Capitulo 59 Por fin
Tomó tres vasos de cristal de la alacena, sirvió un chorro generoso en dos de ellos y, cuando estaba llenando el tercero... la puerta de la cocina volvió a abrirse.
Luke apareció en el umbral, vistiendo todavía el pantalón y la camisa que había usado para salir, y al ver la escena festiva, frunció el ceño con curiosidad. —¿Se puede saber qué están festejando a estas horas de la noche?
Mónica levantó orgullosa su vaso de cristal. —Estamos celebrando una gran noticia, que la cita de mi hermano fue todo un éxito y que la pesada de Kenia quedo en el pasado…
Luke observó la botella de güisqui sobre la mesa. —¿Y quién te dio permiso a ti de tomar a estas horas, señorita?
Ella hizo un gesto inocente con las manos. —Es solo un poquito... por mi hermano amado. —Se acercó a Ray y volvió a rodearlo por la cintura—. Y por su nuevo amor.
Luke miró a Ray a los ojos y sonrió de lado con complicidad. —Ah... Bueno, en ese caso la cosa cambia por completo. —Tomó otro vaso de la barra—. Pues sírveme uno a mí también.
John comenzó a reírse de la conveniencia. —¡Mira qué profesional nos salió el novio!
Luke levantó el vaso en alto. —Por Ray, el cuñado favorito, y porque su boda sea un cuento de hadas.
El gruñido de John se escuchó en toda la habitación y Ray negó divertido, frotándose la nuca.
—Oigan, tranquilos... Ni siquiera somos novios oficialmente, solo hemos tenido una cita, de verdad que ustedes hablan como si fuera un viejo solterón…
Luke respondió inmediatamente sin pestañear: —Todavía no lo eres, cuñado. O por lo menos todavía, pero si sigues como hasta ahora…
Los cuatro comenzaron a reírse a la par, John levantó su vaso hacia el centro. —Brindo... porque mi hermano por fin volvió a sonreír como antes.
Mónica levantó el suyo con ternura. —Y porque esa chica tan linda nunca le rompa el corazón, y no resulte ser como la antigua…
Luke añadió con una sonrisa protectora: —Y porque, si algún idiota intenta hacerle daño a cualquiera de los Peterson... aquí estamos nosotros para respaldarlos.
Ray sintió un cálido nudo de emoción en la garganta al contemplar a su familia, miró a los tres. —Gracias, de verdad, por eso los quiero...
John levantó una ceja, rompiendo el dramatismo con su humor habitual: —Tampoco te emociones tanto, Romeo. Mañana a las cinco de la mañana hay que trabajar por cuatro personas en los corrales, acuérdate que mi tío y mi padre no trabajaran…
Todos soltaron una carcajada estrepitosa. —Eso sí —añadió Luke guiñándole un ojo—, por estar enamorado no te va a salvar de limpiar los establos principales.
Ray negó entre risas. —Ya me lo imaginaba.
Los vasos de cristal chocaron suavemente en el aire. —¡Salud!