Un vaquero Timido Capítulo 61 Torbellino de Trabajo
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Capítulo 61 Torbellino de Trabajo

La semana siguiente pasó como un auténtico torbellino de trabajo y emociones, en el Rancho Peterson, el accidente de Tim había cambiado por completo la rutina diaria y la dinámica del rancho Bulls Cowboys.

Afortunadamente, tres días después del susto en la clínica, el hombre recibió el alta médica bajo estrictas indicaciones de reposo.

Llegó a la casa grande sentado en el asiento del copiloto de la camioneta, acompañado por Jandy y por Frank, quien no dejó de darle órdenes e instrucciones durante todo el camino de regreso.

—Te advierto que no vas a mover un solo dedo en los corrales durante un mes —sentenció Frank con firmeza mientras lo ayudaba a bajar con cuidado del vehículo.

Tim soltó una risa baja, acomodándose la faja sobre el costado lesionado. —Parece que el paciente enfermo soy yo, y tú el doctor, Frank, ya te entendí, son muy molestos entre tu y mi esposa no me dejan solo ni para ir al baño, les repito que todavía no me estoy muriendo, me siento mucho mejor…

—No soy el doctor tú y yo sabemos que ese es tu hijo Christian, y estas empeñado en no seguir sus instrucciones, por algo hiciste todos los sacrificios necesarios para enviarlo a la universidad, lo mínimo que deberías hacer es tomar en cuenta lo que te dice, y si yo te doy lata es porque soy mucho más terco que tú y me voy a encargar de que no hagas estupideces.

Jandy cruzó los brazos sobre el pecho con autoridad absoluta. —No te preocupes Frank, yo me voy a asegurar de que me haga caso a mí.

Tim levantó las manos en el aire en señal de total rendición. —Está bien, está bien. Me porto bien, se los prometo.

A partir de ese día, gran parte de las pesadas responsabilidades y labores diarias del rancho quedaron sobre los hombros de Ray, John y Luke, por ese motivo sus jornadas de trabajo comenzaban horas antes del amanecer y terminaban bien entrada la noche, cuando el sol ya había desaparecido por completo del horizonte.

Ray apenas tenía tiempo para comer a sus horas, y mucho menos para bajar al pueblo a dar una vuelta. Sin embargo, cada noche, sin excepción, había un momento muy especial que esperaba con profunda ilusión mientras se quitaba las botas de trabajo. Su teléfono sonaba con la notificación habitual.

Y siempre era Sara, sus conversaciones nocturnas empezaron siendo breves y sencillas: "¿Cómo estuvo tu día, Ray?

" "¿Ya cenaste algo rico?" "¿Cómo sigue evolucionando tu tío Tim?

" fueron algunas de las primeras preguntas, pero, con el paso de los días, aquellas charlas se hicieron cada vez más largas, fluidas y personales.

Sara le contaba con lujo de detalles las ocurrencias impredecibles de Billy en el salón de clases, las discusiones interminables por cualquier tontería entre Lana y Perla, las tardes de compras en la tienda del pueblo con Emily y Abby, o las elaboradas recetas de cocina que intentaban preparar en la casa Morgan y que, la mayoría de las veces, terminaban siendo un divertido desastre culinario.

Ray se descubría riéndose solo como un muchacho en la penumbra de su habitación mientras leía aquellos mensajes.

Él, por su parte, le enviaba pocas palabras de respuesta, mandar grandes textos nunca había sido su estilo, pero si le enviaba fotografías hermosas de la niebla al amanecer, o de algún becerro recién nacido que acababa de recibir o de los caballos corriendo libres por los campos abiertos.