Un vaquero Timido Capítulo 60 Al otro lado del pueblo.
72%

Capítulo 60 Al otro lado del pueblo.

Sara abrió lentamente la puerta de madera de la antigua casa Morgan. Todavía llevaba una pequeña y radiante sonrisa dibujada en el rostro. Se quitó la chaqueta de mezclilla y caminó a paso sigiloso hacia su habitación.

No alcanzó a cerrar la puerta cuando Emily apareció detrás de ella en el pasillo, apoyándose en el marco. Se cruzó de brazos con expresión inquisitiva.

—Bueno...

Sara fingió inocencia, acomodándose la ropa. —¿Bueno qué, Emily?

Emily le dedicó una sonrisa sumamente picara. —¿Cómo estuvo absolutamente todo? Llevas un rato sin decir cómo te fue y la verdad me muero de curiosidad, llevo semanas saliendo con Cris y tú en una cita has conseguido más que yo, así que merezco que me cuentes algo…

Sara dejó el bolso de tela sobre la cama. Respiró profundamente y la sonrisa inevitable volvió a florecer en sus labios.

—Pues la verdad me fue excelente, es un hombre formal, todo un caballero, le interesa su familia y me trata con mucha delicadeza…

Emily sonrió de inmediato, dando un paso al frente. —Lo sabía. Se te nota a leguas que es todo un caballero, me alegro por ti…

Sara se dejó caer sentada sobre el borde de la cama, mirando hacia el techo con ilusión. —Fue... —Buscó las palabras precisas—. Muy revelador saber que todavía existen hombres así, Emily.

Emily se sentó a su lado, impaciente. —Cuéntame cada detalle, de lo que hicieron por favor.

Sara soltó una pequeña risa enamorada. —En cada lugar que visitamos se portó como un verdadero caballero, cortes, romántico, muy atento, y muy respetuoso... —Sonrió para sí misma—. Además, es tan dulce y tímido que resulta adorable.

Emily comenzó a reírse. —Eso ya lo había notado desde el primer día que lo vi, se sonroja cuando lo miras mucho tiempo, aunque debo confesar que en cuanto te vio, no pudo dejar de mirarte… cualquiera diría que te comía con la mirada...

Sara bajó un poco la mirada y llevó inconscientemente las yemas de sus dedos hacia los labios, recordando el roce.

—Y. Es increíble porque volví a sentir mariposas en el estómago, es la primera vez que alguien despierta esa sensación en mi pecho. Aparte de Jordan.

Emily abrió mucho los ojos, verdaderamente conmovida. —¿En serio, Sara?

Sara asintió lentamente, dejando ir el dolor del pasado. —Pensé que después de lo que pasó jamás volvería a sentir algo así por nadie, y es reconfortarle saber que no es así...

En ese preciso momento, Abigail apareció en el marco de la puerta. —Hey yo también quiero enterarme… ¿Interrumpo la reunión secreta?

Emily le hizo una seña entusiasmada. —¡Ven, pasa rápido! Ya la hice confesar... lo siento te lo perdiste….

Abby entró enseguida y miró fijamente el rostro iluminado de Sara. —¿Entonces? ¿Qué tal la cita?

Sara ya no pudo ocultarlo más. —Resumiré creo... —Sonrió con cierta vergüenza dulce—. Que me gusta muchísimo Ray, estoy entusiasmada de nuevo…

Abby dio un pequeño grito ahogado de emoción pura. Se acercó rápidamente y la envolvió en un abrazo apretado. —¡Por fin, Gracias a dios! Ese hombre llego a tu vida por una razón, siento envidia de que tengas esta oportunidad…prométeme que cuando te cases me dejaras ir de vacaciones al rancho…

Emily también se unió al abrazo, las tres primas comenzaron a reírse juntas, contagiándose la alegría. Después de unos segundos, permanecieron abrazadas en un silencio cálido y reparador.

Abigail fue la primera en romper el silencio, mirando a las dos. —¿Saben una cosa, chicas? Creo que mudarnos a este pequeño pueblo fue la mejor decisión que pudimos haber tomado en la vida.

Emily asintió de corazón. —Yo también lo creo con toda el alma.

Sara observó por la ventana las luces tranquilas y serenas del pueblo bajo la noche texana. Recordó el lago cristalino, la plática honesta, el beso en la camioneta y la calidez incondicional con la que aquella familia la había recibido desde su llegada.

Sonrió con el corazón rebosante de esperanza. —Sí... —Tomó con firmeza la mano de sus dos primas—. Este es definitivamente un buen lugar para empezar de nuevo.

Las tres permanecieron unos instantes en silencio, compartiendo esa hermosa certeza, y sin saberlo, mientras una familia celebraba con un brindis en el rancho y otra encontraba paz en la vieja casa Morgan, algo nuevo comenzaba a florecer entre aquellas dos casas separadas por unas cuantas calles: no era para Sara solo un apasionado romance, era una promesa luminosa de que todos ellas, después de guardar sus viejas heridas, por fin habían encontrado un lugar en el mundo, al que podían llamar hogar.