Un vaquero Timido Capítulo 63 Corazón Alocado
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Capítulo 63 Corazón Alocado

La mañana del jueves amaneció especialmente fresca, con una brisa limpia que mecía las ramas de los viejos robles.

Sara salió de la antigua casa Morgan con el bolso al hombro, tarareando una suave canción country mientras caminaba a paso ligero hacia la escuela.

Hacía mucho tiempo que no comenzaba un día de tan buen humor. Las conversaciones nocturnas con Ray se habían convertido, casi sin darse cuenta, en una hermosa y reconfortante rutina que ilumina sus mañanas.

Mientras caminaba por la acera de madera, su teléfono vibró en el bolsillo de la chaqueta. Sonrió automáticamente, sintiendo un vuelco dulce en el pecho.

—Seguro es Ray... pensó, sacó el celular del bolsillo con entusiasmo. Pero la sonrisa desapareció de su rostro al instante, reemplazada por una mueca de desconcierto. Era Jordan.

El estómago se le contrajo en un nudo helado, hacía días que no sabía nada de él y albergaba la esperanza de que la hubiera olvidado. Abrió el mensaje con las manos frías.

Jordan: ¿Dónde estás? ¿Es cierto lo que dicen de que te mudaste de la ciudad?

Sara respiró hondo, apretando la mandíbula, no quería contestar en absoluto. Pero sabía, por la personalidad posesiva de Jordan, que, si no lo hacía, él seguiría insistiendo hasta sofocarla así que escribió una sola y tajante respuesta:

Sara: Sí. Me mude, ya no quiero saber nada de ti, es mejor que ya no me busques…

Casi de inmediato, antes de que pudiera guardar el aparato, apareció otro mensaje en la pantalla:

Jordan: No puedes irte así nada más te recuerdo que estamos a punto de casarnos, y que Tú eres mía. No voy a permitir que desaparezcas de mi vida, así que en este instante dime exactamente dónde estás para ir por ti…

Sara sintió un escalofrío amargo recorrerle toda la columna vertebral. Los siguientes mensajes llegaron volando, uno detrás de otro:

Ella apretó el teléfono con fuerza, sintiendo rabia e impotencia. Escribió despacio, procurando mantener la calma y la firmeza.

Sara: Eso ya no es asunto tuyo, Sigue con tu vida y con Luiza, y no vuelvas a buscarme jamás.

No esperó a leer alguna réplica, inmediatamente presionó la opción de bloquear contacto. Guardó el teléfono en el bolso y continuó caminando hacia la escuela, intentando convencerse a sí misma de que todo finalmente había terminado.

Pero no terminó. Aquella misma tarde, mientras preparaba el material para sus alumnos, recibió un nuevo mensaje desde un número desconocido con lodos parecidos.

Lo bloqueó al instante. Diez minutos después llegó otro, y luego otro.

Y otro más. Cada vez desde un número telefónico completamente diferente.

Sara frunció el ceño con desesperación. —¿Cómo es posible...?

Recordó de golpe el trabajo de Jordan. Era un talentoso ingeniero informático y siempre solía presumir de saber saltarse cualquier restricción tecnológica o usar servidores virtuales. Un nudo opresivo comenzó a formarse en su estómago.

Durante los siguientes días, la situación empeoró drásticamente. Ella bloqueaba un número y él escribía casi de inmediato desde otro, y a veces solo enviaba una sola palabra.

Otras veces insistía con furia en que debían hablar cara a cara. En ocasiones cambiaba la estrategia y fingía un profundo arrepentimiento: "Perdóname, cometí un error. Podemos empezar de nuevo, yo te amo."

Sara no respondió a ninguno, los bloqueaba uno tras otro, tajante. Intentaba concentrarse al máximo en sus alumnos de la primaria, en la convivencia con sus primas y en los mensajes reconfortantes de Ray.

Pero cada vez que el teléfono vibraba sobre cualquier superficie, el corazón le daba un salto y se ponía completamente tensa.

La noche del viernes, mientras Emily y Abby veían una película en la sala de la casa, Sara decidió revisar el teléfono una última vez antes de irse a dormir. Había un mensaje nuevo, otro número desconocido.

Pensó en eliminarlo directamente sin abrirlo, como venía haciendo. Pero algo amargo e instintivo la hizo detenerse. Lo abrió, y sintió que el mundo se detenía a su alrededor. Eres una zorra, ya me enteré de que estas saliendo con otro tipo...

