hijo Ray y luego al niño refugiado en los brazos de Vicky.
Habló con la firmeza y la autoridad que siempre lo caracterizaban: —Los papeles ya los revisaremos con calma después.
Se acercó lentamente hasta Ethan y le revolvió suavemente el cabello con la mano. —Lo único que importa ahora... —Una leve sonrisa apareció en el rostro del patriarca—... es que ningún niño que lleve la sangre de esta familia volverá a sentirse abandonado jamás.
Las palabras de Frank hicieron que varios de los presentes en el salón contuvieran las lágrimas. Sara observó la escena desde unos pasos atrás, con el corazón encogido y miró a Ray, quien seguía de rodillas sobre el piso, contemplando al pequeño que acababa de llegar a su vida.
En medio del bullicio apagado del baile, una certeza comenzó a abrirse paso entre todo el desconcierto del momento: la vida de Ray, la de Sara y la de todos los Petersen acababa de cambiar para siempre.