Un vaquero Timido Capítulo 62 Vida en digital
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Capítulo 62 Vida en digital

A través de esas pantallas, descubrieron que ambos disfrutaban exactamente de las mismas cosas sencillas de la vida: los dos preferían la tranquilidad de una buena plática antes que el ruido de las grandes fiestas, los dos amaban perderse en la lectura de un buen libro, los dos podían pasar horas contemplando un atardecer sin la urgencia de decir una sola palabra, y los dos soñaban en secreto con formar, algún día, un hogar cálido y lleno de paz.

Una noche de esas, cuando Ray acababa de terminar de ducharse después de una jornada especialmente agotadora en los establos, el teléfono volvió a vibrar sobre la mesa de noche.

Sonrió de par en par antes incluso de mirar la pantalla. Sabía perfectamente quién era Sara.

En lugar de un mensaje de texto tradicional, encontró una fotografía recargada.

Sara aparecía en la imagen luciendo una cómoda pijama de franela de cuadros, el cabello pelirrojo todavía un poco húmedo tras el baño y una humeante taza de chocolate caliente entre las manos.

No había una gota de maquillaje en su rostro; solo una sonrisa cansada, sincera y bella.

Ray sintió que el corazón le daba un vuelco en el pecho al contemplarla. Era una imagen provocativa, que le daba un vuelco a su estómago y a otras partes de su cuerpo con solo imaginarla, porque transmitía una intimidad y una confianza profunda que lo conmovía hasta el alma.

Escribió enseguida con los dedos ágiles.

Ray: Creo que acabas de demostrar que eres incluso más bonita cuando sonríes sin darte cuenta.

La respuesta en la pantalla llegó casi al instante Sara: ¿Eso fue un cumplido formal, señor Petersen? No era lo que pretendía quería que te alborotara la hormona un poco jajaja

Sonrió de lado, ajustándose la camiseta limpia.

Ray: Entonces deberías enviar algo más de piel, jajaja, pero lo de Bonita Fue la verdad.

Unos cuantos segundos después apareció otro mensaje.

Sara: ¿Creo que no me vería muy bien caminando en neglille con mis primas al lado no crees? ¿Y tú qué haces a estas horas?

Ray miró a su alrededor en la habitación. La ventana de madera estaba abierta de par en par y afuera se escuchaba el canto nocturno de los grillos y el viento entre las ramas del campo.

Ray: Descansando por fin, hoy el trabajo en el rancho casi acaba conmigo. Nuestro perro pastor alemán me hizo correr bastante, pero lo alcance…—dijo él — y se calmó creo que tengo buenas manos para calmar a las fieras... y un excelente sentido del tacto por si algún día quieres probarlo…

Sara arqueó una ceja —¿Ah, ¿sí? ¿Es una consulta profesional? —susurró ella, dando un sorbo

—Claro considera que es una atención a domicilio —murmuró Ray —. Además, me parece que la profesora necesita aprender un poco de disciplina esta noche.

—Cuidado, Ray. A las maestras nos gusta tener el control, quizá el que salga castigado seas tu

—Acepto el reto. Mañana por la noche, la clase la doy yo. Me encantaría que fuera hoy... pero es tarde y nos levantamos demasiado temprano…

La respuesta tardó apenas unos segundos.

Sara: Yo también estoy algo desvelada hoy, me parece excelente mañana, pero hoy, no tenía nada de sueño y pensé que quizá tú seguirías despierto a esta hora.

Ray: Me alegra muchísimo que hayas escrito. Ya se está haciendo una bonita costumbre terminar mi día hablando contigo, me encantaría estar a tu lado en persona, en lugar que, por el teléfono, pero no puedo pedir más, por ahora…

Hubo unos instantes de silencio en el chat. Después apareció la pequeña notificación de que Sara estaba escribiendo al otro lado.

Sara: A mí también me gusta mucho saber de ti todas las noches, me alegra el día ya extraño nuestras pláticas en persona.

Ray sintió una calidez difícil de describir expandiéndose por todo su pecho.

Tomó el teléfono y, después de pasarse la mano por el cabello corto para peinarse un poco, se tomó una fotografía sonriendo a la cámara de forma natural, se encontraba con el torso desnudo, algunas gotas de agua de la reciente ducha le perlaban el pecho, la miró y la envió de inmediato.

No buscaba impresionar ni posar; solo quería que ella lo viera tal como era en la intimidad de su hogar.

Sara empezó a sudar cuando lo vio así, tan natural casi desnudo, frente a la cámara, pensó para sí misma: Dios Mio…. Este hombre está buenísimo, y ni siquiera se da cuenta de que está tan bueno…envió un mensaje; un minuto después, recibió la esperada respuesta.

Sara: Te vez mejor que yo, eres muy guapo, me encantaría verte caminar así todos los días, y esa sonrisa te queda muy bien.

Ray bajó la vista hacia la pantalla, totalmente incapaz de contener otra amplia sonrisa. Escribió despacio, saboreando cada palabra.

Ray: Pues tú puedes verme todo lo que quieras, cuando quieras, y donde quieras, me veo bien porque hoy me siento feliz, y tú tienes bastante culpa de eso, maestra.