Su respiración comenzó a acelerarse, sintiendo que le faltaba el aire. El siguiente mensaje apareció en la pantalla apenas unos segundos después: No importa dónde te escondas.

El último, que terminó por helarle la sangre por completo: Más te vale no esconderte, porque iré por ti.

Las manos comenzaron a temblarle descontroladamente. El teléfono casi resbaló de sus dedos congelados.

—¿Sara? ¿Qué pasó? ¿Te sientes mal?

La voz preocupada de Abby la hizo levantar la vista de golpe, su prima se había acercado a la entrada de la habitación al verla quedarse inmóvil y completamente pálida.

Ella intentó articular una respuesta, pero las palabras simplemente no salían de su garganta nudosa.

Emily apagó el televisor de la sala y caminó rápidamente hasta ellas, notando el ambiente enrarecido. —¿Sara? ¿Qué tienes?

Abby se acercó con cuidado y le tomó suavemente el teléfono de las manos temblorosas.

Leyó los mensajes en la pantalla. Su expresión serena cambió por completo a una de absoluta indignación y alarma.

—¿Qué demonios es esto...? ¿Jordan envió esto?

En ese momento Emily se inclinó y también leyó la conversación.

Su rostro perdió todo el color en un segundo.

Sara asintió lentamente con la cabeza, con los ojos llenos de lágrimas retenidas por la impotencia. —Lo bloqueé... —Su voz apenas fue un susurro roto—. Pero sigue escribiéndome sin parar desde otros números, no entiende que lo nuestro se ha terminado y se ha transformado en alguien que no conozco.

Emily la envolvió inmediatamente en un abrazo apretado y protector. —Ya pasó, tranquilízate, no sabe dónde estamos, aquí no puede hacer nada, seguramente esta enojado porque te fuiste, pero se le pasará con el tiempo…

Sara negó con la cabeza, rompiendo en un llanto contenido. —No... No ha pasado todavía—Les mostró la lista de mensajes anteriores—. Lleva días enteros haciéndolo, y él es un hacker informático por naturaleza, seguramente ya me tiene ubicada….

Abigail respiró profundamente, cerrando los puños para contener el enojo desbordado.

—Bueno analicemos esto fríamente, porque esto ya no son simples mensajes de un ex despechado.

—Miró con total firmeza y determinación a sus dos primas—.

Es una amenaza directa, creo que lo mejor es que pongas una denuncia para prevenir…

Sara bajó la mirada, sintiendo que las fuerzas se le agotaban. Por primera vez desde que había llegado huyendo a aquel pequeño y pacífico pueblo de Texas, volvió a experimentar el mismo miedo paralizante que creyó haber dejado atrás para siempre.

Emily la sostuvo con firmeza por las manos, obligándola a conectar miradas. —Escúchame muy bien, Sara Mirame. —Esperó a que Sara levantara la vista—. No estás sola en esto. ¿Entendiste? Nosotras te vamos a apoyar y cuidar, no vamos a permitir que te haga nada malo.

Abby asintió enseguida con una postura categórica. —Yo te entiendo perfectamente y esta vez no vas a enfrentar a semejante cobarde tú sola, lucharemos con todo el peso de la ley para evitar cualquier problema…

Sara respiró con dificultad, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. —No quiero preocupar a nadie más... No quiero traerles problemas a ustedes ni a Ray...

Emily negó con decisión en el rostro. —Nos vas a preocupar infinitamente más si te callas y te guardas este veneno, y yo pienso que si deberías de decírselo a él también para que este prevenido por si ese lunático se aparece por aquí…

Abby tomó el teléfono de la mesa y lo sostuvo con fuerza, guardándolo. —Por lo pronto, hoy mismo vamos a hacer capturas y guardar todos estos mensajes como evidencia, y vamos a poner una denuncia para que alguien pueda defendernos.

Aquella noche, apenas pudo cerrar los ojos, porque cada crujido de la madera, cada soplo del viento y cada sonido distante que llegaba desde la calle desierta la hacía mirar con pavor hacia la ventana.

Por primera vez desde que había encontrado un nuevo comienzo en aquel tranquilo pueblo, el pasado parecía haber descubierto el camino exacto para alcanzarla.